Playlist: Like That- Bea Miller
New Orleans, Hotel Mazzini (Apartamento de Fabrizzio)
Marie Mcklain
Hay momentos en la vida en que sientes que las opciones a elegir no lo están al nivel de la que deseas, y nos empeñamos en esa, hasta que es demasiado tarde. ¿Lo era para mí? ¿Había tomado la decisión adecuada? No creo que nadie sepa con exactitud cuál es la adecuada hasta ver el resultado de esta. Supongo que lo sabré en algún momento, pero por ahora prefiero sumergirme en el placer doloroso de esa decisión.
Su mano izquierda para nada delicada me sujeta el cabello al punto de dolerme el cuero cabelludo mientras me penetra a un ritmo fuerte y profundo llegando al dolor, su mano derecha aprieta mi cadera para hacer palanca, mi cuerpo tiembla de cansancio, no soporta un orgasmo más, siento que mi interior está en llamas, por placer y por dolor. Estoy bañada de sudor, la boca seca y literalmente a punto de desmayarme. Mi vista se distorsiona un poco y lo único que puedo oír es el gruñido de Fabrizzio.
—Fabrizzio…—susurro, pero acto seguido de que abro mi boca se me escapa un gemido. Mi cuerpo exhausto se vuelve a contraer por otro prominente clímax y seguido caigo sin ningún paracaídas en la oscuridad.
Fabrizzio Mussolini
—Desata a la bestia—sus palabras rompen cada onza de control que tengo. No quería hacerle daño y trataría de no hacérselo, pero las probabilidades de eso son tan nulas como mi fuerza de voluntad hacia sus palabras. Antes de llegar al departamento le había dado instrucciones a mi nana de que se tomara los días que quisiera en casa de mi madre, sabía que le gustaría el plan por lo que su respuesta no tardó en llegar, para cuando llegamos a mi departamento ya se había ido por lo que no me preocupa en lo más mínimo lo que hare en las siguientes horas con Marie.
Su pequeño, manejable y hermoso cuerpo me incita a poseerla de mil formas posibles, mis manos rasgan su ropa dejándola completamente desnuda, da pequeños brinquitos cada que rompo su ropa, siento la respiración volverse cada vez más pesada al igual que la suya. La tomo en brazo alzándola duro contra la pared, no me contengo, solo hago lo que tanto tiempo me he estado muriendo por hacer. La beso rudo, chocando dientes con dientes, me abro el pantalón lo suficiente para que me deje trabajar, me empalo en ella mientras sus manos entierra las uñas en mi espalda y eso malditamente me gusta. Un grito de dolor y satisfacción sale de su garganta, no aminoro mis movimientos, mi mano va a su cuello y aprieto un poco acelerando el ritmo de las embestidas, su cuerpo empieza a temblar anunciándome un orgasmo. No tan rápido. La llevo hacia la cocina mientras se queja porque he parado, la pongo de pompas para arriba cuando pego su pecho en la meseta, su cabellera de varios colores se esparce como un arcoíris por todo el mármol, Malditamente hermoso, sus labios hinchados me tientan para mordérselos duro y sus ojos color lujuria me miran haciendo lo que en primer lugar dije que no haría. Me introduzco despacio primero y después hasta el fondo de un empuje, siento como la punta de mi polla toca algo caliente y resbaladizo, hago así alrededor de unos pocos minutos.
—Tu bestia me esta decepcionando…—me mira con esa carita entre enojo y pervertida, rio amplio debo parecer un psicópata, de esos que nunca ríen y al reír la cara le cambia a algo extraño y macabro, siento como la respiración de Marie se entrecorta. Mis caderas azotan repetidas veces su culo de una manera dolorosa, mi mano derecha va su cabeza y la pega duro contra el mármol y mi otra mano a su cadera para hacer presión más de la necesaria, me gusta dejar marcas. Y cuando veo el colorado sé que mañana tendrá un moretón ahí, mi mano baja y ataca su clítoris haciéndola gritar mientras la embisto duro con mi polla y con mi dedo, Se corre como me gusta que lo haga, duro y con espasmos que hace de su cuerpo una masa temblorosa después. La tomo del pelo dirigiéndola a la habitación dando pequeños traspiés y ella luchando por el agarre en su pelo.
—Puedo caminar normal hasta tu habitación…—dice refunfuñando, aprieto el agarre un poco más, haciendo que grite y lleve sus manos a la mía en un intento de que la suelte. Mi boca va su oído.
—Ahh...tu querías ver y sentir a la bestia…ahora calladita… te vez mejor.—le doy un mini empujón para que entrara a la habitación. La lanzo en la cama cuando ella se gira como puede y me hace un aruñazo en medio del pecho con sus uñas, veo la sangre brotar en pequeñas gotas por mi piel, la miro alzando una ceja. Y lo que veo hace que se me doblen los pies del éxtasis y anticipación, esta vez no será como las otras veces, sus ojos me dicen que me dará pelea durante el sexo y también que disfrutaremos de ello. Todo se vuelve borroso mientras pierdo el control de mi cuerpo dejando que se encargue el deseo y la lujuria. Veo como la tomo de los pies abriéndola brusco y me lanzo hacia ella mordiendo sus labios, ella no se queda atrás, me ataca con sus dientes en el labio inferior, hace que nos giremos en la cama estando ella arriba de mí, comienza a cabalgarme duro mientras sus uñas hurgan el rasguño en mi pecho, la tomo de las caderas para impulsar mis embistes con los suyos llegando tan profundo dentro de ella como sea posible, sus senos rebotan y levanto el torso de mi cuerpo para lamerlos, chuparlos y morderlos, siento como llega mi orgasmo mientras ella acelera su cabalgata, mi mano da una fuerte nalgada dejando la marca de mi mano, grita teniendo otro orgasmo y se queda quieta sobre mí, los dos sintiendo el eco de un orgasmo en sintonía.
—Ni pienses que hemos acabado…—le gruño al oído. Nos giramos quedando sobre ella, sus ojos me miran con el ceño fruncido.
—Te acabas de correr.—le alzo una ceja. —Eso no es excusa…nos queda una larga noche por delante…—pongo mi boca en uno de sus pezones, chupo duro hasta halarlo, y lo suelto cuando Marie me da un manotazo en el hombro.
—Aparta animal…eso me duele.—se queja mirando su seno. Me mira enojada y baja su cuerpo debajo de mí, agarra mi tetilla entre sus labios y chupa duro.
—Aparta maldita Loca. —salgo de arriba de ella, me miro el pecho y el chupón está ahí. —Eso no se va a quedar así…
—Claro que no.—me mira con chulería moviendo sus piernas de manera seductora por mi vientre—mañana habrá un morado ahí. —sonríe mirándome por debajo de sus pestañas mordiéndose el labio como niña traviesa. Y es que la simple vista de ella así, desnuda, completamente para mí. Error…No es tuya, Fabrizzio. Se revolcó con otros después de ti, le importas mierda. Deberías enseñarle de quien es, a quien pertenece y a quien debe obedecer. Mi mente empieza a tomar un rumbo sádico, la parte oscura con la que no quería tocarla surge de manera inesperada, tomo una profunda respiración tratando de despejar la mente, pero ya tendría que saber que es algo inútil, no quiero lastimarla, malditamente que no, me freno lo más que puedo, pero nada evita que haga la pregunta la cual sé que su respuesta detonará a la bestia en todo su potencial.
—¿Estas bien?—se acerca a mí, preocupada, seguro vio el cambio en mi expresión facial y se aleja un poco.
—¿Te acostaste con alguien más después que te follé?—la pregunta la toma desprevenida. Se levanta de la cama y se cruza de brazos resaltando sus hermosos seno, no puedo evitar la satisfacción de que en uno de ellos está mi marca.
—¿A que viene esa pregunta?—me acerco a cm de ella, nariz con nariz, mis oídos palpitando. Y le doy crédito por no alejarse.
—Respondeme—le gruño y ella alza su barbilla en modo desafío.
—Si, lo hice, múltiples veces, con chicos, con chicas, después nos volvimos a encontrar y follamos, por supuesto que he dejado que otras pollas, bocas y lenguas entren en mí. ¿Te creías indispensable?— se acerca más a mí , sin conocer la bomba andante que soy, que está a punto de estallar. Sus labios rozan los míos mientras me dice: —Y después de esto me seguiré follando a quien yo…quiera.
Lo próximo que pasa, se queda en mi mente como el recuerdo de un borracho, todo borroso y como si tu cuerpo no fuera el tuyo, ya estoy acostumbrado a esto cuando mi temperamento explota, lo que recuerdo al final son pedazos y esta vez no es diferente. En mi mente queda como la agarré del cuello con las dos manos, la estampé contra mis labios y la monté como perro salvaje, por todos los lugares posibles sin compasión y marcándola en cada cm de su piel, volviéndola loca entre el placer y el dolor. Y fue en la mañana siguiente que me acordé de lo que Karla la doctora de las chicas me dijo un día, «Podrás no saber que es amar, pero lo sabrás cuando pierdas el control y todo el daño que le causes te duela el doble.» y así me sentía la mañana después, al encontrarme la sabana llena de sangre, el cuerpo de Marie encogido en forma fetal al otro extremo de la cama durmiendo profundamente o desmayada y su cuerpo lleno de moretones que parecían golpes. Me alejo de la cama como si estuviera en fuego, la respiración se me corta, trato de decir su nombre, pero mi voz dejó de funcionar. Me acerco con el cuerpo tenso al extremo de la cama donde ella está. Me agacho y acaricio su frente.
—Marie, nena…despierta.—mi voz sale temblorosa, su ceño se contrae en una mueca de dolor. Mierda. Sus ojos se abren y me miran por un largo tiempo, siento que casi dejo de respirar esperando a que explote por lo de anoche.
—Casi me matas, viejo sabroso.—su voz sale en un susurro, sus ojos tienen ojeras y la comisura del labio se levanta ligeramente, sus dedos dan pequeñas caricias a mi antebrazo que le queda cerca ya que mi mano acaricia su pelo, mientras hago una evaluación de los daños hechos a su cuerpo, sus seno están peor que su espalda y ni hablar entre su entrepiernas. Me escocen los ojos y muerdo duro la cara interior de mi mejilla, mis ojos van a la sangre en la sabana y entre sus piernas.
—Soy una porquería…—susurro, mientras cojo la sabana con la que amanecí enredado y la tapo con cuidado.
—Hey…no digas eso.—me frunce el ceño.
—¿No has visto como dejé tu cuerpo?¿No lo sientes?—la miro incrédulo y un poco enojado, ¿cómo es que puede si quiera mirarme, hablarme o incluso tocarme?
—No lo he visto, pero lo siento…—cierra los ojos con una mueca de dolor mientras se mueve un poco.— Es como si me hubieran dado la mejor follada del universo y tuviera resaca por ello.—me guiña un ojo.—Mierda hasta eso me duele.
—Estas loca…—susurro sin poder evitar una sonrisa, la cual ella me devuelve.
—Y tu sabroso.—la voy a besar en los labios, pero lo termino haciendo en la frente, ella no había visto todavía como quedó su cuerpo y yo no me perdonaría todavía, y tampoco creo que lo hiciera en un futuro.—ok...ayudame a pararme, tengo que hacer pis.—la ayudo a sentarse en la cama y pega un grito al verse las piernas con sangre seca. Cierro los ojos por la cosa llama vergüenza, o eso creo que es, y si… nunca la he sentido hasta ahora. Abro los ojos y la veo con la boca abierta mirándose el cuerpo, su vista va de su cuerpo a mi cara varias veces.
—¿Pero que me has hecho? Pedazo de animal…—me dice mirándome con los ojos en grande, toma una respiración y enfoca su mirada en mí. Trato de alejarme, pero ella me sostiene y me acerca más a ella.— No te preocupes, no duele…
—No mientas.—la regaño dándole una mirada de reprimenda.
—No me duele si no me muevo, listillo, pero necesito a un médico que me revise a ver si no tengo nada dañado por allá bajo. —asiento, mientras tomo el móvil del pantalón tirado en el suelo. Mando un mensaje a Karla y esta me responde que va en camino.
—Lo se…soy una maldita porquería, Marie lo siento…yo…—me toma de la nuca y me besa de manera fugaz.
—Shh…calla, me gustó…—me vuelve a besar y le correspondo, por primera vez en mi vida la beso despacio, delicado y con los huevos en la garganta por miedo a lastimarla más de lo que está. Nos separamos, su labio inferior está rojo e hinchado por las múltiples mordidas y estirones que le di anoche.—piensa que es como cuando te emborrachas, la pasas bien mientras bebes y a la mañana siguiente estas hecho mierda. —la vuelvo a besar mientras niego ligeramente su manera de razonar las cosas, su lengua se enreda con la mía. Abren la puerta sin tocar, Karla entra con su maletín tendría que haberme imaginado que estaría en su departamento del Hotel. Marie se tapa hasta la cabeza mirándola como si fuera un extraterrestre. Y ahí me doy cuenta de que he metido la pata hasta el fondo.
—¿Una nueva chica para el harem? —nos mira abriendo el maletín, repara en Marie, pero obviamente no sabe q es “Marie” la Marie de la que le hable un día. Pues desnudo agachado en frente de Marie, trato de alcanzar algo que me cubra, Marie la sigue viendo raro con el ceño fruncido. —Cielo puedes ponerte el pantalón, no hay nada que no haya visto antes. —mira hacia Marie—Cariño si te dejas la sabana no podré chequearte como se debe.
—¿Quién putas eres tú?—la mira enojada y después me mira a mi.—¿Quién es esta payasa con la que al parecer te has revolcado? Pero es que yo me quedo alucinando contigo, te pido un médico y me traes a una de las perras que te has follado…
—Yo creo que “las perras”, es una definición demasiado corta para las cosas que se ha follado.—murmura como si Marie no hubiera estado insultándola, con Karla nunca se sabe, si alguna vez tengo que llamar amiga a alguien sería a ella, aunque es a la única que he follado y he mantenido cercanía, solo porque ella sabía exactamente que conmigo era una sola noche sin compromisos y ella lo supo ejecutar a la perfección. Una noche de alcohol me la acabé follando, después le acabe contando sobre Marie y el porque me aleje de ella hace 6 años.
—¿Incluyéndote?—pregunta muy altanera mi…¿mi qué? mi nada, eso por alguna razón me deja un mal sabor en la boca.
—Incluyéndonos...nena—se acerca y yo ya me termino de poner el pantalón, le doy una mirada severa a Karla.
—No te me acerques.—le gruñe Marie y yo la miro,
—Karla es doctora y necesitas ser revisada, deja de comportarte como una niña.—me mira con ganas de matarme, sip, creo que no escogí las palabras adecuadas para explicarle que su salud es mas importante.
—No te preocupes, cielito. No es a la primera que has dejado así, ni la peor. A Jen la dejaste inconsciente por un día entero. Por cierto ¿Cómo está ella y las otras chicas? Se supone que tendría que estar recibiendo una invitación a la fiesta de tu harem. ¿Supongo que tu estarás invitada?—le brinda una sonrisa divertida a Marie.
—Karla—la corto muy enojado—no estas ayudando, creo que es mejor que te vallas, fue un total error en llamarte. Después hablamos.
—¿Seguro? —nos mira y se encoje de hombros—me tendrás que pagar de todas maneras. Chau.
—Espera…—miro a Marie que mira a Karla con cara de pocos amigos y la cambia a una de niña traviesa.— tu y el famoso harem se pueden ir a la mierda, y te vas olvidando de volverlo a ver desnudo, ese pechito y su enorme polla, son míos. ¿Entendiste cielito? —me quedo un poco sin saber que decir ante lo que acaba de decir mi maldita loca, me acaba de reclamar para ella, y yo tengo que aguantarme la sonrisa que me está por salir, Karla me mira y después a Marie guiñándole un ojo.
—Como el agua, preciosa—la mira divertida y se va dejando a Marie posando su enojada mirada en mí.
—Me dan ganas de mandarte a la mierda…pero las ganas de hacer pies me pueden más. —hace gestos para que la ayude a levantarse. La levanto sin mucho esfuerzo, la ayudo a llegar al baño y no se porque cojones estoy que ni hablo. Porque estas de marica con Marie, ese es el por qué. Llegando a la puerta del baño, se gira y me lanza una patada en mis partes baja, me tiro al suelo por el golpe que me tiene retorciéndome del dolor.—eso es por intentar tratarme como a tus otras perras.—entra y cierra la puerta, yo sigo retorciéndome. Te voy a matar—Harem ni harem, perra maldita igualada, doctora sarnosa…—eso y unas serie de insultos siguió diciendo hasta que salió del baño. Seguía en el suelo, pero ya el dolor se estaba pasando y no me quería mover para que no me doliera. Me pasa por el lado caminando como puede. — ¿Quién coño se cree que es?—me toca con su pies en el brazo para llamar mi atención, cosa que ya tenía. —Levanta que tengo hambre. Deja de ser tan vago, ¿no te da pena? Estar ahí tirando sin hacer nada, sin aportar algo al planeta, hazme el desayuno.
No se si mirarla con incredulidad o con cara de asesino, creo que me quedo con la segunda opción. Me levanto como puedo.—Me has dejado sin descendencia, maldita loca.—se acerca a mí, y levanta su pequeña nariz hacia mi barbilla en modo de gallinita de pelea, me pega un dedo en medio del pecho donde está el rasguño, me escose el contacto.
—Sin decendencia te voy a dejar si no me explicas que es esa mierda del harem mientras me haces de comer. Y pobre de ti, si no me vas explicando por el camino quien demonios es esa sarnosa que dice haberte visto desnudo. Camina.
—¿Qué voy a hacer contigo?—le susurro mientras me muerdo el labio. Las ganas que tengo de follármela como de matarla en estos momento son enormes, pero sé que no me atrevería a hacer ninguna de las dos.
—Fácil, hacerme de comer y llamar a un doctor macho varón masculino, no quiero a otra perra haciéndose la lista entrando a tu casa como si fuera suya, y después…tal vez si no tengo ganas de matarte y mi cuerpo me lo permite pues nos damos una revolcadita, viejo sabroso —me toma del brazo y se apoya en mi para caminar fuera de la habitación. ¿Y te preguntas por qué estás hasta las trancas por la maldita loca?
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Loca Por Un Mafioso©
Romance⭐Trilogía Obsesión.❤ Libro II Independiente del primero, por lo que no es necesario que lo leas en orden. ⚜⚜⚜⚜⚜⚜⚜⚜⚜ Ella es loca, sin filtro y segura. Él es controlador con un carácter de mierda y una bestia dentro. Fue el prime...
