Tocaron a mi puerta, abrí, era Alyssa. Estaba en pijama, pero que importaba, ella me vio en peores condiciones. Pasó y le dije que se sentara en uno de los sillones de la sala de estar.
— ¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué me dejaste ese mensaje a esa hora? ¿Estás bien? — tomó mis manos
—Sí, Alyssa. Estoy bien
— ¿Segura? —preguntó mirándome fijamente a los ojos
—Sí
—Espera, tus ojos, son...
La interrumpí antes de que terminara su frase
—Diferentes
—Sí, pero...
— ¿Cómo es eso posible?
—Sí— respondió sorprendida
—Sólo es por una razón
—No me digas que...
—Sí— chasqueé mis dedos y aparecí una especie de gas de color en mi mano derecha —tengo mis poderes de regreso— cerré mi puño y el gas desapareció.
—No puede ser— estaba emocionada
—Yo tampoco lo puedo creer
— ¿Cuándo los recuperaste?
—Ayer, después de regresar del centro comercial
— ¿En donde los habías depositado?
—En mi collar
Se levantó y comenzó a caminar de un lado hacia otro.
—Es por eso que el collar siempre aparece en mis visiones
— ¿Qué?
—Cuando tengo una visión sobre ti, siempre apareces con el collar puesto y ahora lo entiendo todo. Este en ti es sinónimo de poder. Como no pude verlo antes — se sentó de golpe en el sillón— ¿Stephano ya lo sabe?
—No. Todavía no es momento para decírselo.
— ¿Dónde está? — volteó para todos lados
—No lo sé. No lo he visto en todo el día.
— ¿No lo has visto?
—Así es. Se desaparece y no lo veo en todo el día.
—Angie— respiró profundo —creo que ahora tendré que llamarte Mary Elizabeth, ya que es oficial; eres tú de nuevo.
Sólo reí.
Escuché que abrieron la puerta, era él, Stephano. Traía unas bolsas con provisiones. Fue al supermercado
— ¡Alyssa! — dijo sorprendido. No esperaba verla aquí.
—Hola Stephano, justo preguntaba por ti.
— ¿De verdad?
—Sí, porque no te vi merodeando por la sala, espiando lo que platicábamos
—Siempre tan cómica— expresó en tono sarcástico
—Será mejor que me vaya. Te veo luego— comentó al levantarse de donde estábamos sentadas y darme un beso en la mejilla. La acompañé hasta la puerta
—Adiós, Stephano — se despidió desde el umbral de la entrada.
—Adiós, Alyssa— no volteó a verla, ya que estaba sacando de las bolsas lo que había comprado.
Ella se fue y me acerqué a ayudarle.
— ¿Por qué no me dijiste que irías al súper?
—Fui a tu recamara, estabas profundamente dormida y no te quise despertar.
—Pudiste dejar una nota.
—No creí que despertaras antes de que yo regresara. Después de tu sueño de anoche pensé que te levantarías muy tarde.
—Viste que no.
—Lo siento, ya no volverá a pasar — guardó la ultima lata en la alacena y me besó la frente.
—Está bien— sonreí
—Me gusta que te preocupes por mí— alardeó
—Tienes suerte
Se acercó a mí, me tomó de la cintura
—Es porque tengo a mi ángel conmigo — respondió al darme un tierno beso en los labios.
Le sonreí de nuevo.
—Creo que me iré a bañar — fue lo único que se me ocurrió para arruinar el momento.
Él se dio cuenta, así que también me dijo lo primero que se le vino a la mente y me soltó
— ¿Quieres que te preparé algo de desayunar? — abrió una de las puertas de la alacena, para intentar sacar algo para hacerme de comer.
—No tengo hambre, gracias.
—Me preocupas, últimamente casi no comes— cerró de golpe la puerta de la alacena.
—Casi no me da hambre ¿hay algo de malo en eso?
—Sí, ¿qué pensaría tu abuela de mí si te viera? — rió —creería que no te cuido bien.
—Yo no diría eso— me contagió su risa —creo que haces un gran trabajo— me acerqué a él, nuevamente lo besé y me fui corriendo al baño.
Estaba recostada en mi cama mirando hacia el techo. Era como si esperara las respuestas a mis preguntas por parte de alguna divinidad.
— ¿Mary Elizabeth? — dijo Stephano desde el otro lado de la puerta.
— ¿Sí? — no lo veía ya no que abrió la puerta.
—Saldré unos minutos
—Está bien.
—Estaré de regreso para irnos juntos a la fiesta de Carlo.
—Ok
—Si no puedo llegar, te aviso.
—De acuerdo.
—Te amo— se fue. Imaginé que sonreía cuando lo dijo. Pero por el tono en que sus palabras salieron de su boca supe que no era así.
Comencé a alistarme para la fiesta. Me hice unas ondas en el cabello, para llevarlo suelto. Mi maquillaje era sencillo, dando énfasis a mis ojos, a mi nueva mirada. Era extraño que Stephano no me dijera algún comentario acerca de ellos.
Busqué en el armario algo que pudiera usar, así que elegí un vestido negro entallado con un escote en V, ya que combinaba con la máscara azul metálico que Carlo me dejó. Su fiesta sería de mascaras, me recordó a mi fiesta de cumpleaños número diecisiete, pero con un toque moderno.
Pasaron alrededor de unas dos horas, Stephano no llegó y tampoco me llamó, así que tomé el teléfono y le marqué a su celular, ya que él recientemente se unió al grupo de personas que tenían uno.
Al segundo tono respondió
—Stephano, no sé dónde estás, pero me iré sola.
—Lo siento, no creí tardarme tanto.
—No importa, te veo allá
—Te amo, mi hechicera — colgó
Fue una llamada bastante corta y el hecho de que siempre desapareciera me dejaba muchas incógnitas; dudas que pronto aclararía.
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Oscura Noche
FantasyDespués de enterarse que toda su vida es una mentira que ella misma creó, Angie, cuyo nombre es Mary Elizabeth. Tiene una nueva misión: descubrir quien mató a su madre, recordar dónde traspasó sus poderes y regresar a Italia a terminar lo que inició...