19. Saber perder

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Incluso si lo intento, no puedo explicar la nueva sensación que ha decidido pasearse por mi sistema en este instante impulsada por la escena frente a mis ojos. La felicidad de las primeras horas se mantiene intacta, pero ahora hay algo que decidió sumársele para llevarme a una especie de éxtasis indescriptible, algo tan intenso e indecible como cuando tengo un orgasmo. Y es extraño tomando en cuenta que no estoy viendo desnudos, pornografía y mucho menos me encuentro en medio de un acto sexual. En realidad la situación está completamente lejos de esto.

Todo se debe a que al otro lado de la mesa circular, frente a mí, hay dos sillitas de plástico ocupadas por una parlanchina Casey y un locuaz Lucas, que un día más decide seguirle la corriente a cada añadidura enérgica con o sin sentido que hace la pequeña mientras revisan las piezas del juego de memorias luego de que armamos el rompecabezas. De nuevo, no es algo que no haya visto antes, pero hace muchísimo tiempo no presenciaba una escena similar y me siento inevitablemente despersonalizada al estar siendo víctima, una vez más, de estas intensas sensaciones entre las que priman la calidez y el orgullo por la personalidad moral, tranquila y protectora de Lucas.

Antes jamás lo había notado, al menos no a consciencia porque nunca me preocupé por analizar esto, pero realmente él me resulta fascinante en cualquiera de sus actuaciones. Y justo ahora no me canso de observarlo. Es como si cada vez que estoy cerca de él descubriera algo nuevo de lo que es capaz, y siempre acabo siendo arrastrada por su candidez, por lo bonito que lo compone y lo delicado de su sonrisa que antes, pasara lo que pasara, no desaparecía. Hasta hace días me parecía que era diferente, pero hoy, de nuevo, podría asegurar que ya no tanto.

Este que está frente a mí sigue siendo el Lucas de antes, al que conozco, solo que ahora me resulta mucho más lindo e interesante.

—Es tu turno, Luna. —Escucho como un bisbiseo lejano la voz de Casey, que logra distanciarme de mis elucubraciones.

No volteo tras oír su voz, sino por un trozo de papel hecho bolita que golpea justo entre mi mejilla  derecha y mi nariz.

Alzo la vista luego de verlo caer a la superficie. Observo que la niña se cubre la boca con sus manitas para ocultar su risita traviesa y que Lucas, quien también sonríe burlón, le pronuncia algo al oído, seguramente presumiendo su puntería porque ha sido él el responsable del atentado contra mis pensamientos.

—¿Qué están chismeando sobre mí? —cuestiono, fingiendo estar molesta.

Casey vuelve a reír.

—Es un secreto, ¿verdad, Lucas? —Ella se acerca a su oído con intenciones de susurrarle también, pero para su mala suerte logro comprender por su muy mal disimulado tono susurrante cada palabra—. ¿Tampoco podemos decirle que hicimos trampa? Está en las nubes como dijiste, nunca se da cuenta.

—Eso menos que nada —aclara el infeliz, luego de soltar una carcajada por la ocurrencia e indiscreción de la niña—. No hicimos trampa, princesa, solo nos adelantamos a nuestro inminente y asegurado triunfo.

—In-mi-nen-te... ¿Quién es inminente? —indaga ella, ladeando la cabeza en dirección a Lucas con inocencia y curiosidad después de deletrear, analizante, dicha palabra.

—No seas un diccionario delante de la niña, tramposo —le reclamo retadora. Eso de ser maestro no recuerdo que se le diera tan bien.

Lucas ríe, mirándome un instante en el que guiña un ojo antes de devolver su atención a la pequeña insistente.

—Inminente quiere decir algo que pasará pronto, como nuestra victoria que se acerca.

—Ah —exclama la niña alargando la pronunciación, todavía analizando—. ¿Entonces significa que ganaremos pronto?

Tametzona ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora