17. Mucho más que eso

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A lo largo de mi vida he leído demasiados libros de diversos géneros y ramas de la ciencia, los suficientes como para haber aprendido que todo ser humano tiene inteligencia en mayor o menor medida

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A lo largo de mi vida he leído demasiados libros de diversos géneros y ramas de la ciencia, los suficientes como para haber aprendido que todo ser humano tiene inteligencia en mayor o menor medida. Por esto jamás me he cuestionado la existencia de esta en alguien; sin embargo, sí me he preguntado más de una vez la práctica que un sujeto en específico le da, y ese es Alex. No es porque su coeficiente intelectual esté por debajo de la media o en el peor de los casos posea capacidad cognitiva nula, aunque a veces se esfuerza por hacer que así parezca, sino porque no demuestra hacer mucho uso de esta cuando de adaptarse, analizar y hallarle resolución a sus problemas se trata.

Jamás he pensado en el pasado de Alex como determinante que justifique la manera en la que él ha decidido llevar su vida. Mi amigo ha tenido a su alcance todo el tiempo un modo de sanar y mucha ayuda a la que nunca accedió ni accede porque así lo ha querido, a diferencia de Haniel. Por eso, el hecho de que caiga una y otra vez en las mismas relaciones que imitan como elitistas los patrones de la de sus padres he pasado a catalogarlo meramente como una cuestión de masoquismo.

No obstante, últimamente algo parece haber cambiado. En lo que va de este mes me ha interrogado unas cuatro veces acerca de cómo pienso que debería ser una relación de pareja porque él siente que ninguna de las suyas ha funcionado. Y me alegra que se dé cuenta de ello, pero no puedo mentir al afirmar que ante esto no veo un problema. Alex no parece notar que la respuesta a sus repetitivos fracasos la tiene frente a sus ojos, que no hay una definición de amor objetiva y que, peor aún, recurre a la persona menos indicada para ayudarle a encontrar una: yo. Es por esto que tener este tipo de conversaciones entre nosotros ha pasado a convertiste en una imitación de disputas entre políticos, y es porque nuestras opiniones no podrían diferir más.

La mayor parte del tiempo él trae el tema al que como puedo respondo, intentando asediar a mi paciencia para no atacarlo ante sus alegatos que para mí son absurdos aunque para el final no resulta, porque luego de muchas palabras compartidas termino con uno que otro insulto que según Alex merezco por darle tanta profundidad y buscar la semiótica a lo que considero, significa este sentimiento.

Él piensa que cuando se trata de afección todo debería ser sencillo, mecánico al tratarse de afecto, y que la regla base es dejar que fluya con el tiempo. Y quizá sí deba ser así, pero desde niño me enseñaron que el amor es mucho más que eso y adopté también esta postura.

Siempre he pensado que experimentar ese sentimiento es como adentrarse a un libro, como crear y hacerse parte de un nuevo mundo que además es distinto para cada miembro de tu sistema. Porque no se quiere igual dos veces. Al principio solo hay miedo, recelo a lo desconocido, a las expectativas que en realidad no deberían existir, a la incertidumbre de los finales y a lo que resultará de ti gracias a ellos. Pero es en ese sentir donde está la verdadera magia, en el entender que jamás será lo mismo, en el descubrir y convertirte en sensaciones, en el deleite de alejarte del pánico paulatinamente en una secuencia sinuosa y lenta repleta de sucesos inesperados; en las energías desconocidas que se pasean en tu interior a medida que te adentras a ese misterio y en el simple hecho de sentirlo, porque el amor sí es mucho más que eso.

Tametzona ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora