SPOILER: No puedes leer está novela sin haber leído su parte anterior.
(PRIMER BORRADOR)
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Parte 2 de la Bilogía DYALAN
JUVENIL - DRAMA - ROMANCE
Portada por: @ash.quintana (Instagram)
«Le rogó a Dios que le concediera al menos un instante para qu...
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ALAN THOMPSON
Me dolían los ojos al despertar y el cuello también. Desde que dejé la casa de mi abue, me sentía más débil y enfermo. Quería distraer mi mente en mi celular un momento. Desde que había acabado mi primera novela y su buen recibimiento, había un vacío en mi pecho. Pues cuando comencé mi siguiente proyecto sentí que no era suficiente ni se comparaba al primero. Seguía actualizando, pero no me sentía bien al hacerlo.
«Nos volvimos populares, famosos e intocables en la plataforma: de dos pasamos a tener tres seguidores».
Busqué mi celular bajo mi almohada y no lo encontré. Lo vi en el escritorio al otro lado de la habitación. La idea era tomarlo y volverme a tumbar en la cama. ¿Cómo podía haberlo dejado tan lejos? Di dos patadas a las cobijas que quedaron en el suelo y me levanté.
Mierda, estaba dando zancadas. Mierda, Dylan estaba dormido. Mierda, pasé por encima de él con mis malditos pies.
Él lanzó un grito de dolor. Yo caí de espaldas y me golpeé la cabeza con el pie de la cama. Eso me permitió despertar por completo. No me dolió la cabeza, me importaba mucho más qué había pasado con Dylan.
—¿Estás bien? —Intenté descobijarle el cuerpo. Dios, Dylan se había enrollado como momia. Escuché que balbuceó algo, no supe qué.
Al fin con unos manotazos y enredones, terminó saliendo a la luz una hermosa carita. La cara de Dylan en las mañanas eran la cosa más preciosa. Esas mejillas rosadas y esos ojos cafés. Yo debía ser solo lagañas y saliva seca en la mejilla.
—¿Estás bien? —Yo estuve hipnotizado por sus ojos.
—¿Tú estás bien?
—Perfecto —contestó—. Es que escuché que te golpeaste.
—Sí, pero no es nada —dije como restándole importancia a ese suceso. Me llevé una mano a la parte donde me había dado el golpazo y sentí un bulto; me comenzó a doler—. ¡Me va a salir un chichón!
—Vamos.
Me tomó de la mano y corrió hacia la cocina. Yo no dejaba de quejarme. Es que dolía muchísimo. Él me hizo sentar y buscó un par de hielos. Luego corrió otra vez a la habitación y volvió con una tela en la mano. Envolvió los hielos ahí y los puso sobre la hinchazón.
Me dolió cuando me tocó. Luego, sentirlo tan cerca de mí, me hizo enloquecer. ¿Y si tocaba su piel de los brazos? ¿Y si tocaba su mano? ¿Y si escuchaba su corazón? ¿Y si lo besaba?
«ALAN, por Dios, controla la cuca».
—Deja que yo puedo. —Quité su mano. Me presione el chichón por un rato y él se sentó frente a mí. Y... ¡Oh! Estaba semidesnudo.