38. Tan lo que quiero

66 10 12
                                        

-¿No puedes dejarme estropear mi vida por una vez a mí sola?

-No seas dramática. -Julieth le resta importancia a mi reclamo, enfatizando en el suyo como si solo este tuviera peso real-. Las amigas estamos para apoyarnos en los éxitos y los desastres, y también para contarnos los planes endemoniados y las decisiones que nos afectan directamente a todas.

Aparto las manos de mi rostro y la miro circunspecta. No me ablando ante su queja ni sus insinuaciones en las que implícitamente se encuentra Lily, demasiado molesta como para ceder a su egoísmo y su insensatez.

-Dejanos un miserable minuto solas, Bellemere, por favor -exijo, sin un ápice de amabilidad. Tenía la oportunidad perfecta para salir de este embrollo, nos habíamos manejado con soltura y compenetrada confianza, hasta que ella llegó estropeándolo todo sin recato. A mi apreciación, no merece ni un poco de la consideración que es incapaz de tener por nosotras-. Sé por qué estás aquí, y nada tiene que ver con Lily.

-¡No es así! -se defiende, inocente-. Claro que vine a pedir explicaciones del porqué metiste a la víbora en nuestro nido de aves. No creí que ibas a tocar este tema en la cocina donde te podría interrumpir cualquiera.

-¡Pero se dio!, y no me importaba eso hasta que llegaste. Estamos hablando amenamente -resalto, lejos ya de la isla y cerca de ella en el inicio de mi caminata. No me detengo por varios segundos, hasta que la miro firme, aferrándome a la posibilidad de que entienda-. Por favor... Bellemere, en serio necesito hacer esto.

-Pero... -replica, y añade a sus palabras una súplica brillando en sus ojos. Una que pese a imbuirse en ternura no surge efecto, porque se percata de que voy en serio, de que no pienso ceder, y admite su derrota entre dientes y con desgana antes de bajar los brazos con pesadez, resignada y decepcionada de sus patéticas habilidades de convicción-. Bien. Me voy a donde sí me quieran.

Da media vuelta, dramatizando una herida en su pecho extendiéndose hasta su timbre de voz, a la que también desmerito. Sé que luego preguntará sobre esto hasta el hostigamiento, hasta lograr saber lo que se desarrolle en esta conversación, pero por el momento necesito tener privacidad, saber que puedo manejarlo por mí sola como debería ser, sin que ella intervenga. Por eso me permito alegrarme y disfrutar del alivio interno que me invade al verla dar dos pasos hacia la salida, hasta que Haniel me arrebata toda la satisfacción porque la detiene.

-No, no... mejor que se quede -solicita, imponiendo su voz segura de hace minutos sobre los quejidos de nuestra amiga. Ya no parece aturdida por la pregunta que le hice o la imprudencia de Belle, más bien se exhibe aliviada, y es la señal que me indica que debo dejarla hacer. Después de todo, si esto se trata de ella también tiene la potestad de decidir con quién quiere compartirlo-. Quédate, Julieth. Necesito que estés aquí también. Las tres somos amigas, ¿no? Ya no quiero que tengamos más secretos, al menos no de mi parte, y eso nos incluye a las tres. Yo... no preciso que me cuenten todo sobre ustedes si no quieren, pero yo sí quiero que estén al tanto de lo que pasa y de lo que significa mi vida. Aunque me gustaría que lo que me incluye, como yo con ustedes, tampoco se lo guarden.

-¿Como qué? -pesquisa Julieth, visiblemente interesada, ya no con la falsa indignación en su talante-. ¿Qué quieres decir?

Haniel sonríe tímida y me mira un segundo con disimulo, brindándome con sus ojos una aclaración que confirman sus palabras.

-Como la presencia de Lily aquí esta noche.

-No entiendo. ¿Qué tienes que ver con Lily? -continúa Julieth, frunciendo el entrecejo en incomprensión. Nos analiza a ambas, persistente, hasta que algo parece hacer conexión en su mente y sus labios se abren con sorpresa para deletrear con una lentitud pasmosa-: ¡No!... Esperen, esperen, espera... -pide, moviéndose de repente, ansiosa, por el espacio vacío en la cocina frente a nosotras. Se detiene, oscila de nuevo entre las dos y luego apunta a Haniel, analizante-. ¿Ella y tú? Tú eres, pero ella no... ¿O sí? Porque si lo fuera no explicaría lo de Lucas... ella... ¡Ahg! Que alguien me explique qué quiere decir eso -exige, resignada cuando sus conclusiones parecen no guiarla a ninguna respuesta.

Tametzona ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora