New Orleans, Lousiana. Marie
Mi cara no puede evitar el rictus de satisfacción en la que se encuentra desde esta tarde, sentir que una tiene el poder es indescriptible, una energía que te recorre por todo el cuerpo, unas ganas de comerte al mundo esa sensación que puedes hacer lo que te propongas y todo eso lo estoy experimentando ahora, después de restregarle en la cara que le quite a un cliente muy importante y más cuando le restregué que otro me daría un orgasmo, cosa que está a punto de suceder con esa lengua maravillosa de Daniel el tipo del correo de mi empresa.
—Dios que rico...— digo mientras mi puño toma fuertemente su pelo sedoso y rubio mientras lo sostengo entre mis piernas— siento las manos en mis pechos de Brenda o Bry como le digo de cariño, si se preguntan es la nueva mucama de la casa, y sí, estoy teniendo un trío, y no, no soy lesbiana pero que puedo decir... me gusta el sexo y todo lo que tenga q ver con él. — Oh Dios aprieta más fuerte...—digo entre gemidos. Daniel se separa de mis muslos, me gira en cuatro y entierra su polla hasta el fondo sacándome un grito de lujuria, me fijo en el reloj y si no me apuro no me dará tiempo a arreglarme para la maldita cena de esta noche.
—Chicos esto es muy rico y todo, pero necesito venirme ya...se me hace tarde... — Brenda se acuesta debajo de mí y sigue jugando con mis senos, pequeños estirones, apretones, roces alternos entre suaves y duros mientras Daniel empuja fuerte y constante, mis ojos ruedan hasta el cerebro cuando Bry pone su lengua en mi clítoris y empieza a jugar como le da la gana aún con sus manos en mis senos y es que por esto es tan delicioso el sexo con tu mismo sexo... ¡¡DIOS!!! sabe cómo y dónde tocarte.
—Aaaahhhh más duro Daniel!!— sus manos se afirman a mis caderas y toco el puto cielo, ese momento en el que tu cuerpo pierde la sensibilidad y todo lo que sientes esta entre tus piernas, mis músculos vaginales exprimen su miembro duro y gordo, cosa que me encanta. Mi cuerpo se contrae con pequeños espasmos y sonrío. — Delicioso como siempre... —me retiro como puedo y mientras me visto los miro — sigan disfrutando sin este bombón — con eso me fui a mi cuarto ya que estábamos en el cuarto de Brenda.
Al entrar me encuentro a mi madre sentada en la cama con varios vestidos, me paro en seco.
— ¿Que es todo esto? — me quedo mirando entre ella y la cama.
— Elige un vestido para esta noche, ya era hora de que dejaras de revolcarte con la sirvienta y el carterito ese... —me quedo mirándola sin expresión— ¿no te da vergüenza?
— ¿Vergüenza de qué? ¿De revolcarme con ellos o el hecho de que sean sirvientes? — su gesto cambia a lo que me confirma esto último— a ver si te enteras, mama, esas cosas de clases sociales no me interesa yo estoy muy por encima de eso... ahora si me dejas…
Hago una señal para que salga del cuarto, con su porte regio y fino, casi inalcanzable pasa por mi lado.
— A veces no sé qué fue lo que di a luz… cada día me convenzo más de que eres un engendro del mal. — ruedo los ojos mientras sale de mi cuarto, ya estaba acostumbrada a este tipo de comentarios y hasta peores. Digamos que fui la única hija que puedo tener y no le salí como ella quiso, por eso soy objeto de su enfado contantemente. Respiro hondo y entro al baño, después de una larga ducha salgo y me pongo un vestido negro con espirales largas plateadas en las mangas. Miro de reojo el vestido mojigato que estaba en la cama y lo ignoro olímpicamente. Me siento en frente del espejo y empiezo a maquillarme, me demoro media hora en eso. Tocan a la puerta del cuarto, me termino de poner el brillo labial y abro la puerta.
— Estás hermosa como siempre…—mi padre me mira y sonríe, suspiro y le doy una sonrisa leve.
— Mi madre piensa que soy el engendro del mal…—le digo tratando de que no se note que me afecta el hecho de que mi madre diga y piense esas cosas de mí.
— No le hagas caso, ya sabes cómo es con sus cosas religiosas…—se encoge de hombros, algo normal en mi padre, dándole poca importancia a lo que sucede con su familia. Solo el dinero y su imagen, pero esos fueron los padres que me tocaron. Suspiro y salgo del cuarto.
— ¿Quiénes son nuestro objetivo esta noche? —me pongo modo empresaria porque es la única manera de tener una conversación decente con mi padre. Y eso es mejor que nada.
— Esta noche es sobre restregarle en la cara a los Mazzini nuestra alianza con el Señor Santoro. —sonrío abiertamente.
— Ya quiero verle la cara. —susurro con malicia, me adelanto y monto en la limosina que nos espera, al subir mi madre mira con desapruebo mi vestido y saco mi teléfono para no prestarle atención.
— Ese vestido da mucho que desear, una señorita decente no viste así. —empieza mi madre a criticar, suspiro mientras alzo los ojos para verla.
— Creo que has establecido que no soy una señorita y menos decente. Así que ¿porque no nos haces un favor? y lees una de tus aburridas entrevistas. —me pongo los audífonos y la música a todo volumen. A veces quisiera desaparecer, cierro los ojos e imágenes de él follándome en su oficina hace que tenga que cruzar las piernas. La limo estaciona y soy la primera en bajar, entro como la dueña de todo y nadie dice ni pío. Es que cuando una proyecta seguridad y poder tienden a abrírsete muchas puertas, hasta ahora me ha ido bien y me piensa ir mejor.
— Srta. Mcklain un placer de contar con su hermosa presencia. —el Sr. Santoro me alaba al verme, haciendo que seamos el centro de atención. Me besa la mano, sonrío coqueta porque espero que el me vea.
— Es un gusto estar aquí, tengo entendido que los Mazzini vienen a la fiesta…— me suelta la mano mira alrededor, me apunta con una mano hacia la pista de baile y ahí está el.
— El Sr Mussolini es quien los representa esta noche, espero que disfrutes, tengo que atender a otros invitados.
— Por supuesto. No se pierda, quiero tener un baile con usted. —le sonrío mientras se aleja devolviéndome la sonrisa. No está mal, no es musculoso, pero no es feo tampoco. Agarro una copa de una bandeja del mesero que me pasa por el lado. La llevo a mis labios y cuando el champan hace contacto con mi boca una respiración en mi cuello hace que la piel se me erice, mantengo mi postura sin voltear, porque tengo la idea de quién es.
— ¿Así lo convenciste para firmar contigo? ¿Dándole sonrisitas, miraditas? — tomo un sorbo del champán y sin inmutarme le digo.
— O tal vez me acosté con él, tal vez le hice cosas que a ti no te he hecho y quizás nunca te haré. — me gira hacia él y veo una vena en su cuello por el enojo.
— Mmm…esa vena va a explotar. —le miro a los ojos y le sonrío.— ¿Celoso?
— Deja el jueguito, no quieres que pierda la paciencia. —dice entre dientes.
— Estoy tan asustada de lo que puedas hacer…mira como tiemblo. —me burlo de él. Pone una mano en mi cintura y me lleva a la pista de baile, la canción es suave y delicada, me dejo llevar por él durante toda la canción. Hay algunas miradas furtivas hacia nosotros porque Fabrizzio me está pegando demasiado a él y su boca no ha dejado mi cuello o mi oído.
— Sabes, te ves hermosa, incluso con tus mechas arcoíris desbordas elegancia, y ese vestido…mmm…delicioso, pero te verías aun más deliciosa sin el puesto. —su mano sube brevemente por la curva de mi cintura y la baja hasta el comienzo de mi espalda baja. Tanto sus palabras como sus manos y deliberadas caricias me tienen con la respiración pesada por la lujuria. — Tengo curiosidad por lo que llevas de bajo… —voy a responderle cuando Sr. Santoro nos interrumpe. Mi cuerpo excitado protesta un poco, quería que Fabrizzio siguiera susurrándome cosas calientes al oído.
— Disculpen la interrupción, pero creo que te debía un baile… ¿no es cierto? —me mira expectante, Fabrizzio se tensa y sonrío al Sr. Santoro.
— Por supuesto. —antes de salirme de los brazos de Fabrizzio le susurro en el oído : — No llevo nada.
Su cara grita que quiere matar algo y a mí solo me divierte. Empiezo a bailar con el anfitrión, sus manos sobre mi cintura no me son desagradable y disfruto del baile, todo el tiempo siento que me están quemando con la mirada y más cuando la mano de mi pareja baja mas de lo cordialmente establecido, pero no pasando a lo pervertido o grosero.
— Nunca había conocido a una mujer de negocios tan joven Srta. Mcklain —le sonrío complacida.
— Me gusta ser única y encuentro satisfacción en lo que hago, como lo hago y con quien lo hago. — ríe un poco nervioso y yo disimulo una sonrisa. Desde afuera parece que estamos teniendo una conversación muy cómplice y eso es exactamente lo que quiero, que Fabrizzio vea. Tengo curiosidad por lo que pueda hacer o si solo se quedará todo la noche observándome.
— Perdóneme Sra. Mcklain, por mi mente un poco perversa, pero es que es difícil no imaginarse cosas con lo que acaba de decir. De nuevo pido perdón. —río de verdad y lo miro incrédula.
— ¿Me esta pidiendo perdón por tener pensamientos obscenos conmigo? — niego con la cabeza sonriendo. — Por favor dígame de que planeta lo trajeron porque aquí en la tierra hace falta más como usted.
— Carlos, llamame, Carlos, Sr. Santoro es mi viejo padre y que me llames así me hace sentir viejo.
— Entonces llámeme, Marie, Srta. Mcklain no me hace sentir vieja pero ya que me ha visto desnuda en su imaginación ¿para que las formalidades? —nos pasamos un buen rato riendo y hablando de cosas triviales olvidándome de Fabrizzio. Resulta que Carlos es muy interesante y me agrada su personalidad. Unas manos se posan en mi cintura y me atraen hacia él chocando mi espalda con su pecho.
— Siento la interrupción tan abrupta, pero surgió algo que es de vital importancia. —dice Fabrizzio a Carlos, este está un poco desconcertado por la forma brusca de Fabrizzio de interrumpir, no muy convencido me mira y yo asiento para decirle que todo está bien.
— Ok, te veo luego Marie. —asiento sonriendo, se aleja y yo me giro hacia Fabrizzio, lo miro con mala cara.
— Se puede saber ¿cuál es la urgencia? —quito sus manos de mi cintura, pero él las vuelve a poner.
— No aquí. —me lleva a la segunda planta de la casa, abre una de las habitaciones.
— No podemos estar aquí, no es tuya para entrar a donde te dé la gana. Fab…—me interrumpe rompiéndome el vestido por el escote hasta la cintura, quedo desnuda cuando me lo acaba de quitar, no me cubro porque ¿para qué?
— ¿Se puede saber que mierda te pasa? — le grito y cierra la puerta con seguro. Se quita el saco y la camisa, veo su pecho subiendo y bajando, contrayendo los músculos, subo mis ojos hacia su cara y me mira como un felino cazando a un ratón. Se quita el cinto y de un momento a otro pienso que me va a dar con él, pero lo lanza a uno de los asientos al otro extremo de la habitación.
— Me pasa que no me da la gana de que te coqueteen, de que te toquen… —me toma de la cintura y me deja en la cama de forma brusca, todavía lo veo incrédula. —no quiero ni que te miren, ¡¡eres mía!! —va a subirse sobre mí, pero se detiene y se aleja, arrasa con una mano las cosas que había en unas de las lujosas cómodas, ripia una cortina, tumba una mesa de cristal haciéndola trisas, uno de los vidrios se me incrusta en la pierna, hago una mueca por el escozor, nada grave, solo un pequeño corte, se me queda mirando y yo no me atrevo ni a hablar. ¿Qué coño pasó?
— Yo… yo lo siento. —dice mirado lo que había hecho, se arrodilla y me mira la pierna. Se queda unos segundos mirando la pierna. — Marie realmente lo siento…—susurra, se le ve angustiado.
—¿Cuándo me vas a follar? —mi voz salió ronca, me mira incrédulo, pero con una chispa de perversión. —Odio que me hayas…—me paro y él se levanta junto conmigo, le quito el cinturón y dejo que su pantalón caiga. — …roto el vestido solo por tu rabieta de niño celoso…Ahora tienes que pagar por ello.
—Marie… siento mucho, yo…
—Shh…—hago que se siente en la cama y le quito la corbata, la cual utilizo para amordazarle. —no te disculpes, me enciende un montón que estés en modo cavernícola. — le bajo el bóxer y me recreo dando masajes a su miembro medio erecto. Mojada como estoy me subo sobre él y despacio bajo metiéndolo en mi interior.
—Mmm…Eso se siente bien… ¿no es cierto? —le susurro al oído, sus manos aprietan mis nalgas y hace que se introduzca más profundo. Le quito la mordaza, lo beso y le amarro las manos poco a poco, con su ayuda subo sus brazos por arriba de su cabeza y lo ato a la cabecera de la cama. Acelero el ritmo de mis caderas y su polla da justo donde tiene que dar. Se construye en segundos mi orgasmo. Gruñe alzando las caderas y sé que esta a punto de venirse, lo saco de mi interior, y me paro de la cama. Sus ojos están nublados de lujuria y su miembro parado embarrado de mis jugos. Beso su estómago, me pongo el vestido roto y por arriba el saco de Fabrizzio.
— ¿Qué coño haces? —pregunta con voz ronca.
— ¿Qué crees que hago? —lo miro y le sonrío, me acerco a la cama y le subo el bóxer, no que haya aminorado su bulto, pero si alguien entra que no lo vea como dios lo trajo al mundo. — Me voy cariño. Puede que me existe tu modo cavernícola, pero ten en claro algo, coqueteo con quien yo quiera, me follo a quien yo quiera, y tú no tienes nada que decir respecto a eso. No eres mi dueño así que no actúes como tal.
— Marie…—suena como una amenaza, la cual callo con mi boca, paso mi mano por su bulto y gruñe.
— Me gustas como follas, realmente lo hago, mejor para ti si aceptas que solo puedes tenerme cuando yo quiera y como yo quiera, no cuando a ti te apetezca. —gruñe y forcejea con las ataduras.
— ¡Desamárrame! —rio.
— ¿Para qué? Para que me folles como un troglodita y me azotes por ser mala. —me mojo de pensar eso.—mmm… eso no estaría nada mal… pero no aprenderías la lección que trato de enseñarte. Así que nos vemos luego cariño.
Me voy de la habitación no sin antes guiñarle y lanzarle un beso. Salgo de la fiesta lo mas inadvertidamente posible, siempre hay miradillas inoportunas, pero nada del otro mundo, mis padres no los he visto y mejor así, subo a la limo y voy directo a mi casa. Todo el camino me la paso riendo, llego y voy directo a mi cuarto, me quito todo y me acuesto en la cama. Reviso mi celular y tengo solo un mensaje de su parte. “Mi Turno.”
*****
Fabrizzio
—Te veías sexy así…¿quién lo creería? Todo atado y como una papa caliente. —se burla Evans. Lo miro con cara de pocos amigos.
— Calla que no es gracioso. —me pongo el cinturón de seguridad del auto de Evans. Esa pequeña insolente me las va a pagar. Gracias a una mucama pude avisarle a Evan que viniera a desatarme, Marie ató bastante fuerte la corbata, cosa que me sorprende para lo menudita que es. Suspiro mirando el celular, le mando un mensaje porque quiero que me vea venir, este juego lo quiero ganar y no pararé hasta lograrlo. ¿No tienes dueño? …bien, ya aprenderás a tener uno, y tendrás que lidiar con eso.
Llamo a la doc. —¿Cómo está ella?
— Eres una animal, está muy lastimada y no podrá tener sexo en un buen tiempo, al menos un mes y medio. La inflamación vaginal es muy prominente y tendrá dolores por unas semanas…—la interrumpo.
— Como sea, manda la factura y has que se cure. Iré en esta semana para mi vacuna. —cuelgo.
— ¿Que pasó esta vez?
— Nada, cosas que no tienen importancia. —cierro los ojos y le doy un puñetazo a la guantera. — ¡Merda!
— Fabrizzio, controla tu mierda de temperamento que es mi auto, no es su culpa que te hayan dejado atado y con el mástil a toda vela. — noto que Evans trata de no reírse, pero al final se da por vencido.
— Me la voy a cobrar, esto no se queda así. —susurro mirando la ventana, aprieto mis puños, estoy que hecho humo. La humillación que sentí no será nada con lo que te haré.
Evans me deja en mi apartamento, al llegar mi mucama Graciela me tiene preparada la cena, al sentarme en la cena tocan a la puerta. Me quedo con la cuchara en la boca al verla en frente de mí.
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Espero q les haya gustado..😉 no olviden la estrellita🌟 🙃
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Loca Por Un Mafioso©
Romance⭐Trilogía Obsesión.❤ Libro II Independiente del primero, por lo que no es necesario que lo leas en orden. ⚜⚜⚜⚜⚜⚜⚜⚜⚜ Ella es loca, sin filtro y segura. Él es controlador con un carácter de mierda y una bestia dentro. Fue el prime...
