Capítulo dieciséis

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Al salir de la iglesia nos fuimos tomados de la mano a la casa de Romeo. Lo miré contento, más que aquel día. La luz de la luna de aquella calurosa noche de verano resplandecía en su rostro, lo hacía verse más relajado y un poco más joven de los veinticinco años que aparentaba su cuerpo terrestre, ya que tenía cerca de quinientos años de existencia. Desde que salimos de la iglesia sonreía de manera victoriosa, como un niño pequeño que consigue lo que quiere.

—Ya deja de sonreír así— me reí

— ¿Por qué? — preguntó sin dejar de hacerlo

—Te vez extraño

—No puedo dejar de hacerlo. Me has hecho muy feliz con lo que acabamos de hacer

—Stephano, nos semi casamos— quise restarle importancia a lo que acabábamos de hacer, pero por dentro, estaba igual o peor que él —no es para qué estés así.

Entonces, caí en la cuenta que si alguien se enteraba de lo que acabábamos de hacer, podría tener repercusiones graves en nuestra contra y más para lo que, posiblemente, tuviera que hacer más tarde.

—Creo que será mejor ocultarlo, no queremos que todos se enteren

— ¿Por qué no? — preguntó serio y un poco indignado

Por su reacción supe que para él fue un golpe bajo, pero no podía permitir que eso se supiera. Lo que me preocupaba era que le fueran a hacer algo a él o a alguien más.

—Puedes hacer eso por mí, así como yo hice esto, ¿sí? — sonó como una súplica.

—Está bien, será como tú digas— respondió de mala gana.

—Gracias— le di un beso en la mejilla

Como le prometí en el altar siempre realizaré todo lo que sea necesario para defenderlo, aunque vaya en contra de mi propia voluntad y convicciones.

Apliqué un hechizo de invisibilidad a nuestros anillos, así nadie podría verlos, sólo nosotros. Juntamos nuestras manos y pronuncié — invisibilia— el hechizo estaría presente hasta que yo decidiera lo contrario.

Llegamos a la casa de Romeo.

Al parecer no estaba, ya que no lo vi por ningún lado. Fui a la recamara que nos había dado a mí y a Stephano, quería darme un baño, me sentía cansada y lo único que quería era bañarme y dormir.

Tomé mi ropa de dormir y mi toalla. Me metí a bañar. De alguna manera sentir el agua recorrer mi cuerpo, era como dejar correr mis penas y sentirme más ligera, liberarme por unos segundos de toda la responsabilidad que recaía sobre mis hombros.

Al salir no hice ningún ruido, porque escuché que Stephano y Romeo hablaban en voz baja. Estaban hablando en la cocina, yo estaba escondida detrás de la puerta.

— ¿Dónde está Mary Elizabeth? — preguntó Romeo preocupado

—Se está bañando ¿de qué quieres hablar?

—Creo que es tiempo que hables con ella y le digas toda la verdad— le reclamó.

—No es tiempo todavía

— ¿Y cuándo será tiempo? Cuando la guerra este sobre nosotros. Ella tiene que saber la verdad de quién es en realidad— exigió Romeo a Stephano.

—Ella es una hechicera.

—Te recomiendo que seas sincero contigo primero, para serlo con ella, porque merece saber la verdad, es lo que su madre hubiera querido, por algo te dijo eso el día que la asesinaron.

—Ella no está preparada.

—Aunque no lo este, tienes que decírselo.

Respiré profundo, y me armé de valor para enfrentarlos.

— ¿Qué es lo que me tienes que decir Stephano? — pregunté saliendo de mi escondite

—Nada— lo negó

—Los escuché claramente. Habla— le pedí

—Es tiempo Stephano— le dijo Romeo.

—Tú eres nuestro salvador.

—Eso es imposible. No puedo serlo.

— ¿Por qué tu madre te dio ese libro? ¿Por qué me pidió que te protegiera ante todos? — respiró profundo, se acercó a mí y tomó mis manos—eres la única que puedes terminar con esto. Eres la elegida, tú eres una nefilim especial.

—No lo soy, yo soy una hechicera— me solté

—Lo eres, los dos— me tomó nuevamente de las manos—Eres el neflim más poderoso, es por eso que los ángeles caídos te quieren y me negué a que te fueras sola con Jace. Eres la única que podrá poner el orden, porque perteneces a ambas partes.

— ¿Todo esto fue puro teatro? — me solté— Sólo para que no me fuera con ellos, me hiciste creer en la idea que me amabas, cuando todo fue mentira.

—Mary Elizabeth... yo... No

—No digas nada Stephano. — corrí hacia a la recamara

—Mi hechicera espera— él fue detrás de mí

—No te me acerques— azoté la puerta con magia

Necesitaba escapar.

—Abre la puerta.

—Adiós, Stephano— le dije al chasquear los dedos.

Aparecí en una recamara, que no reconocía.

Comencé a ver las cosas que había ahí, al abrir la ventana pude darme cuenta en donde estaba. Era la casa de Julieta, pero que hacia ahí. Por lo menos no estaba en casa de mi padre o en la de Romeo. En ese lugar podría pensar tranquila.

¿Cómo fue posible que Stephano estuviera fingiendo todo el tiempo? Yo que en verdad lo quería. Todo fue un teatro, desde el momento en que se presentó ante mí, todo estaba planeado desde el principio.

Lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas.

Me limpié las lágrimas, pero era imposible no seguir llorando.

—Vaya, aquí estas— dijo una gruesa voz desde la sombras la cual conocía bien.

Era Stephano.

—Vete Stephano. No quiero hablar contigo.

—Es una lástima, porque tenemos que hablar.

— ¿Cómo me encontraste? — pregunté secándome las lágrimas.

—Recuerda que soy tu ángel de la guarda...

—No lo eres— lo interrumpí

Respiró profundo

—Soy bueno para encontrarte— sonrió

—Ya me di cuenta— bufé

—Mary Elizabeth— se hincó ante mí —sé qué crees que no te amo, pero si lo hago— me tomó de las manos.

—Eso dices para que me vaya contigo

— ¿Qué es lo que tengo que hacer para demostrarlo?

— ¿En realidad me amas o fue sólo un teatro?

—Te amo— besó mis manos —si tuviera un alma, la daría por ti.

—Stephano— me solté y lo tomé de la mejilla derecha—Ya no sé ni que pensar, ni siquiera sé quien soy en realidad.

—Eres Mary Elizabeth, una nefilim, una hechicera y el amor de mi vida— sonrió.

Lo miré con ternura, no sabía que contestar, así que lo besé.

Mi madre me dijo una vez que a tus amigos hay que mantenerlos cerca y a tus enemigos aún más. No sabía en qué estado estaba con Stephano, pero lo que si sabía era que tenía que tenerlo cerca, muy cerca. Sólo hasta descubrir que era lo que los ángeles caídos tramaban y lo que papá estaba intentado hacer. Tenía que regresar a Florencia, lo quisiera o no. Así que mi querido semi esposo, tendría que perdonarme por todo lo que haría con respecto a este presentimiento.

Oscura NocheHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora