Prepararle una sorpresa a Lucas con el tiempo se ha convertido en un actividad cada vez más difícil. Una de las ventajas que tuvimos en nuestra relación al inicio y de la que además hicimos alarde fue el hecho de conocernos más y mejor que nadie; sin embargo, para eventos como estos es un suplicio.
Sobre todo lograr que el final sea perfecto.
Es una aventura peliaguda trazar planes que no pueda descubrir o que el otro no intuya, como ha ocurrido en casi cada ocasión por parte de ambos desde que estamos juntos. Y es que seguimos, afortunadamente, sin saber cómo mentirnos entre nosotros.
En esta ocasión, por ejemplo, el desastre en la habitación, que resulta de las pinturas que le robo descaradamente desde hace semanas, me dejan en evidencia. En parte es el que no he escatimado al sacarle de a poco algunos de sus materiales lo que le da pistas claras. Él sabe lo que tiene y para nada es tonto. Tonto es pensar que lo es.
Aunque agradezco que no me recrimine. Sé que sabe que soy yo y que intuye qué estoy haciendo. Y sé también que si no lo menciona es porque no quiere arruinar mi presunta sorpresa antes de conocerla.
Lou y yo estamos cumpliendo nuestro segundo aniversario hoy. Y me siento tan orgullosa y plena que el corazón no me cabe en el pecho. Hicimos una promesa dentro de otra hace un tiempo: la de prometernos este día seguir con la vida juntos, ahora como algo mucho más serio, como bases del otro. Y acordamos de forma silente, por extraño que es, festejarlo distinto.
La mañana es suya, la tarde es de ambos y la noche es mía.
El plan establece que el itinerario será exclusivo para cada uno según este lapso de tiempo que incluye un desayuno planificado por él, así como las actividades a realizar en las horas posteriores hasta el mediodía. Entre el almuerzo y las cuatro de la tarde ambos elegiremos juntos qué hacer. Ergo, desde el atardecer hasta llegada la noche el plan depende de mí.
Sin embargo, yo sigo aprovechándome, y todavía con descaro, de un poco de su tiempo.
Es que desde que empecé la universidad no hemos tenido mucho tiempo juntos como nos gustaría, aunque intentemos que cada encuentro equivalga a cuatro. Lucas sigue trabajando en la constructora, donde está haciendo sus prácticas, y mi espacio para dedicarme de lleno a la relación también varía según qué responsabilidades tenga encima. Estoy en la facultad de Medicina Veterinaria y trabajo también tres días a la semana en una clínica veterinaria en la que no gano demasiado, pero estoy aprendiendo mucho. Ambos estamos cómodos, pero en consecuencia nuestro noviazgo ha sufrido algunos cambios significativos. Y lo que hago con mis regalos también resulta afectado como algunas veces.
La universidad está a menos de una hora de casa y es la misma a la que Lucas asiste, pero a diferencia de él, yo me mudé más cerca. Vivo en un departamento cerca del campus con Gaia y dos compañeros: Rachel, una estudiante de Informática, y Aaron, con quien comparto clases en medicina. Pero incluso estando cerca, en el mismo terreno inclusive, hay ocasiones en las que no podemos pasar tanto tiempo juntos. Y es normal, a pesar de que cueste mantener la estabilidad pese a las variables.
Desde el año pasado, cuando empecé la carrera, intentamos acoplarnos al cambio como hemos podido. Algunos días me voy con él a su departamento, otros él se queda en el mío y hacemos algo distinto. Y hay rutinas que desde el inicio hemos intentado mantener. Todos los viernes cenamos y dormimos juntos, y como esos días amanezco en su departamento, los sábados son enteramente nuestros. Paseamos después de desayunar hasta la noche, o en ocasiones cuando estamos cansados nos quedamos en su casa encima del otro. No hay sábado en el que no nos veamos, y si compartimos con nuestras familias o amigos, lo hacemos juntos.
También aprovechamos mucho las vacaciones. En enero, el año pasado fuimos solo nosotros a Alaska y este a Yosemite, en los veranos retomamos la rutina en Baker Beach y el mes pasado, como el noviembre anterior, volvimos a Portland con mis padres y su familia. En diciembre, como ahora, nos reunimos para celebrar las fiestas navideñas. También hicimos juntos algunos cursos de cocina y pastelería, nos inscribimos en un taller de pintura que él pasó sin esfuerzo, nos apuntamos a lecciones de finlandés, para un viaje próximo, y tomamos clases de baile.
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Tametzona ©
Teen Fiction[COMPLETA]. La luna es, para algunos, simplemente un misterioso cuerpo celeste que se percibe suspendido en el cielo, y para otros va más allá de ser solo el brillo que se refleja a través del sol. Puede ser luz u oscuridad; ausencia o silenciosa co...
