Capítulo 37.

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37 | De vuelta a casa.

37 | De vuelta a casa

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ALAN THOMPSON

Cuando nos bajamos del taxi, miré mi casa y Dios, se sentía tan raro todo. Quería verla como el refugio que me salvo tantas veces, pero ocurrieron tantas cosas malas dentro. Solté un suspiro. Pero no fue ahí donde me derrumbé, tampoco cuando Dylan me tomó la mano con fuerza. Lo miré y me sonrió. Lo tenía ahí.

Nunca me imaginé volver a estar ahí con él. Menos tomados de la mano.

—Estoy nervioso, flaco —confesó—. Dios, estoy por conocer a mi suegra.

—No te preocupes. —Le di un apretón a su mano, pero él no me veía, sino al patio y se mordía el labio con fuerza. Esperaba que mi abue no lo hiciera sentir incómodo—. Ya has hablado con ella y te ama. Creo que te tiene en un pedestal y todas las mañanas te reza. —Él soltó una risa.

—¿En verdad crees que volveré a gustarle? —Levanté mi mano y la puse sobre su mejilla. Hice que me mirara y le di un pequeño beso.

—No me importa si no le gustas —él me tomó de la cintura y eso se sentía bien—, me gustas a mí y eso es suficiente.

«A veces Dylan es bobito, si la abue los escuchó acabar la cama, como no los va a aceptar».

Me sonrió. Lo jalé de la mano para entrar, pero él no se movió. Seguía viendo el césped, el porche, la puerta principal y un atardecer tan parecido a aquel amanecer. En ese momento me di cuenta de que su mano sudaba y que estaba reteniendo la respiración.

—Estás mal. No debes hacerlo si no puedes. —Carajo, yo fui un completo idiota. Por más que quisiera ocultar las grietas con un colorido cuadro de amor, las paredes seguían frágiles y lastimadas después de aquel martillazo. Supongo que Dylan solo trataba de hacerse el valiente, yo sostuve su mano; pero él sonrió de una manera extraña, hasta pude ver un tic en su labio, y me jaló hasta la entrada y golpeó.

—Todo está bien, quiero hacer esto. —Me estaba evitando la mirada. Miré su pierna tiritar y apartó su mano porque estaba muy sudada. Me quedé mirándolo fijamente sin saber qué hacer, hasta que esa voz me gritó «ayúdalo, pendejo». Tomé sus manos y lo hice mirarme. Iba a comenzar a hablar cuando la puerta se abrió.

Pensé encontrarme con mi abue ahí o con mi hermano. Pero me quedé muy sorprendido cuando la tía Sally casi choca contra mí. Por poco lo hizo, pero dejó caer un par de papeles pequeños. La saludé, le presenté a mi chico y me incliné para recoger lo que le había hecho votar. Ella fue muy educada, pero se veía muy nervioso.

—Gracias, Alan. —Le puse los papeles que resultaron ser fotografías en la caja pequeña que tenía pegada a su pecho. No quise poner tanto peso en ello, pero en el corazón me jaló un hilo doloroso; fue corto, pero lo recordé para siempre—. Espero verte otro día, qué bueno que ya hayas regresado.

DAYLIGHT Ⓓ (#2) [COMPLETA]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora