26. Condiciones

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Fuimos temprano por las pruebas, pero estuve muy ocupado con los correos y solo mañana puedo pasar por los resultados. —Un bostezo lo interrumpe, y yo sonrío sin poder evitarlo. Incluso eso, siendo lo más mezquino de la existencia, es algo que extraño ver de él—. Mi padrino me sugirió que podía pedirle a uno de sus trabajadores que fuera por ellos, pero preferí no molestar y ocuparme yo mismo.

—Eres muy considerado —puntualizo, rodando los ojos, aunque sonriendo, como si pudiera ver mi falsa forma de reproche. No niego que me enorgullece en demasía su actitud. Después de todo, es por esto y mucho más que estoy con él.

—¿Lo dice quien acaba de ofrecerme su primer sueldo como colaboración? —me recuerda, jocundo también.

Esbozo una sonrisa, avergonzada y divertida a partes iguales pese a su imposibilidad de verme. No le discuto, porque no han transcurrido ni cinco minutos de conversación desde que le hice mi ofrecimiento.

Hace casi una hora terminé mi jornada laboral no solo del día, sino de la semana, y ya obtuve mi primer pago que no dudé en ofrecerle como regalía o, al menos, como préstamo sin fecha de caducidad. Pero él lo rechazó como ya suponía y por eso, luego de salir de la residencia Lawson, tomé su sugerencia y me dirigí hacia la pastelería que frecuenta mi familia para comprar, con mi orgulloso primer sueldo, el postre de la noche. Keanu me recomendó conseguir un regalo para mí, porque la satisfacción de adquirirlo gracias a mi esfuerzo no me la daría nada más, y entendí tras hacerlo que tenía razón, que ninguna otra cosa merecía más importancia que hacerme un regalo a mí misma.

Aun así no gasté mucho. En mis planes sigue ahorrar la mayor cantidad de dinero que pueda para usarlo sabiamente en algo que valga realmente la pena, tal como seguir ofreciéndole a él mi ayuda económica, por pequeña que sea, que espero algún día pueda aceptar. 

—Eso es porque eres mi novio y es válido para mí ayudarte —justifico, intentando sonar inocente—, en cambio a ellos les pagan precisamente por eso, por transportar mensajes. ¿No son los mensajeros? Pero en fin... ¿Esas pruebas son las que me habías comentado? —Cambio el tema, casi al mismo tiempo en el que viro en una de las últimas cuadras en dirección a mi casa. Desde que abandoné la pastelería y hace más de diez minutos que llevo de camino, la conversación con Keanu a través del manos libres me ha acompañado. Durante la tarde me informó que esta noche estaría libre para mí y decidimos adelantar la hora de nuestra cita virtual.

Sí, bebé, los de rutina y hematología completa —confirma mi novio, entrecortado por lo que supongo es la barra nutritiva que continúa comiendo.

—Seguro todo saldrá bien —transmito mi confianza, no solo porque estoy segura de que así será, sino porque necesito que él se lo crea. Últimamente ha estado muy decaído y sobrecargado, y ya no soporto que se encuentre así, lidiando además solo con todo esto—. ¿La has visto mejor?

Muchísimo. Ella ha estado reaccionando bien al tratamiento y su disposición me ayuda bastante... me hace el trabajo más ligero —añade, luego de exhibir un cansado suspiro.

Formo una mueca de labios apretados, empatizando con su lasitud.

—Me encantaría poder ayudarte y estar contigo ahora, aunque sea para fastidiarte unos minutos y verte sonreír por eso —comento repetitiva. No hay día en la semana en el que no le recuerde esto—. Te extraño muchísimo.

Lo sé... —apoya. Puedo imaginarlo sonriendo como tonto—. También muero por verte. Pero ya no falta mucho y pronto seré yo quien vuelva para fastidiarte a ti, no te preocupes. Mejor dime cómo estuvo tu trabajo hoy. ¿También estuviste nerviosa como los días anteriores?

Tametzona ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora