Capítulo treinta y uno

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Aparecimos nuevamente en la habitación de Jeremiah. A lo lejos escuché la voz de Dante, peleaba con alguna persona. Tenía la ligera sospecha de quién podría ser.

—Alguien entró a la casa y no es bienvenido coloqué mi mano sobre su boca, para que no hablara, por si se llegaba a escuchar la voz de la otra persona.

— ¿Quién puede ser? — preguntó quitándose mi mano de la boca.

Lo miré fijamente y salí corriendo de su habitación. Baje corriendo las escaleras, escuché claramente como Dante y Stephano peleaban en la sala de estar. Estaba escondida detrás de una puerta, no quería ser vista, pero a la vez quería ir a defender a Stephano.

— ¿A qué has venido, Blake?— preguntó Dante apuntándolo con una espada. Parecía increíble que después de casi un siglo Dante, él todavía tuviera y usara esa espada.

¿Cómo diablos entró Stephano a la casa si había guardias por todas partes?

—Vine por ella— no dudó ni un solo segundo. Tampoco se dejó intimidar por él.

— ¿Qué te hace pensar que te la puedes llevar? — bajó su espada —Además ella ya no quiere nada contigo.

—No te creo, que me lo diga ella misma— exigió

Respiré profundo y salí de mi escondite.

— ¿Qué quieres escuchar de mí? — mi voz sonó tan amarga que ni yo la reconocí.

En mi interior tenía toda una revolución por tenerlo frente a mí. Mi corazón se aceleraba con tan sólo verlo y tenerlo tan cerca, era casi como un milagro. En su rostro presentaba unos cuantos raspones y moretes, pero no era nada grave. Seguramente, eran producto de la noche de la emboscada.

—Dante, déjame a solas con él— le exigí

Guardó la espada y se fue. Dudé que en realidad se fuera, debía de estar escondido escuchando mi plática.

— ¿Qué haces aquí? — me paré frente a él mirándolo a los ojos.

—He venido por ti— sonrió

Bufé

— ¿Qué te hace pensar que regresaré contigo? — arqueé una ceja

—Te secuestraron— tomó mi mejilla sólo por unos segundos— vamos luchemos contra ellos y vámonos— me tomó del brazo y me quiso jalar

—No iré a ningún lado contigo— me solté bruscamente.

Me tomó fuertemente de los brazos

— ¿Qué es lo que han hecho contigo? — me sacudió

—No me han hecho nada— me zafé — será mejor que te vayas, porque no regresaré contigo.

— ¿Qué te pasa, Mary Elizabeth? — gritó exasperado —esta no eres tú— se pasó la mano por el cabello —¿Qué fue lo que dijeron?

—Ellos nada. Simplemente he recordado algunas cosas que fueron de ayuda, para darme cuenta de todo— mentí

—Mientes

—No lo hago— lo miré a los ojos, con la esperanza de que pudiera ver a través de ellos y supiera la verdad.

— ¿No recuerdas el día que nos juramos amor eterno frente al altar?

—Sí y también prometí otras cosas

Tenía la esperanza que recordara mis votos y así se diera cuenta de que todo, lo hacía por él, por los demás, por nosotros.

—Además, Dante me ama— le dije fríamente

—Dante no te ama—gritó

— ¿Y tú si? — me giré, no quería verlo, por lo que continuaría diciendo —los dos sólo fingen hacerlo, ninguno en realidad lo hace.

—Yo lo hago— me tomó de la mano y me giró para que lo viera

—Sólo fingiste que me querías para conseguir el libro. Nunca me amaste en realidad— reprimí unas lágrimas que estaban a punto de emanar de mis ojos.

—Dante sólo te utiliza

—Así como tú lo hiciste— me solté —Entiende Stephano, tú y yo no podemos estar juntos, es por eso que mi padre nos separó el día que se enteró quién eras en realidad.

—No me importa, yo te amo— quería besarlo pero no podía hacerlo

—Stephano no hagas esto más difícil de lo que ya es.

Se quedó callado

—Ya recordé la razón por la cual estaba contigo.

— ¿Cuál es? — su voz sonaba entristecida igual que mi interior en esos momentos

— ¿Para qué quieres saber?

—Necesito saber— insistió

—Era para descubrir quien eras en realidad, para saber cual era tu oscuro secreto. Sé que caíste el día que me besaste y que sólo estabas conmigo para que te ayudara a regresar o a ser un humano. Para tu desgracia esas cosas no las puedo hacer.

—No sabes ni siquiera el verdadero motivo del porque lo he hecho. Sé que te he mentido y te oculté muchas cosas. Una es cierta y nunca te mentí al decirla, te amo.

—Stephano— solté una respiración sostenida

—No me rendiré, sé que no soy humano y que no te merezco, que he cometido muchos errores, pero de una cosa estoy seguro, de mis sentimientos por ti.

—Será mejor que te vayas Stephano.

—Me voy, pero no renunciaré a ti tan fácilmente— en sus ojos noté decepción por no conseguir llevarme y una ligera desesperanza de un futuro, que tal vez, no tuviéramos.

Lo vi irse. En mí, ahogaba un grito que desesperadamente decía: "no te vayas". Lágrimas comenzaron a rodar por mi mejilla, se fue y mi corazón junto con él. Esperaba que pudiera entender la razón del por qué lo hice.

Limpié mis mejillas.

Cuando menos pensé sentí las manos de Dante sobre mis hombros.

—Me sorprendes, bien hecho.

Lo miré con odio. Me fui de la sala, con rumbo a mi recamara. Él me detuvo del brazo cuando subía las escaleras

—Suéltame— le exigí, pero no lo hizo

— ¿Quieres estar conmigo o fue parte de tu teatrito? — se mordió el labio

—Hice lo que todos estaban esperando que hiciera, cuando se atreviera a pisar la casa— me solté— así que aléjate de mí

—Será muy difícil— sonrió. Cada vez que sonreía tenía el efecto contrario al que él esperaba.

—Yo me mantendría alejada —aparecí en mi bolsillo un pequeño cuchillo, lo saqué de mi bolsillo— a no ser que quieras que — coloqué el cuchillo en el cuello— esto rose tu garganta, o mejor aún quieras una estaca en el corazón.

Rió

—Si yo fuera tú, me andaría con cuidado— arqueó una ceja y me tomó nuevamente del brazo.

—Y tú también, más mientras duermes— me solté y subí hasta la recámara. 

Oscura NocheDonde viven las historias. Descúbrelo ahora