Los días pasaron y Lance por fin seleccionó un lugar cercano a la cima para comenzar a excavar pero los trabajos en ese lugar se hicieron más difíciles de lo esperado. Alrededor de veinte hombres trabajaban ahí y aunque comenzaron extrayendo la capa superficial con suma facilidad, pronto se toparon con gigantescas rocas que hicieron imposible el avance. La situación no pintaba nada bien, ya que por más intentos que hicieron por encontrar tierra blanda para llegar hasta el centro de la montaña, no pudieron y solo comenzaron rápidamente a perder fuerzas y herramientas.
Mientras tanto, abajo en el campamento, una decena de sirvientes servía como soporte para mantener operativa la expedición. Eran unas ocho mujeres y cuatro hombres, algunos demasiado viejos y otros demasiado jóvenes, pero todos igual de útiles. Cada uno realizaba una labor única y trascendental, desde la preparación de los alimentos, la reparación de herramientas, la fabricación de ropa y hasta el transporte de víveres desde la hacienda del duque Spoileto hasta Cumas. Los soldados hispanos también habían relazando una labor clave para la expedición, ya que cuidaban en todo momento las sendas de subida a la montaña, el perímetro del campamento e incluso las carretas que iban y venían desde Lazio, las cuales transportaban granos, vino, manteca y vegetales.
Todo parecía funcionar bien, el problema fue cuando los líderes redoblaron esfuerzos en la excavación y comenzaron a dedicar más horas del día a la perforación del túnel y tal dedicación tuvo sus consecuencias, sobre todo en las relaciones entre soldados y sirvientes. El aburrimiento, la lejanía de sus esposas y las jornadas tan duras a los que se veían expuestos, todo eso contribuyó para el mal humor de la gente, y aunque eso afectó a todos por igual, en los soldados se manifestó de una forma diferente, ya que estos iban armados.
El capataz que había nombrado Ferdinand, se llamaba Rodrigo y era un hombre maloliente y viejo de pocas palabras y gesto endurecido. Él había estado mirando con ojos impropios a una joven sierva de apenas diez años que acompañaba a su madre y le ayudaba en la preparación de la comida. Haydee ya había notado aquellas miradas lascivas que el capataz lanzaba a la pequeña y poniendo más atención logró descubrir que además, el hombre aprovechaba las ocasiones en que la pequeña estaba sola para lanzarle insinuaciones e incluso amenazas.
Los miembros de Haydee se llenaron de furia al comprender que la pequeña había vivido aquellos últimos cuatro días aterrada y aunque pensó en informarlo a Lance, jamás imaginó que Rodrigo no le daría tiempo para hacerlo, pues ese mismo día intentaría realizar su crimen.
Todo sucedió durante la salida obligada al río, en donde soldados y siervos viajaban a la ciudad de Neapolis, ubicada del otro lado del monte y muy cerca de la costa. El capataz organizó la caravana y dispuso de una cantidad normal de soldados para custodiarla, lo único inusual fue que Rodrigo le encargó a la madre de la pequeña una misión especial, por lo cual ella debió quedarse en el campamento. Entonces sus intenciones e hicieron claras y Haydee pudo leerlas en su rostro como si este fuera un libro abierto. La guerrera se montó en un caballo, el cual tomó prestado en secreto, y siguió al a caravana manteniéndose a la distancia para pasar desapercibida, de modo que cuando el capataz hizo su movimiento, Haydee ya estaba lista cual predador acechando a su cena.
El hombre ordenó detener la caravana a medio camino de Neapolis y en ese lugar buscó cualquier excusa para enviar a la pequeña de regreso al campamento, quizás para llevar un mensaje falso. Entonces la caravana siguió adelante y Rodrigo se separó de ella.
Había nueve kilómetros entre el campamento de Cumas y la ciudad de Neapolis, y la pequeña tenía que recorrer la mitad de ese camino para regresar, eso le daría tiempo suficiente a Rodrigo para interceptarla antes de llegar, ya que él iba a caballo y la pequeña corría con sus sandalias de suela de madera atadas con cuerdas. Como era de esperarse, el hombre la alcanzó rápidamente y la derribó con el caballo, causándole raspones y una primera dosis de dolor.

ESTÁS LEYENDO
El Imperio sagrado III: Los malditos
FantasyTERCER LIBRO (ULTIMO DE TRES) Antes de llegar al final del primer milenio después de Cristo, existió un imperio surgido del esplendor del oscurantismo que se proclamó defensor del cristianismo y en nombre Dios cometió todo tipo de atrocidades en co...