CAPÍTULO 15, PARTE DOS

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NUESTRO CASTIGO

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DIANA AYLEEN

Hoy me sentía rara, bueno, mas rara que de costumbre.

Soñé horrible, en todo el sueño podía escuchar gritos sufridos. El cuerpo me dolía, principalmente el pecho me quemaba como mil demonios. Estuve apunto de pedir ayuda, pero el dolor y el cansancio me vencieron y esas heridas se trasportaron a mis sueños para convertirlas en pesadillas.

Pero desperté como si nada hubiera pasado, como si hubiera renacido o algo así.

—Necesitas terapia — Hable frente al reflejo.

Por si fuera poco ¿Cómo le veré la cara a Jessica después de lo ayer? Es que no comprendo cómo me atreví a dejar que me tocará. Tonta. Tonta. 

Basta, Diana Ayleen. No eres lesbiana, solo estabas necesitada. Los 3 meses sin sexo te pasaron factura, eso es todo. 

Suspiré aliviada. Me di media vuelta, viendo cómo me queda mi vestido favorito. Después de un largo tiempo maquillándome y debatiendo que sabor de brillo labial usaría, sí el cereza o fresas, me decidí por el de fresas.

—¡Permisooo! —Alexa interrumpió mis pensamientos, entrando a mi habitación escandalosamente y en fila la seguían: Carlos y Nikolas.

A este último, le pregunté.

—¿No deberías estar en la escuela, Nik?

Se lanza a la cama con despreocupación.

—Y tú deberías estar en la cárcel por esas hermosas piernas— Me guiñó coqueto, rodé los ojos.

Alexa golpea su cabeza, y Nik se ríe.

—Respete, cría. —se acercó a mí. Rodeó mis hombros con su brazo—Ella es tu futura soberana, prácticamente dueña del mundo y mi mejor amiga.

Deja un beso en mi mejilla.

—Creí que Jessica lo era— Espeto sarcástica, sacando su brazo de mí.

Ella se alza de hombros.

—Premio doble, entonces —La fulmine con la mirada.

Al alejarme de ella, choqué mi espalda contra el pecho de Carlos. Me volteo con una sonrisa para saludarlo, pero él se encontraba serio, casi enojado; Fruncí el ceño.

—Apestas a Alfa —Me susurra, le hice una seña para que cierre la boca.

Eso me hizo temblar... olores, olores, hueles a sangre... hueles aquello, a lo otro... esta familia es mas extraña que un elefante rosado.

—Si, Carlos. Claro que puedo reventar el grano de tu espalda — Alce la voz para que escucharán los demás. Tomé su mano para llevármelo al baño.

Nik, intervino:

—Ay, por favor. Hazlo aquí. Todos tenemos granos, sin vergüenza, bro— Da dos palmaditas en la cama, llamándonos.

Carraspeo.

—No, ya conoces a Carlos— Apunté al lobo que me asesinaba con la mirada. Nik parece entender, y asiente. Empujé bruscamente a Carlos dentro del baño, y él se queja.

—¿A qué te refieres con "apestas a alfa"? —hice comillas con mis dedos.

Carlos se cruza de brazos.

Black Onyx [1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora