Cap. 21 - Exorcismo - Recuerdo feliz

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Los tres viajeros llegaron a la playa casi al medio día y de inmediato intentaron caminar hacia las montañas, pero les costó bastante trabajo salir de la arena, ya que las gruesas cadenas que llevaba Haydee y la pata de palo de Lance hacían casi imposible la marcha. Afortunadamente, una vez que pisaron tierra firme, su andar se regularizó y lograron adentrarse en las montañas más bajas de los Apeninos para buscar un refugio. Encontraron un sitio entre árboles y en ese lugar se detuvieron a planear su siguiente movimiento. Pero antes, Haydee encaró al joven Lance para reclamar una primera tanda de respuestas.

— ¿Que me hiciste? — gritoneó la mujer —. ¿Porque estoy teniendo estas visiones?

Lance tomó mucho aire y se tardó un poco en responder. Athan, mientras tanto, se alejó lentamente como si deseara no involucrarse.

— ¿A dónde vas? — le preguntó Lance al ver que su amigo se escabullía sigiloso y el griego solo volteó un poco la cabeza para decir así.

— Iré a inspeccionar la senda y traeré un conejo. Te dejo con tu prisionera. ¡Suerte!

— Cobarde — susurró Lance y luego regresó su atención a la joven, la cual lo miraba con ojos inquisidores.

— No es sencillo de explicar — respondió por fin Lance y ella resopló.

— Solo hazlo y yo podré entenderlo, créeme, no eres el único en este lugar dotado con entendimiento.

— Pues... tu... moriste, moriste en mis en mi brazo.

Ella abrió instintivamente la boca al escuchar aquello y el volcán que estaba haciendo erupción en su interior se calmó un poco. El muchacho continuó entonces para explicarse mejor.

— Tu demonio cumplió su promesa de destrozar tu cuerpo si lo obligábamos a abandonarlo. Te hirió por dentro de tal modo que ni siquiera con mis dones de sanación pude salvarte. Entonces hice algo que yo... no sabía que podía.

— ¿Besar a una mujer? — preguntó ella despertando de su aparente trance y con un ligero tono de desprecio.

Lance quedo congelado y la miró fijo, dándose cuenta que ella conservaba, de algún modo, recuerdos de aquel episodio.

— Te bese sí, pero fue por una razón distinta a la que piensas... yo... — volvió a titubear —. Estaba intentando vincular nuestras almas. De hecho lo logré, no sé cómo pero lo hice.

— No entiendo.

Y el muchacho se apresuró en responder con un poco de dificultad, pues las ideas no lograban encontrar el orden correcto en su cabeza.

— Yo logré que tú y yo fuéramos un solo ser por unos cuantos segundos, dos almas fusionadas en una sola.

Haydee se imaginó varios escenarios para eso y ninguno fue agradable. Con la furia en el rostro encaró de nuevo al joven.

— ¿Qué fue lo que hiciste? ¿Acaso me tocaste de forma indebida? Date por muerto si así fue.

Lance también se molestó por la acusación y sosteniéndole la mirada respondió.

— Te tomé con mi brazo y sentí tu último aliento en mi rostro. Te vi morir y no pude soportarlo, perdí la cabeza y en aquel momento decidí que no te dejaría partir. Me aferré a tu alma para atarla a tu cuerpo. Estaba dispuesto a tomar tu lugar y ser yo el que muriera, pero no fue necesario, tu corazón volvió a latir y tus heridas comenzaron a sanar.

Los ojos de la mujer se cristalizaron por un segundo pero no habló, pues se dio cuenta de que lo Lance narraba posiblemente era verdad y no supo cómo reaccionar a ello. Lance continuó hablando un poco más calmado.

El Imperio sagrado III: Los malditosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora