Capítulo 21

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New Orleans, Luisiana. (Cabaña Mcklain)

Marie

Siento caricias sobre mi espalda, se traslada hasta la parte abaja y vuelve a subir haciendo que se retuerzan los dedos de los pies. Suspiro, giro quedándome bocarriba con los pechos al aire, pero aun con los ojos cerrados. Siento unos besitos en cada uno de ellos lo que me hace sonreír.

—Has cavado tu propia condena, si de ahora en adelante no me despiertas así, las consecuencias serán terribles. —su risa ronca retumba en mi estómago mientras sigue dándome besitos por todo el lugar.

—Mi placer despertarte así cada que pueda. —me siento en la cama obligándolo a que haga lo mismo. Le beso mordiendo ligeramente el labio inferior.— Marie...

—Lo se...tomar las cosas con calma. —pego mi frente a su pecho. —No queremos que me ponga histérica como la ultima vez, perdón por eso.

—No es tu culpa, tu cuerpo solo está tratando de defenderse porque tu cerebro no ha asimilado completamente lo que pasó.

—¿Cuánto se tarda en asimilarlo? Soy una ninfómana y mi propio cuerpo me está matando, literalmente. —me besa con una sonrisa.

—No seas dramática, que hemos explorado algunas cosas divertidas. —sonrío. —que son de mucha ayuda. —asiento mordiéndome el labio. Quita la sabana del medio y mete su cabeza entre mis piernas, cierto los ojos cuando su boca hace contacto conmigo, una de mis manos va hacia mi pecho apretando y estirando.

Sus manos me giran y quedo montando a horcajadas la boca de Fabrizzio, me empiezo a mover emitiendo sonidos mientras sus manos remplazan las mías en mis pechos. Siento su lengua meterse dentro, fuera y recorrer todo el trayecto de la entrada de mi vagina hasta mi clítoris, lo repite sin perder el ritmo, siento como se construye un orgasmo y exploto en su boca.

Me acuesto a su lado mientras me saborea en su boca. Recupero la respiración poco a poco mirando hacia el techo. Saboreando el dulce amargo de la realidad de la situación. Mi cuerpo está en abstinencia por un pene y mi cerebro no me deja tener un pene dentro.

Te estás autosaboteando, estúpido cerebro.

Pienso mientras Fabrizzio deja un beso en mi frente y se levanta para vestirse. Está divino para un buen sexo mañanero, pero si cediéramos a tener sexo lo más probable es que me ponga histérica. Mi cerebro no soporta tener a nadie sobre mí, me entra fatiga, falta de aire y me vienen todos esos malos recuerdos de aquel día. Había pasado casi dos meses y según Fabrizzio estaba llevando la situación muy bien, me había advertido que podía derrumbarme de nuevo como esa noche cuando me sostuvo en sus brazos y lloré un océano entero.

Habíamos comenzado con besos, manitas por aquí y manitas por allá, nos pasamos un día entero en un spa, me divertí muchísimo por las caras que ponía de tortura porque se notaba que estaba ahí por mí y si pudiera hubiera derribado el edificio entero. De meternos manos habíamos pasado a sexo oral a diestra y siniestra lo que me dio confianza para dar el siguiente paso, cuando lo sentí sobre mi todo lo malo vino a mi cerebro y comencé a golpearlo gritando como una loca que no me tocara y que se apartara. Terminé hecha una bolita temblorosa y llorosa pidiendo perdón. Su respuesta a todo aquello fue: —Todo está bien, Marie. Es algo normal. Es por eso que tenemos que tomar las cosas con calma. No hay apuro.

Siento un peso pequeño hundirse en la cama, sonrío al ver a mi hijo precioso.

—¿Cómo se levantó mi precioso? —le doy mimo a Pudin quien saca su lengua y juguetea en las sabanas.

—La cosa no te va a responder. —le saco la lengua a mi dios italiano.

—No seas envidioso, Pudin nos quiere a los dos por igual. —me levanto de la cama y me pongo la bata. — Y no es la cosa, vas a traumar al pobrecito, es nuestro hijo. —me adentro en mi armario que ya tenía una sección de trajes para él y le arreglo el cuello con la corbata. —Estas comestible.

Loca Por Un Mafioso©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora