13. Nada que pueda perder

162 20 165
                                        

Una vez termino de adjuntar las últimas imágenes al informe asignado para Historia del arte, salvo el proceso completo en la computadora y lo envío a mi correo electrónico al mismo tiempo que al de Lily para guardar el respaldo, reluctante a que v...

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Una vez termino de adjuntar las últimas imágenes al informe asignado para Historia del arte, salvo el proceso completo en la computadora y lo envío a mi correo electrónico al mismo tiempo que al de Lily para guardar el respaldo, reluctante a que vuelva a ocurrirme lo mismo.

De nuevo, tres semanas más tarde, he tenido que trabajar con ella y Samuel. No porque así lo haya querido; pues si hubiese estado en mis manos jamás volvería a hacerlo, sino porque a la profesora se le ocurrió la descollante idea de mantener a los equipos de trabajo inmodificables hasta el final del semestre sin darle mérito a los inconvenientes que a mí, particularmente, me trajo esta desatinada decisión de la que desde el principio supe, me arrepentiría, pero a la que antes de dejar salir no analicé lo suficiente.

No hay un día de la semana en el que no me arrepienta de esto, de haberme abierto a la posibilidad de formar equipos valederos con la esperanza de que en esta oportunidad resultara bien. Hacía tanto tiempo que no trabajaba con alguien más gracias a los malos resultados que anteriores experiencias me han dejado, que en medio de mi agotamiento emocional y mi estulticia, me convencí de que la madurez a mis compañeros había llegado y confié ciegamente. Pero la decepción me golpeó antes de reírse en mi cara.

Aquel primer informe que debíamos entregar en físico para la semana que iniciaba luego del viaje a la playa jamás estuvo sobre el escritorio de la profesora, pero yo no lo supe hasta que las notas fueron entregadas y el reprobado se me explayó ludibrio en el rostro. Lily y yo habíamos terminado nuestra parte del proyecto con mucha anticipación aquel mismo viernes que nos desplazamos a Baker Beach, por lo que la única pieza faltante quedaría en manos de Samuel.

No estaba seguro de querer esperar nada de aquel sujeto con quien apenas había compartido diez palabras en mi vida, pero la capacidad de sugestión que detenta Lily y mis ganas incalculables de estar aquel fin de semana con mi familia y Luna, pudieron más, entonces cedí. Mi compañera me había asegurado que Samuel, con quien tenía buena amistad y mucha experiencia realizando trabajos en pareja y con equipos más grandes, era responsable, dedicado y alguien en quien se podía confiar. No sé si mintió por el hecho de que es su amigo, pero lo cierto es que jamás me sentí tan ridículo y burlado antes hasta aquel día que supe que al creerle había accedido a entregarle mi calificación a sus manos sin recato.

Pese a todo, también me culpo de que así se haya sucedido el infortunio. Aquel día que debíamos hacer la entrega del informe no tendríamos clases presenciales por un asunto de salud con la profesora, quien está embarazada, pero ella había asignado a un suplente que se ocuparía de ir a recibir los trabajos de manos de algunos de nosotros para hacerlos llegar a las suyas. Así confiamos que sería, nada complicado. El plan era que, luego de que Samuel hiciera su parte, se asegurara de unir las piezas y llegara a tiempo a la universidad al horario pautado para hacer entrega en nombre de todo el grupo. Por supuesto, aquello jamás pasó, y mi error fue no haberme asegurado por inconsciente, por la estúpida decisión que me seducía sin miramientos y a la cual cedí, optando por tomar una hora más de sueño que mi cuerpo estaba necesitando para aquella mañana. No sabía lo que esto costaría.

Tametzona ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora