18. Amarillo Y Azul

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Día 5: Pretemporada

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Día 5: Pretemporada

Un breve toque en la puerta me advirtió antes de que Drew irrumpiera intempestivamente en mi habitación, una enorme sonrisa iluminaba su rostro mientras agarraba el dobladillo del gran jersey de los New Orleans Saints que portaba orgullosamente.

- Mira, Lara. Me lo ha dado el Galgo.

- ¿El Galgo? - eleve mi ceja.

- Michael - enmendó rápidamente con sus ojos muy ciertos - Cierto, es un apodo muy desconciderado y no debo llamar así a Michael.

Le sonreí y asentí.

- Exactamente. A ver, dejame ver- Me acerqué para ponerme frente a él, era bastante alto para su edad pero estaba muy delgado por lo que el amplio cuello del jersey le caía por el hombro, con mis manos en sus hombros lo acomode y di un paso atrás - Perfecto.

Pero él, con su infinita emoción infantil, saltó y el jersey volvió a caer. Me lleno de ternura.

- ¡Me encanta! - se movió para enseñarme el dorso donde el gran número 9 en dorado con borde blanco resaltaba sobre el fondo negro, luego me volvió a mirar con sus grandes ojos verdes, mitad incredulidad y mitad júbilo - ¿Tú le dijiste que era mi favorito?

Me incline un poco para mirarlo directamente, resistiendome a una risa ante su dulce rostro emocionado.

- Pues no, aunque no ha sido muy difícil de adivinar, señor Drew Brees.

Él de hecho se hacía llamar así: Drew Brees y obstinadamente se negaba a responder a cualquier otro nombre. Aunque no era muy descabellado dado que no sabíamos que tuviera otro nombre, de hecho cuando Fiona había preguntado muy sutilmente por ello él había declarado que su madre nunca se había molestado en ponerle un nombre además de "Hey, mocoso" que él había decidido llamarse así, como su ídolo y que creía que era genial. Luego de un instante de doloroso y pesado silencio en el que Michael, Fiona y yo lo miramos con el corazón en un puño Michael había dicho que también le parecía genial y había salido a comprar la camiseta.

Le sonreí con los ojos humedecidos.

- ¿Le has dado las gracias?

Él asintió, solemne.

- Es la mejor cosa que he tenido en toda mi vida. Me gusta muchísimo.

- Me alegro.

Sacándome una lágrima fugitiva me levanté y regrese al borde de la cama donde me había estado cepillando el cabello antes de que él entrara. Siempre me afectaba mucho él, me sacaba de equilibrio y me daban unas enormes ganas de abrazarlo y reconfortarlo hasta que ya no se sintiera tan solo.

Porque esa era la realidad. Él estaba solo, como un pajarito herido que cayó de su nido y que cuando intentó subir de nuevo se dio cuenta de que su hogar había desaparecido y lo había dejado atrás. Me rompía el corazón.

El Quarterback Y YoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora