Más tarde, ocupé la parte posterior del coche. Le dediqué una leve sonrisa a Harry al entrar.
Ben ocupó el asiento que estaba a mi lado, pero no abrió la boca durante todo el trayecto. A penas me miró. La sensación punzante crecía por momentos en mi pecho, ahogándome a medida que pasaban los minutos y llegábamos a nuestro destino.
Una vez allí, se encerró en su habitación sin musitar palabra alguna. Tras meditarlo un rato, decidí intervenir. Si tenía algún problema conmigo, tendría que decírmelo a la cara
Golpeé la puerta de su habitación con el corazón en un puño. Abrió al cabo de unos segundos, recibiéndome con aquella mirada gélida, vestido sólo con un pantalón de pijama.
Me indicó que pasara con un gesto de barbilla, así que cerré la puerta y entré. Estaba hablando por teléfono, respondiendo a su interlocutor solo con monosílabos, dando vueltas por la estancia mientras lo hacía. Parecía nervioso, con la postura rígida.
Creí que sentarme en la cama resultaría ser algo violento, por lo que me quedé allí de pie mientras esperaba, jugando nerviosamente las puntas de mi pelo para distraerme.
Tras colgar, se cruzó de brazos y me dirigió una mirada inquisitiva, fría como el hielo.
—¿Tienes algo que decirme? — preguntó tras unos instantes de un tenso silencio.
Me quedé sin palabras, rígida en mi posición, desconcertada ante el tono amargo de sus palabras.
—¿Tienes tú algo que decirme?
Sin dejar de mirarme, descruzó sus brazos, se irguió y comenzó a desplazarse en mi dirección. Parpadeé y fruncí las cejas mientras veía como se acercaba. Una sensación desconcertante se apoderó de mí al ver la forma en la que me recorrían sus ojos.
Siguió aproximándose y retrocedí un paso. Mi espalda topó con la puerta. Su mirada se tiñó de deseo mientras apoyaba las manos contra la superficie, atrapándome entre esta y su cuerpo.
Me apartó el pelo de la cara con lentitud. El frío metal de sus anillos entró en contacto con la piel cálida de mi rostro y sus pupilas se clavaron en las mías. Se inclinó y su boca quedó a la altura de mi oído; su respiración chocó contra mi mejilla y su fragancia me abrumó por completo.
Sentí el contacto de sus labios recorriendo mi cuello y me estremecí. El instinto hizo que posara las manos en su pecho cálido, algo confundida ante su comportamiento. Esparció sus besos por mi garganta en un recorrido húmedos, ascendiendo hasta topar con mi mejilla. Me dirigió una mirada hambrienta antes de conectar su boca con la mía, agarrándome por la nuca al hacerlo.
Me besó con firmeza, exigente, dejándome aún más desconcertada si cabía. Dejé mis manos apoyadas en su torso sin saber muy bien qué hacer con ellas. Al abrir la boca en busca de aire, su lengua se coló en ella, rozando la mía sin miramientos, arrebatadora, haciendo que perdiera el equilibrio de manera momentánea.
Se separó de mí al cabo de unos segundos, echando la cabeza para atrás lo suficiente como para dirigirme una mirada punzante y encendida a partes iguales. Sonrió de manera cínica mientras su pulgar trazaba el contorno de mi boca, hinchada por el beso.
—¿Has venido en busca de esto?
Me quedé de piedra. Antes de que pudiera formular respuesta alguna, sentí su boca sobre la mía de nuevo. Posó sus manos en mi cintura, dejando que una de ellas bajara por mi espalda hasta agarrarme el trasero, atrayéndome y haciendo que nuestras pelvis chocaran.
No correspondí el gesto, algo aturdida ante su conducta. Sentí la presión de su creciente erección contra mi vientre y se me heló la sangre en las venas. Eso me hizo reaccionar y coloqué las manos en sus hombros, empujándolo, notando las primeras holeadas de ira instalándose en mi cuerpo como consecuencia de su comportamiento.
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Efecto Hardwicke [2]
RomanceCuando ese atractivo cantante le propone fingir estar en una relación, Gala no lo tiene nada claro. Puede que el hecho de que él no deje de insinuar que la quiere en su cama sea una señal para que acepte. ****** Inicio: 26/04/21 Finalización: 15/09...
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