CAPÍTULO 18, PARTE DOS

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BUENA MADRE, BUEN HIJO

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DIANA AYLEEN

Si le hubieran preguntado a la Diana de 20 años si querría un hijo, te habría escupido en la cara y rezado a todos los santos del planeta para que eso no pasará. 

Nunca he entendido mi odio irracional hacia esas criaturas sin maldad, que sólo quieren ser felices. Varias veces, Zoeh me había dicho, que eran traumas de la infancia que poco recuerdo.

Pero Zept me recordaba a mí cuando pequeña, claro, lo poco que recuerdo, como mi estadía con Barbosa. Solo, desorientado, con carencias maternales y paternales, pero de carácter fuerte.

—Te sudan las manos —Alexa susurra en mi oído.

Resople.

—Entonces quita tus manos, idiota.

Estábamos en la sala del orfanato que habían traído a Zept. Aun lado tenía a los problemas de bipolaridad sin tratar de Alexa, y al otro a un brujo adicto al juego de Póker online que hacia un escandalo cada vez que perdía.

Amina hablaba con la directora en su oficina, mientras hacían el papeleo hace treinta minutos y eso me estaba poniendo nerviosa. ¿Por qué tardaban tanto?

—Te tengo una pregunta, Nik—Dijo Alexa, Nikolas no despegó la vista de su juego, sólo hizo con un "Mmh"—Yo soy Capricornio, y el chico que me gusta es Piscis, ¿Somos compatibles?

Nik, deja el celular en mi regazo con brusquedad y mira a Alexa.

—Ya veo, porque soy brujo crees que leo el tarot ¿Eso es? —Pregunta molesto.

—Exactamente.

Él bufo con indignación.

—Cualquier con sentido común, saben que son compatibles, pero eso no tiene nada que ver.

Alexa se burla por la cara de Nik.

—Oye, y ¿lees la mano? —Continúa ella, esta vez con seriedad.

Me congele al verlo entrar por una puerta junto con una de las encargadas; traía su mochila desgastada en la espalda, y una cara de confusión total al vernos. Sus ojos negros me vieron directamente, y esbozó una pequeña sonrisa. 

Caminó a pasos firmes y decididos hacia nosotros. Y yo no reaccionaba todavía, comencé a sudar frío al verlo acercarse más y más.  Mierda, es un niño... tu no le temes, él te teme a ti.

—No esperaba que vinieras a despedirte de mí, Diana— dijo con voz neutra.

¿Despedirme? Relamí mis labios, abriendo la boca para hablar, pero el no me dejó.

—La verdad, yo no quiero ir a ese internado — me susurró, para luego alzar su tono mirando de reojo a la muchacha con la que vino— Pero como aquí, los niños no tienen voz ni voto.

La encargada rodó los ojos y se fue de la sala de espera.

—¿Esas son todas tus cosas? —Pregunté, refiriéndome a la mochila.

Él se encogió de hombros.

—Debo ir ligero para escaparme de la cárcel, pero si, son todas mis cosas— Susurró, con desconfianza de Nik y Alexa.

Sonríe divertida.

No pude decirle, porque Amina salió de la oficina, muy amiga de la directora, una mujer rubia y con un cuerpo espectacular, y al ser licantropo no se notan tanto los años. Ambas se sonrieron, y caminaron hacia nosotros. Ahora sí, la ansiedad comenzó a llegar. Remoje mis labios, e intente contar hasta diez, pero la voz chillona de la señora me desconcertó.

Black Onyx [1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora