Siempre he pensado que alrededor del mundo, en cada sitio remoto, todas las personas tenemos a más de un doble de acción dispuestos para cualquier etapa evolutiva. Son modelos que toman el lugar de la muestra original para atravesar experiencias paralelas que quizá el arquetipo jamás podrá vivenciar; como si estuvieran a cargo de darle todas las posibles vidas que podría llegar a tener en caso de que pudiera reencarnar o ser eterno. O eso me gusta pensar.
En lo que llevo de vida me he topado con personas muy parecidas a mis conocidos, lo suficientemente similares como para provocarme más de un falso reconocimiento derivado en vergüenza pública. Esto no es de gratis, son solo las consecuencias que obtengo cuando al saludarlos entusiasmada para llamar su atención intentando ser amable, recibo ceños fruncidos y malas caras, perfectas para hacerme caer en cuenta de que no eran quienes yo pensaba en un principio, sino sus inocentes dobles que como cualidad carente tienen a la empatía.
Me he equivocado tantas veces antes, que desde hace mucho tiempo opté por no saludar a nadie en la calle y esperar a que si el sujeto me conoce tome la iniciativa. Así evito hacer el ridículo y disminuyo mis ganas de querer quedarme para siempre en casa como consecuencia. Puede parecer tonto, pero el trauma queda instaurado en la memoria como el recuerdo del primer pedaleo independiente en la bicicleta.
Todas esas vivencias, aun siendo bochornosas, me han servido como pruebas para confirmar mi teoría de nuestras copias distribuidas por el mundo, la cual he dejado salir adelante incluso cuando todos alegan que la única conclusión asequible para mis fundamentos es que nada funciona como debería en mi cerebro. Para todos siempre ha sido mucho más sencillo criticarme o burlarse de mí, pero estoy segura de que justo ahora, nadie dispone de un argumento válido para refutar mis alegatos y probarme por qué otra razón hay una niña llorando a varios metros de mí con un físico inconmensurable parecido al que yo tenía a los seis años de edad, ataviada en un vestido blanco con margaritas amarillas, del mismo tono que sus sandalias, y una coleta alta ondulante a cada lado de su cabeza.
Las lágrimas que se empecinan en permanecer en mis ojos anubarrando mi visión desde hace días podrían considerarse las causantes de hacerme padecer un posible espejismo, pero estoy segura de que no es así. Ella se parece a mí, y si esa niña castaña no es mi doble de acción que encima viste como yo lo hacía o no es un ovni roba formas, entonces no sé qué sea.
—¿Vas a tomarte esa bebida hoy o prefieres que la guardemos para pasado mañana?
—Es lo que estoy haciendo —contesto de mala gana, decidida a no ver al sujeto frente a mí y sí a mantener mi atención fija en la niña, a la cual una mujer bastante joven, a quien me aventuro a catalogar como su madre, le dice una que otra palabra a las que ella asiente antes de lanzarse a sus brazos en busca de consuelo.
No me sorprende lo que veo ahora que seguimos en el aeropuerto. Decenas de escenas repletas de lágrimas, mocos y sollozos se reproducen aquí a cada segundo. Es como un hospital, donde la vibra de la parca deambulando risueña se siente en cada recoveco.
—Das una imitación de sorbo cada cinco minutos y ya tienes más de media hora en esto —me recuerda hesitado, consiguiendo solo un encogimiento de hombros de mi parte como respuesta.
—Eres libre de irte —insinúo pusilánime. Ni siquiera me tomo el tiempo de mirarlo, sostengo la mirada en la niña que llora inconsolable—. ¿No tienes algo mejor que hacer? ¿No debes limpiar tu aerógrafo o mezclar alguna pintura..., sacarte los mocos?, qué se yo.
—Sí me gustaría hacer muchas más cosas en lugar de estar aquí sentado lidiando con tu silencio, pero lo único que me interesa lo suficiente ahora es cumplir el compromiso que tengo con mis padrinos, y eso es llevarte a casa —argumenta laxo.
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Tametzona ©
Teen Fiction[COMPLETA]. La luna es, para algunos, simplemente un misterioso cuerpo celeste que se percibe suspendido en el cielo, y para otros va más allá de ser solo el brillo que se refleja a través del sol. Puede ser luz u oscuridad; ausencia o silenciosa co...
