SPOILER: No puedes leer está novela sin haber leído su parte anterior.
(PRIMER BORRADOR)
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Parte 2 de la Bilogía DYALAN
JUVENIL - DRAMA - ROMANCE
Portada por: @ash.quintana (Instagram)
«Le rogó a Dios que le concediera al menos un instante para qu...
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ALAN THOMPSON.
(***)
Llegando tarde.
En mi sueño yo era un niño otra vez. Estaba sentado en las escaleras. Con poca claridad recordé el dolor que había en mi corazón. No había dolor. Había algo más que eso, había un vacío que no me dejaba respirar tranquilo. Al instante me ubiqué en el tiempo: estaba en el funeral de mis padres.
No había mucha gente. Unos momentos antes se había presentado una mujer con los ojos hinchados de tanto llorar. Había visto a la madre de Luis Hamilton Navarrete aparecerse en la puerta principal. También vi a mi abue rechazando el dinero que ella le ofrecía y, luego, sacarla de la casa a empujones.
En ese instante, la puerta se abrió y miré a alguien familiar: mi tía Sally. La hermana de mi mamá estaba vestida de negro y tenía la mirada perdida. Fue directo a visitar a mi abue. Las escuché gritarse la una a la otra. No sabían quién debía quedarse con mi hermano y conmigo. Ambas querían tenernos.
Me acerqué a la tumba de mi madre. Sentí una mano tocarme el hombro. Mi hermano estaba ahí. Él no había dejado de llorar y yo nunca pude hacerlo. Las luces se apagaron, solo la luz de la luna se metía por las ventanas. Un frio me recorrió el cuerpo y me quedé congelado. Mi hermano ya no estaba atrás de mí. Era alguien más. Un cigarrillo me quemó la piel de la pierna.
Salté en la cama. En medio de la noche sentí mi respiración acelerada. Estaba solo en la habitación. Intenté calmarme. Entonces lo vi, el enmascarado estaba al pie de mi cama, me apuntó y disparó.
Me desperté asustado. El sol se colaba por las ventanas. Tuve que sentarme para asegurarme de que todo estaba en orden. Había sido un sueño dentro de otro. Solo había sido eso. No había de que preocuparme.
—¿Estás bien? —preguntó Dylan. Estaba sentado frente a su ordenador. Lo más seguro era que estuviera estudiando. Tenía cara de preocupado.
—Una simple pesadilla, nada más. —Me dolía un poco la cabeza, pero nada más. Que la luz me golpeara así de brusco, causó una reacción de mareo en mi sistema. Ya había conseguido calmarme. Me limpié las lagañas y me froté los ojos—. ¿Qué hora es?
—Dormiste como un bebé —se burló él. Revisó la hora en su ordenador—. Falta media hora para las once.
—¡Las once! —Me levanté de un salto. No podía estar pasándome eso.
—¿Qué sucede? —Dylan no entendía mi afán. Yo me había quedado metido en los estudios durante toda la noche. Se suponía que solo iba a descansar unos minutos. Maldita alarma no sonó. Mierda.
—Tenía un examen a las diez. ¡Voy tarde! —Me puse lo primero que encontré. No sabía que iba a hacer. Mis manos estaban temblando y tenía unas grandes ganas de llorar. Me había esforzado muchísimo para que ese examen saliera bien y lo más probable era que ni siquiera pudiera presentarlo.