8. Éramos juntos

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—Podemos esperar todo lo que necesites, bonita —le hablo a Gaia, usando un tono de sarcasmo que, evidentemente, ella no entiende.

Había olvidado que el asunto de entrenarla para que hiciera sus necesidades fisiológicas aún seguía en curso y la traje arriesgándome a romper todo lo que llevaba hasta el momento al confundirla, y a esto se le suma el hecho de que el lugar desconocido para ella en el que nos encontramos es uno al que con suerte podrá responder satisfactoriamente para saciarlas.

Aun así quiero que lo intente y para ello espero paciente, pese a que llevamos casi media hora de caminata alrededor del parque en busca de un lugar que le guste y a que mis energías esta mañana son realmente escasas.

Una vez más no tuve una buena noche, no después de soportar el drama entre Lucas y Julieth que tuvo lugar en las pasadas horas por el asunto de su acompañante, que además de ser muy bonita, amable y divertida, me pareció agradable e interesante. No solo se llama como la madre de Harry Potter igual que yo comparto el nombre de otro de los personajes, sino que conoce muchos detalles de la saga que nos hicieron compatibles y que bastaron para otorgarme una buena impresión y hacerme una idea loable a priori de ella.

Mi amiga no lo percibió igual, por supuesto. Belle sigue creyendo que la pelirroja es una víbora capaz de embeber toda la energía de su hermano y como capricho extra alejarlo de ella. Por esta razón no cesó de hacer cada comentario despótico que extenuó a Lucas hasta el punto de que no pudo soportar un minuto más cerca de nosotras en la misma habitación y como consecuencia, huyó junto a su acompañante a dormir a la sala de estar; intercambiando lugar con Alan, Alec y Aidan, hijos trillizos del tío Eduardo.

Todo pudo acabar allí en cuanto los chicos penetraron en la habitación y apagaron las luces dispuestos a dormir, pero Julieth aún seguía molesta y no dudó en hacérmelo saber, recordándome cada palabra y escena de aquel intento de discusión que yo ya había presenciado y repitiéndome su indignación hasta que después de un rato cayó dormida, agotada luego de tanta excitación. Desafortunadamente, pese a que estaba tan cansada como ella, no ocurrió lo mismo conmigo.

Estaba incómoda por varios motivos. Primero, las palabras que explanó en la tarde sobre los presuntos celos de Lucas no desistían de rondar en mi cabeza. No entendía por qué razón él podría estar celoso cuando me aseguré todo el tiempo de hacerle ver que era tan importante y necesario para mí como el primer día, que el hecho de empezar una relación no significaba una ruptura de la nuestra y que lo quería tanto o más que siempre. Porque además, el tipo de amor que profesaba y profeso a ambos es distinto.

Segundo, y siguiendo el mismo orden, se presentaron mis inquietudes sobre el plan que Julieth fraguó en la tarde y del cual no quiso decirme ninguna otra palabra. Mi novio y yo habíamos empezado a formar parte de su propósito sin querer y sin darnos cuenta, y pese a que no me arrepentía ni me arrepiento de haberlo invitado luego de que todos en la familia aseguraron querer conocerlo, mis ansias de respuesta y la sensación de que su designio no acabaría bien no me abandonaban, arrebatándome una vez más el sueño.

Y por último, pero no menos importante, emergió la inquietud por la aparición de la acompañante de Lucas, que todavía hoy, desconozco el vínculo que comparte con él.

Estaba muy confundida, ansiosa y asustada, y aunque me pareció un gusto conocerla, tras esa sensación persistía todavía la molestia por su presencia en su vida, dejándome con un nuevo sentimiento de egoísmo y culpabilidad. Me percibí apabullada y con un enorme peso que se extendía por todo mi cuerpo, entonces las ideas comenzaron a bailar sin descanso y con estrépito furor, forjando un hilo entre mis pensamientos hasta que todas se mezclaron, formando un ovillo eviterno y aturdiéndome con la intensidad de las mismas.

Tametzona ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora