La Calma después del caos
DEDERICK
El estruendo metálico que cae al suelo me arranca de un sueño profundo. Me llevo las manos a la cabeza, aún adolorida, y entreabro los ojos. No hay monitores ni olor a desinfectante. No estoy en un hospital. ¿Por qué no? Qué desconsiderados... Estoy en casa. En mi habitación. La misma en la que la vi por primera vez.
Y, para ser sincero, me siento mejor. Mucho mejor. Mi cuerpo está más ligero, menos tenso. Me incorporo con esfuerzo y bajo a la sala; necesito saber cómo está Connor. También estoy listo para el regaño. Me lo gané.
Todos están ahí. Sam tiene unos rasguños pequeños en el rostro, igual que yo. Nos duele el cuerpo, pero estamos enteros.
—Buenos días...
—Buenas tardes, querrás decir —murmura mi padre, con ese tono que hiere más que un grito—. Hijo, tu madre está furiosa. Contigo. Conmigo. Y como siempre, si ella lo sabe... lo saben todos allá. Apenas estemos reunidos, decidirá tu castigo. Entiendo tus motivos, pero te pusiste en peligro. Los pusiste a todos.
Asiento en silencio. No hay excusas que valgan.
—¿Connor está bien?
—Sí. Se golpeó la cabeza al caer, quedó inconsciente por el impacto, pero fue superficial. Lo atendieron, despertó a las horas, y le dieron de alta poco después. En tu caso, fue la mezcla de estrés, falta de sueño... y el susto.
Suspiro, aliviado.
—Ahora entiendo por qué me siento menos cargado... Saber que él está bien me da paz —digo, en voz baja. Luego, como si una espina me atravesara—. ¿Y Mauro?
—Está fuera de peligro. Recuperándose. En unas semanas será trasladado con los demás. Tendrán juicio. Y pagarán.
Solo asiento. No quiero pensar en eso. No hoy.
—¿Quieres ir a verlo?
La pregunta me toma por sorpresa. Pero mi decisión ya está tomada. Niego con firmeza, o eso es lo que quiero creer de momento.
Mi padre me dedica una sonrisa sutil. Me entiende. El resto guarda silencio, hasta que Erick lo rompe.
—¡Joder, Dederick! ¡Debiste avisarnos! —dice, con esa mezcla de miedo y alivio que se atraganta en el pecho—. Llegamos cuando ya estabas en el suelo, inconsciente.
—Sí, carnal —agrega Raúl, dolido—. Nos mentiste. Nos dejaste atrás.
—¡Eso! Te conocemos de memoria. Y aún así... ¡Nos la creímos! Eres un mal primo —añade Jhy, con tono entre bromista y herido.
Me duele decepcionarlos. Pero no podía arrastrarlos a esto. Ni siquiera Sam debió estar ahí. ¿Qué se creen? ¿Un escuadrón entrenado? Esto no era un juego.
—Si hubiéramos ido todos, habría sido peor —digo, firme—. Nada fue planeado. Sam apareció por su cuenta. Pero de verdad... gracias por estar. Por venir. Con solo verlos aquí, me basta. Tuvimos suerte de salir apenas con rasguños.
—En eso tienes razón, hijo —interviene mi padre.
—Voy a ver a Connor... y hacer unas llamadas —anuncio.
—Amigo... no querrás hacer esa llamada —dice Sam, levantando una ceja. Y entonces lo entiendo. Ella ya se enteró.
—No importa. Debo enfrentarla.
—Bien. Pero deja que sea yo quien te diga esto antes que tu padre por si un día decides verlo —dice, bajando la voz—. Nos agarramos feo. Yo tardé en caer, estaba tranquilo... hasta que vi el arma. Te juro que en ese momento, sentí que era un fantasma. Lo esquivé, lo golpeé, y caí junto con ustedes. Todo fue tan rápido... Quizá no iba a dispararme porque al fin y al cabo nos salvó, pero bueno, mis nervios..
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Dederick ©
JugendliteraturMelody tiene una vida monótona, de la casa al instituto y viceversa. Pero... ¿Qué pasaría si en busca de algún chisme en YouTube se topa con un trío de influencers, y uno en particular le parece carismático y atractivo? ¿Y si se lo muestra a sus ami...
