Comienzo a abrir mis ojos de a poco. Siento pesadez en ellos, como si hubiera dormido una eternidad. La luz se mezcla con mi visión borrosa. Mi cuerpo está adolorido; escaneo la habitación y, de repente, un sobresalto me hace reincorporarme.
Mal movimiento: la aguja en mi vena me recuerda que no puedo moverme demasiado.
—¡Auch! ¡Estoy en un hospital! —grito para mí misma.
No hay nadie alrededor. Mi mano sangra un poco y el dolor se intensifica al mirarla.
—¿Qué es esto? ¿Por qué estoy aquí? ¿Dónde están Dederick, mi mamá, Sam, los chicos? —susurro entre lágrimas y miedo.
La puerta se abre y entra una enfermera, asustada por mi mano. Apenas unos cuantos hilitos de sangre, pero me siento vulnerable. Sale disparada y, en segundos, regresa acompañada del doctor y de mi mamá. Verla me llena de un alivio tan profundo que siento el vacío dentro de mí empezar a ceder.
—Hija, hija… ¡por Dios! Estaba muy preocupada. Samuel y Ally están en camino —me besa la coronilla y me envuelve en un abrazo cálido, maternal, donde todo miedo desaparece. Yo correspondo con igual fuerza.
—Ma-mamá… —mi garganta está seca, dolorosa.
—Shh, no hables, mi niña. Necesitas agua. —Toma un vaso y me lo acerca. —Cuidado con tu brazo, hija.
Bebo despacio, dejando que el líquido calme un poco mi garganta y mi ansiedad. El doctor se acerca, serio al inicio, pero una sonrisa de alivio ilumina su rostro al verme despierta.
Quiero ver a mis amigos. Quiero ver a Dederick.
—Mamá, haz que pasen los chicos.
—¿De qué chicos hablas, Melody?
—Itala, Juliana, Jhy, Erick, Raúl… y Dederick. ¿No te suenan?
Mi mamá ríe con gracia, quizás por la emoción de que desperté, pero su seriedad regresa rápidamente.
—Hija, ¿estás bien?
—Claro que sí. Solo quiero verlos… siento que ha pasado una eternidad.
—Ellos no existen… y tus amigas vinieron por la mañana—dice con un hilo de voz. —No sé de qué hablas. ¿No recuerdas nada?
¡¿Qué?! ¡Cómo que los chicos no existen!
Mi ansiedad sube.
—¿Cómo que no? ¿Qué me sucedió?
Suspira, pesado, pero sus ojos transmiten calma y arrepentimiento.
—Fue el día que te llevé al instituto. Dijiste que regresarías en el autobús y yo… confié. Llegué temprano a casa y no estabas. Por las noticias me enteré del accidente, justo donde cruzas los carriles. Tu cabeza… —solloza— había sufrido mucho.
Toco mi cabeza y siento la cicatriz; un hueco donde antes había cabello.
—Un espejo… necesito verme…
—Ya estás sana. Estuviste cinco meses en coma. Nunca perdí la esperanza y… aquí estás mi pequeña.
Lágrimas ruedan por mis mejillas. Todo lo que viví en mi “sueño” parecía tan real: amigos, amor, aventuras… aunque no existieran, dejaron emociones que ahora me llenan de gratitud y nostalgia.
—Tranquila, hija. Estoy aquí.
La enfermera aparece con una inyección; mi corazón se encoge. Me recuesto y siento sueño, solo quiero descansar y asimilar que la realidad, aunque dura, también tiene su lado hermoso.
★★★
Me despierto de golpe, gritando. Siento unas manos fuertes rodearme.
—Amor, ¿qué te pasa, preciosa? —Dederick. Es él.
Me abrazo a él, fuerte, casi asfixiándolo.
—Dederick, casi muero…
Ríe suavemente, trazando círculos con su dedo en mi hombro desnudo.
—Tranquila, amor, le harás daño a nuestro hijo. —Coloca su mano sobre mi vientre. —Mira cómo se mueve.
Ah, sí… estoy de seis meses. Mi sueño fue tan real que por un instante creí que había perdido todo: él, la familia, los amigos. Pero ahora, aquí, nada más importa que este presente.
—Es tu culpa —dice con su ceja arqueada, luego sonríe con ese gesto que derrite mi corazón.
—¿Mi culpa? —pregunto.
—Pusiste esa película espantosa solo para complacer a nuestros amigos y al lerdo de tu hermano.
Río entre lágrimas. Le cuento sobre mi sueño, cada detalle. Si casi igual que en esa película de terror. Él escucha, fascinado y divertido.
—Hoy veremos a nuestro pequeño campeón —susurra, mientras acaricia mi vientre junto con mis manos. Siento sus movimientos, su fuerza, su vida.
Dederick, emocionado, toma una foto de nuestro pequeño milagro rodeado de nuestras manos, la publica y recibe felicitaciones de todos. La felicidad que siento es indescriptible.
—Sí, estoy muy emocionada, amor —susurro, viendo sus ojitos verdes cerrarse mientras duerme.
—Esposo mío, hermoso, precioso… Cántanos algo, tu hijo quiere escuchar tu voz —le digo, besando sus labios.
—Eso es chantaje, preciosa —responde—, pero lo haré. Ver tus ojos brillar así es un regalo, Melody.
Él me besa el cuello, recorre mi espalda con suavidad, y siento la vida crecer dentro de mí, nuestro hijo, la promesa de un futuro lleno de amor.
Miro por la ventana y la luz del sol entra lentamente. Una brisa mueve las cortinas y parece susurrar nuestra historia. Todo lo que soñamos… y todo lo que realmente tenemos.
—Todo estará bien —susurro para mí, mientras acaricio mi vientre, abrazo a Dederick y le cantamos una canción a nuestro pequeño.
No necesito más. La vida nos ha dado todo lo que importa: amor, familia y esperanza. Y eso… eso es eterno.
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Dederick ©
Teen FictionMelody tiene una vida monótona, de la casa al instituto y viceversa. Pero... ¿Qué pasaría si en busca de algún chisme en YouTube se topa con un trío de influencers, y uno en particular le parece carismático y atractivo? ¿Y si se lo muestra a sus ami...
