CAPÍTULO 36

145 30 31
                                        

Asfixia

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Asfixia

No lo asimilo, no lo entiendo, no puedo comprender las palabras de Nicholas. Es como si me hablara en otro idioma diferente al mío. Permanezco arrodillado en el suelo, mientras las lágrimas se deslizan por mis mejillas. Escucho los gritos a mi al rededor, disparos, golpes, pero no entiendo nada de lo que está ocurriendo.

—¡Ya para! —el grito me hace volver a la realidad, y levanto la vista viendo al mejor amigo de Caín, que intenta detenerlo, para que no siga golpeando la pared— ¡Caín ya basta!

De pronto, para abruptamente de golpear la pared. Y no me da tiempo de retroceder, pues se va a donde estoy, tomándome del cuello y levantándome del suelo.

—¡Ésto es tu maldita culpa imbécil! —me grita, y veo sus ojos llenos de lágrimas, y la rabia he impotencia reflejados en ellos— ¡Tú sabías el peligro que ella estaba corriendo, y de idiota la dejaste ir a España sola!

El aire me está faltando, pero ni siquiera tengo fuerzas para detenerlo. Su amigo le grita, intentando hacer que me sueltes, pero tiene mucha más fuerza que cualquiera aquí.

—¡La dejaste sola, tú la dejaste sola, eras la única persona a la que ella hubiera dejado acompañarla! —vuelve a gritarme, y me estrella contra una pared— ¡Pero sólo sirves para andar debajo de su falda y querer meterte entre sus bragas!

Golpea mi cabeza contra la pared al menos tres veces, su respiración es agitada y la sangre que brota de sus nudillos, mancha por completo mi camiseta.

—¡Eres un inútil que no hace una mierda! —vuelve a gritarme.

—¡Alguien que se lo quite! —gritan, y siento que estoy perdiendo la consciencia.

Miro a mi lado, y veo que varios de los escoltas entran, pero nadie se atreve a acercarse y detenerlo, pues supongo que ya saben a lo que se atienen si lo hacen.

De pronto siento un tirón, y de un momento a otro Caín está en el suelo tendido. Caigo al suelo y comienzo a toser, intentando recuperar el oxígeno que me estaba faltando.

Levanto la vista, y veo a Giacomo, Albert y Nicholas rodeándolo en el suelo, los tres con los puños apretados. Caín se levanta, y fija su vista en el ruso.

—Si no está Celeste aquí, tú no tienes nada que hacer en New York —le dice— y a partir de hoy, el Cártel del norte les declara la guerra.

Pasa por en medio de todos, levantando el mentón, y saliendo de la sala, con su mejor amigo siguiéndolo. De pronto el dolor desaparece, convirtiéndose en ira pura. Me levanto del suelo, y me sacudo. Limpio mis lágrimas, y todos los presentes centran su atención en mi.

—Giacomo, no va a haber ninguna guerra —le digo con frialdad— si Candela no está, yo quedo como el jefe del Cártel, y ese maldito ni siquiera sabe lo que está diciendo —sentencio— y si ella no está viva, nada me impedirá matarlo.

ATRAPADA~TMD: 2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora