Cap. 19 - La prisión de Sabé - En el umbral de la noche de los papas

275 25 6
                                    


Pero Lance no tuvo mucho tiempo para llorar la caída de su amigo ni para observar el hermoso espectáculo de las almas ascendiendo, ya que la pierna de la guerrera Némesis se estrelló violentamente contra lo que quedaba de su prótesis y la arrancó con una fuerza devastadora que lo hizo gritar con todas sus fuerzas. El crujir de la madera y la tela al desgarrarse alertaron a Athan y a Ferdinand, y cuando atendieron con la vista solo vieron como velozmente la guerrera le arrebataba la espada inmaculada al desmembrado Lance.

— Lo siento mucho, pero tengo que llevarme esto — dijo ella y Athan, quien estaba a su lado, dio un salto hacia atrás a la par que preparaba su arco para lanzarle una flecha. Lamentablemente cuando intentó tensar la cuerda notó que esta estaba rota y no tenía forma de contraatacar.

— Rompió mi arco — gritó Athan —. No la dejen escapar.

El español reaccionó veloz y blandiendo su espada encaró a la mujer, la cual ya emprendía la marcha de huida.

El choque de las espadas fue violento. Fer lanzó tremendo golpe frontal con su arma que Haydee apenas pudo contener, pero ella era escurridiza y deslizando su espada paso por un costado quedando velozmente a espaldas del hombre. Luego intentó cortarlo pero el soldado que acompañaba al caballero negro no se lo permitió y protegió a su señor aun a costa de poner en riesgo su propia vida. Atacó también a la guerrera y ella tuvo de lanzarse hacia atrás para no ser herida.

Parecía que la chica no quería usar la espada robada, pues la guardó veloz en la vaina de su propia espada y se preparó para encarar a tres.

— Apártense de mi camino si no quieren morir.

— Maldita demonio, he estado esperando este momento desde hace tiempo — susurró Fer a la par que levantaba su espada.

— Ninguno de ustedes es rival para mí, apártense de mi camino o los mataré a todos.

Pero Fer decidió que ya habían sido suficientes palabras y se lanzó al ataque para callarla llevando su espada al frente. Fueron tres cortes con su arma y los tres los repelió Némesis con gran agilidad, luego contraatacó con increíble fuerza pero el español también era hábil y logró ponerse a salvo retrocediendo un poco.

El español ya comenzaba a comprender que se estaba enfrentando a una guerrera extraordinaria que le superaba en técnica y en agresividad.

— Entiendan que no puedo dejarles a ustedes esta espada, no tienen el poder para protegerla.

— ¡Cállate insolente!

Fer no se intimidó con las palabras ni con las habilidades de Némesis y arremetió de nuevo esta vez ordenándole a su soldado atacar en conjunto. Ambos hombres entonces se lanzaron a una lucha en la que sobresalió rápidamente la agilidad de la mujer, la cual dio saltos acrobáticos tan precisos y veloces que provocó que los españoles fallaran en todos sus esfuerzos. Tanta era su destreza que, adelantándose a un ataque de Ferdianand y aprovechando su descuido, le tomó del brazo y salto por encina de él, dando un giro y cayendo a sus espaldas. Luego lo tomó del cuello y lo utilizó como un escudo para, de ese modo, herir al soldado que intentó alcanzarla.

Le rasgo el cuello y velozmente regresó para enfrentar la fuerza del caballero negro, el cual ya trataba de asirla y de liberarse a la vez. Némesis retrocedió un poco y giró sobre su eje atacando con la exquisita gracia de una bailarina, luego hizo chochar el acero de su espada contra la de Fer.

El contraataque del español se convirtió entonces en defensa y el gruñido del hombre no se hizo esperar. Estaba frustrado pues era una mujer la que le superaba en velocidad y por mucho.

El Imperio sagrado III: Los malditosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora