CAPÍTULO 32, PARTE DOS

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HUMANAS

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DIANA AYLEEN

Risas, toqueteos, coqueteos. Yo estaba olvidada en la parte trasera del auto. A cada segundo actualizaba la ubicación en mi celular, con esperanzas de saber la ruta. Prefiero ignorar el hecho de estar cada vez más cerca del hotel, y no de la casa de "Kendra".

—Francesa, me dices algo en francés — Dijo con su voz dulce forzada, miro de reojo como toma la mano de Amina en la palanca de cambios.

Me puse en la abertura de los dos asientos, y la miré.

—Yo lo hago, no te preocupes, Amina —Lamí un poco mis labios—Va te faire foutre, Kendra—Modulo, ella frunce el ceño.

—¿Qué significa?

Sonreí.

—Se traduce literalmente como: Vete a...—Amina me cubre la cara con su mano y me lanza de nuevo a mi asiento.—¡Ay, eres un animal!

—Ponte el cinturón— Me ordena.

De mala gana, le obedezco. En un intento de distraerme, mire la madrugada en la calle solitaria y oscura por la que andábamos.

—Pareces su niñera, Amina—Ríe. Apreté mis dientes, cada vez que abría la boca me caía peor.

¡Cállate, Kendra!

Se encoge de hombros.

—Algo así, bonita.

Yo está hirviendo, podía ver mis mejillas rojas por el opaco reflejo de la ventana. Claro que lo hacía para burlarse.

¿Qué más me daba a mí?

Amina puede acostarse con quiera. Si, al final y al cabo volveremos al castillo, y yo me acostaré con Jessica. Niego con la cabeza. Las ganas de abofetearme fueron máximas, que tuve que aprisionar las manos en mis piernas.

¿Fue mi idea, salió de esta cabecita, sacarle encara eso a Amina?

Madura, Diana.

Amina es solo una guardiana más.

Levante la mirada al sentir la intensidad de la suya. Sus ojos verdes están pendientes a mí por el retrovisor.

El cosquilleo en mi panza me dijo que no todo estaba perdido, que ella no me daba por hecho en el auto, que igual estaba se preocupada por mi.

Le iba a sonreír, perdonarla fue mi primer deseo, pero entonces Kendra abre la boca.

—¿Y a qué hotel vamos?—Preguntó.

¡Ay no inventes!

—Al central—Respondió ella a secas.

¿Qué? ¿Qué?

—¿Y ella nos seguirá al cuarto también o qué? —Susurró, que digo susurró, gritó.

Amina le sonrió.

—No, ella tiene su cuarto.

Sentí sus risas pegadas en mis oídos, acumulándose en una herida dolorosa en mi cerebro que tenía desde que subí al auto. Pero me ganó el corazón, ese retumbar en mi pecho le ganaba a cada maldita neurona, las quemó, las pulverizó.

Se volteó, sus ojos azules destellaban de una burla perversa. Una sola palabra, y exploto.

—No nos molestaras, niñita, ¿Cier....

Black Onyx [1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora