Capitulo treinta y dos

12 2 0
                                        



Vi a Jeremiah al final de las escaleras, cuando iba subiendo no dejaba de pensar en Stephano y en lo que acababa de pasar

—Siento mucho lo que pasó— me abrazó mi hermano cuando llegué a donde él estaba

— ¿Escuchaste lo que pasó?

—Sí, pero no te preocupes, él entenderá— caminó con rumbo a su habitación, yo lo seguí

—No, él cree que me he unido con mi padre y creo que es mejor así— mi voz sonó triste.

— ¿Por qué?

Me quedé callada y solo lo miré.

— ¿Hay algo que no me hayas dicho, Mary Elizabeth?

—Será mejor que entremos a tu recámara.

Pasamos, cerré la puerta con seguro.

—Habla— exigió, se sentó en su cama.

—Primero cálmate—me senté a un lado de él.

—No— se levantó —porque conociéndote, debe de ser algo grave— comenzó a caminar por la habitación.

Se pasó la mano por el cabello en señal de desesperación. Respiró profundo, y se calmó, aunque no dejó de caminar.

—Es mejor que Stephano crea que estoy del lado de papá para que no me extrañe cuando muera.

Se detuvo frente a mí

—Tú no vas a morir.

Me quedé callada. Él me miró a los ojos y notó lo que no pude decirle.

—No tú no vas a morir— se sentó a un lado de mí —No lo voy a permitir, primero me matan a mí— tomó mis manos.

—El libro dice que para liberar a los ángeles y que gobierne la paz, ellos tienen que sacrificar al elegido— lo miré directo a los ojos y solté una respiración sostenida —y esa soy yo, está en mi destino morir, Jeremiah.

—No—se negó a creer en la noticia

—Alyssa lo vio— reafirmé lo que había dicho. Él mejor que nadie conocía que las visiones de ella siempre se cumplen.

—El futuro es relativo, recuerda que tú puedes hacer que pase o no, está en tus decisiones. Si le dijeras a Stephano, él no permitiría que eso pase.

—Lo único que quiero es que él esté bien— me solté y bajé la cara

— ¿Si eres consciente que si mueres no estará bien? — me tomó del hombro — ¿tu muerte es el precio que tiene que pagar para ser liberado? No lo creo. Para evitar que eso pase, todos los días te entrenaremos entre Lombardo y yo. Serás la hechicera más poderosa, como lo hubiera querido mamá.

—Lo único que quiero es que papá no tenga el poder sobre nuestro mundo, porque si el gana estamos perdidos.

Al día siguiente comencé mi entrenamiento. A partir de entonces todos los días mi hermano y yo escapábamos a casa de Lombardo, donde ellos me entrenaban. No solamente entrenaba yo, sino, también entrenaban más chicos, unos de mi edad, otros se veían de la edad de Jeremiah y había otros más chicos que nosotros. Eran los hijos y nietos de la nueva orden que Lombardo había formado.

Estuve recordando hechizos que había olvidado, así como aprendiendo nuevos y los contra hechizos que era lo más importante. Todos los días terminaba agotada, pero sabía que era necesario y valía la pena hacerlo, porque lo que venía era inevitable.

Después de varias semanas el entrenamiento comenzó a surgir efecto, era más rápida y ágil a esquivar golpes y darlos, cuidar por mí y los demás con hechizos y contra hechizos. Mi hermano y Lombardo habían hecho un buen trabajo.

No podía dejar de pensar en Stephano, si me habrá perdonado o seguirá odiándome, cómo estará. Lo único que quería hacer cada que lo recordaba, era huir y decirle que todo era una mentira, sólo para descubrir las intenciones de mi padre. La verdad era que no podía hacerlo, porque no quería que se sintiera culpable si me llegaba a pasar algo.

Estaba recostada en mi cama, cuando comencé a escuchar una voz que no me parecía familiar. Salí de mi habitación cautelosamente, me escondí detrás de un pilar de las escaleras, desde ahí pude observar como mi padre platicaba con un hombre alto, rasgos jóvenes, bronceado, muy bien parecido, cabello negro. Por su complexión sabía que podría ser un ángel caído, él y mi padre se metieron a su despacho, otra incógnita la cual tenía que descubrir: ¿qué hacía un ángel caído en casa?

Bajé las escaleras y me escondí cerca de donde había dos ángeles caídos más, imagino que deben de ser los protectores del que entró con mi padre. Permanecían quietos y observaban a todos a su alrededor. Al paso de los minutos salieron de su despacho.

—Nos vemos mañana— se estrecharon las manos

¿Estarán tratando de llegar a un acuerdo?

En cuanto salieron de la casa, mi padre le marcó a Piero, diciéndole que se presentara en la casa lo más pronto posible, algo debía de estar tramando ¿pero qué era?

Sin ser vista me fui lo más rápido posible a la habitación de Jeremiah. Llegué agitada.

— ¿Qué es lo que te pasa? — preguntó al verme cuando cerraba la puerta.

—Papá acaba de verse con un ángel caído

—Eso es normal, aquí viene muchos— sonó despreocupado

—Tengo el presentimiento de que no es cualquier ángel caído.

— ¿Por qué dices eso? — me miró fijamente

—Traía a dos ángeles caídos más para que lo cuidaran.

Él se quedó en silencio por unos cuantos minutos.

— ¿Cómo reaccionó papá?

—Llamó a Piero después de que se fue.

Comenzó a buscar entre sus cajones algo, sacó una caja, de ella una fotografía.

— ¿Era él? — me preguntó al mostrármela.

—Sí— asentí tomando la fotografía

— ¡Demonios!

Por su expresión supe que no era algo bueno.

— ¿Quién es él? — toqué la fotografía para ver si podía sentir algo al tocarla, pero no sentí ninguna conexión.

—Luciano Sartore

Oscura NocheHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora