Los tres viajeros llegaron a la playa casi al medio día y de inmediato intentaron caminar hacia las montañas, pero les costó bastante trabajo salir de la arena, ya que las gruesas cadenas que llevaba Haydee y la pata de palo de Lance hacían casi imposible la marcha. Afortunadamente, una vez que pisaron tierra firme, su andar se regularizó y lograron adentrarse en las montañas más bajas de los Apeninos para buscar un refugio. Encontraron un sitio entre árboles y en ese lugar se detuvieron a planear su siguiente movimiento. Pero antes, Haydee encaró al joven Lance para reclamar una primera tanda de respuestas.
— ¿Que me hiciste? — gritoneó la mujer —. ¿Porque estoy teniendo estas visiones?
Lance tomó mucho aire y se tardó un poco en responder. Athan, mientras tanto, se alejó lentamente como si deseara no involucrarse.
— ¿A dónde vas? — le preguntó Lance al ver que su amigo se escabullía sigiloso y el griego solo volteó un poco la cabeza para decir así.
— Iré a inspeccionar la senda y traeré un conejo. Te dejo con tu prisionera. ¡Suerte!
— Cobarde — susurró Lance y luego regresó su atención a la joven, la cual lo miraba con ojos inquisidores.
— No es sencillo de explicar — respondió por fin Lance y ella resopló.
— Solo hazlo y yo podré entenderlo, créeme, no eres el único en este lugar dotado con entendimiento.
— Pues... tu... moriste, moriste en mis en mi brazo.
Ella abrió instintivamente la boca al escuchar aquello y el volcán que estaba haciendo erupción en su interior se calmó un poco. El muchacho continuó entonces para explicarse mejor.
— Tu demonio cumplió su promesa de destrozar tu cuerpo si lo obligábamos a abandonarlo. Te hirió por dentro de tal modo que ni siquiera con mis dones de sanación pude salvarte. Entonces hice algo que yo... no sabía que podía.
— ¿Besar a una mujer? — preguntó ella despertando de su aparente trance y con un ligero tono de desprecio.
Lance quedo congelado y la miró fijo, dándose cuenta que ella conservaba, de algún modo, recuerdos de aquel episodio.
— Te bese sí, pero fue por una razón distinta a la que piensas... yo... — volvió a titubear —. Estaba intentando vincular nuestras almas. De hecho lo logré, no sé cómo pero lo hice.
— No entiendo.
Y el muchacho se apresuró en responder con un poco de dificultad, pues las ideas no lograban encontrar el orden correcto en su cabeza.
— Yo logré que tú y yo fuéramos un solo ser por unos cuantos segundos, dos almas fusionadas en una sola.
Haydee se imaginó varios escenarios para eso y ninguno fue agradable. Con la furia en el rostro encaró de nuevo al joven.
— ¿Qué fue lo que hiciste? ¿Acaso me tocaste de forma indebida? Date por muerto si así fue.
Lance también se molestó por la acusación y sosteniéndole la mirada respondió.
— Te tomé con mi brazo y sentí tu último aliento en mi rostro. Te vi morir y no pude soportarlo, perdí la cabeza y en aquel momento decidí que no te dejaría partir. Me aferré a tu alma para atarla a tu cuerpo. Estaba dispuesto a tomar tu lugar y ser yo el que muriera, pero no fue necesario, tu corazón volvió a latir y tus heridas comenzaron a sanar.
Los ojos de la mujer se cristalizaron por un segundo pero no habló, pues se dio cuenta de que lo Lance narraba posiblemente era verdad y no supo cómo reaccionar a ello. Lance continuó hablando un poco más calmado.
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El Imperio sagrado III: Los malditos
FantasíaTERCER LIBRO (ULTIMO DE TRES) Antes de llegar al final del primer milenio después de Cristo, existió un imperio surgido del esplendor del oscurantismo que se proclamó defensor del cristianismo y en nombre Dios cometió todo tipo de atrocidades en co...