Capítulo treinta y cinco.

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Aparecimos en la casa de Lombardo, llegué desesperada diciendo su nombre. El apareció de inmediato, al vernos se asustó. Jeremiah llegó inconsciente.

—Acuéstalo con cuidado en el sillón— señaló hacia su sala de estar

Eso hice. Él comenzó a quitarle los cuchillos, seguido de su camisa, vio que tan profundas eran sus heridas.

— ¿Ves el frasco que está en la vitrina a un lado de la mesa? — me preguntó señalando hacia la mesa

— ¿El verde? — respondí

—Sí, tráemelo y también el frasco del líquido azul que está a un lado de ese, junto con las plantas que tengo del lado derecho del escritorio, las gasas y vendas del botiquín.

—Está bien— soné preocupada por mi hermano, pero también sabía que él estaba en las mejores manos.

Fui a traerle todo lo que me pidió. Lo dejé en la mesita que estaba a un lado del sillón.

—Dime que se pondrá bien— necesitaba un poco de esperanza.

—Con esto espero que sí— mojó las gasas con el líquido azul — ¿cómo paso esto? — limpió las heridas con ello.

—Fue Dante. Papá nos encerró en nuestras habitaciones, escapamos y cuando fuimos con los ángeles caídos, para ver lo que tramaban, Dante y el ejército de seguidores de mi padre nos atacaron.

— ¿Qué pasó con los ángeles? — roció las heridas de mi hermano con el líquido del frasco verde, colocó unas cuantas hojas sobre ellas y las cubrió con las gasas, seguido de eso, vendó su pecho.

—Dante les cortó el cuello, a estas altura deben de tener como prisionero a Sartore— solté una respiración

—No te preocupes— tomó mi mano y la apretó con fuerza

—Él quería salvarme, Lombardo y papá le tendió una trampa— me quedé parada mirando a Jeremiah tendido en el sillón— Estaba dispuesto a ceder a lo que papá le dijera y todo para liberarme a mí.

— ¿Qué esperabas? Eres su hija

—No, yo soy la llave para su liberación. A ambos les conviene que ahora este viva, para después matarme como a ellos les beneficie. La única forma de ser libre y que esto termine de una vez por todas, es si yo decido morir por mi propia cuenta. Si yo muero salvando a alguien o me matan en la pelea todo se anula y ninguno de ellos gana— me solté y me senté en el sillón más cercano.

— ¿Sabes que esto de jugar a Dios es peligroso, verdad?

—No estoy jugando a ser Dios— negué con la cabeza —La única forma de que ellos no ganen es muriendo antes de que me sacrifiquen.

—Tienes que entender que tú no puedes morir— se sentó a un lado de mí —nuestro mundo te necesita.

—Pueden ganar sin mí, pero me mantendré con vida, necesito ver que mi padre no gane esto— expresé con odio.

—Alguien te necesita con vida— sonrió

—Te juro Lombardo que Dante pagará lo que le hizo a Jeremiah— pasé mi mano por el cabello.

—Yo no estaba hablando de Jeremiah, pero él también te necesita, te acaba de recuperar.

— ¿De quién hablabas? — pregunté confusa

—De Stephano— me miró directo a los ojos.

— ¿Cómo sabes...?— pero no me dejó continuar

Oscura NocheDonde viven las historias. Descúbrelo ahora