[COMPLETA].
La luna es, para algunos, simplemente un misterioso cuerpo celeste que se percibe suspendido en el cielo, y para otros va más allá de ser solo el brillo que se refleja a través del sol. Puede ser luz u oscuridad; ausencia o silenciosa co...
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—¿Y me extrañaste tanto como yo a ti? —Luna pregunta, y aunque considero contestar, pues podría conjeturarse que la interrogante va dirigida a mí, lo cierto es que no lo hago por una única razón, y es que hace unos cinco minutos se encuentra agachada, añadiendo palabras o haciendo cuestiones que evidentemente no obtienen respuesta porque le habla a su cachorra, ignorando mi presencia como si yo no estuviera aún sujetando su correa a escasos centímetros de ella.
Es verdad que desde que abrí la puerta para abandonar la residencia y me sorprendí con la suavidad ligada al desorden de su apariencia, estuvimos durante un par de minutos viéndonos a los ojos, pero no fue más allá de eso. Luna no me habló, pese a que parecía tener ganas de hacerlo, y yo tampoco hallé algo que pudiera agregar. Es más, apenas la vi, cualquier palabra que pudiera escapar de mis labios en otras circunstancias se esfumó con el estado de su presencia.
Y no se debe a que se perciba estrafalaria enfundada en su pijama y tan despelucada que asustaría a cualquiera, no. La verdad, es que mentiría si dijera que esta no es una de las facetas que me llevaron a enamorarme de ella, porque crecí viéndola como un desastre y me volví fanático de esa actitud sencilla y despreocupada que forja su esencia. La realidad que me paraliza y que roba mis palabras es el hecho de ver sus ojos entristecidos e hinchados marcando los vestigios de un pasado y en apariencia extenso periodo de llanto.
De ahí viene el que no agregue nada. Me mantengo a la espera de que sea ella quien decida demostrarme que no sigue enojada conmigo, quebrando nuestra tensión, para posteriormente hacer todas las preguntas que ocluyen mi garganta sobre ella y su bienestar. Además, para darle tiempo en caso de que lo que la mantenga emocionada sea reciente y amerite de un poco más de espacio. Pienso que luego de aclarado todo esto, ya podremos tener una y más conversaciones encaminadas a cualquier otro tema.
—¿A dónde iban? —me habla finalmente, poniéndose de pie con la cachorra aferrada en sus brazos.
Suelto la correa antes de que me indique para no lastimarla y luego la sigo con la mirada al interior de la casa, hacia donde se dirige.
Luna deposita su juego de llaves sobre la mesa junto a la puerta y regresa su atención a mí, que la observo sin descanso.
—Tenía que buscar algo en casa de Lily y creí que a Gaia le gustaría hacer un pequeño paseo. No quería dejarla sola —confieso, un poco apenado por no haberle informado. Sí tenía ganas de hacerlo, además de que me servía de excusa para hablarle; pero considerando que me pidió respeto a la imposición de una distancia que seguí pese a no estar de acuerdo, no lo intenté porque sabía que no me contestaría—. Pensé que llegarías más tarde e iba a avisarte, pero me dijiste que no querías saber nada de mí y que por lo tanto no te molestara, entonces me abstuve —agrego, en caso de que me sirva como justificante.
Supongo que sí lo hace, porque la vergüenza ligada al arrepentimiento y la confusión hace presencia en sus ojos antes de que baje la cabeza.
—Pues... —vacila, antes de continuar con un tono falsamente firme y la mirada tímida en cualquier lugar donde no corra el riesgo de cruzarse con la mía—. Ya estoy aquí y por lo tanto no se quedará sola. Pu-puedes irte.