En la vida de Jay, habían muchos días especiales, cumpleaños, cuando conoció a Jungwon, sus salidas con sus amigos,...
Pero estaba seguro de que ese día era el más especial de todos, escuchar el sonido de las olas mientras su madre le ayudaba a preparar algunas cosas para aquel acontecimiento tan especial, le hacía sentir extraordinariamente contento y nervioso.
Se iba a casar con Jungwon, con el amor de su vida, aún pensaba que todo estaba siendo un sueño y que sólo estaba haciendo las preparaciones para uno de sus cumpleaños, pero realmente se iba a casar con Jungwon, iba a poder decir que Yang Jungwon era su esposo y el chico con el que quería pasar el resto de su vida.
— Cariño, ¿dónde pongo las flores blancas?— dijo su madre cuando Jay se acercó un poco para ayudarla.
— Ponlas por aquí mamá, a Jungwon le gustará mucho.— respondió con una notable sonrisa en su cara.
Su madre soltó un leve sollozo mientras se lanzaba a los brazos de su, no tan, pequeño hijo.
— Dios mío Jonggie, hace dos días aún eras un bebé que se caía cuando caminaba y ahora...ahora estás a punto de casarte, ¿cuando creciste tanto?— Jay separó a su madre de él para luego darle un pequeño beso en la frente y secaba las pequeñas lágrimas que se formaban en sus ojos.
— Mamá, aún no se si he madurado tanto como debo, pero déjame decirte que trataré de asumir toda la responsabilidad de formar una familia.— hablo Jay tratando de brindarle a su madre una muestra de calidez.
Su madre fue a responder, hasta que la alarma del reloj de Jay comenzó a sonar, alarmandolo enseguida.
— ¡Diablos! ¡La boda es dentro de una hora! Mamá te dejo, debo ir a cambiarme y a buscar la tarta, ¡te quiero!— exclamó Jay mientras corría hasta su coche, suspiro y una tonta sonrisa se escapó de sus labios.
Una hora para casarse con Jungwon.
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— ¡Jungwon! ¿Donde diantres te has metido? ¡La boda es dentro de una hora y no te has preparado!— grito Sunoo mientras buscaba a su amigo por toda la casa, encontrándolo ya vestido con el precioso traje blanco que habían elegido tan solo hace dos semanas atrás y un suave color carmesí pintando sus mejillas y una linda sonrisa en su rostro.
— Oh, Sunoo, me he adelantado un poco, ¿que tal estoy?— pregunto Jungwon contemplando como su amigo seguía boquiabierto contemplándolo.
— Jungwon, estás perfecto, seguro que a Jay le da algo mientras estén ahí.— ambos rieron por lo dicho último.— Ven, te hago un lindo peinado.— Jungwon fue hacia Sunoo, quién agarró un cepillo y comenzó a peinarle su suave y lindo cabello negro, haciéndole una pequeña coletita y adornando un poco con bonitas flores.
— Sunoo, estoy nervioso.— dijo Jungwon cuando ambos bajaron a la sala de estar, viendo que no faltaba casi nada, tan solo unos veinte minutos antes de la boda.— Muy muy nervioso.—
— Wonnie, Jay te ama con locura y estoy seguro que te dará el sí, todo saldrá bien, ¿de acuerdo?— Jungwon asintió, dándole una pequeña sonrisa.— ¡Vamos a comprar las flores!—
Salieron para ir a la floristería y comprar un precioso ramo de margaritas y algunas rosas blancas, las favoritas de Jay.
Y cuando ya llegaban al lugar, la madre de Jay corrió hacia Jungwon para evitar que su hijo lo viera, llevándole al salón de actos que habían alquilado.
