Llené el vaso de tequila por enésima vez antes de verter su contenido en mi boca. Noté como se deslizaba por mi garganta. Su fuerte sabor me había quemado las dos primeras veces, pero el ardor había disminuido a medida que había seguido bebiendo.
Peter me observaba desde el otro lado del salón de su casa, sentado en un sillón, con los brazos apoyados en sus rodillas y el rostro entre sus manos. Había venido a por mí hacía un par de horas. Tras ver mi expresión atormentada, no había osado rechazar la idea de ahogar mis penas en alcohol y me había entregado la botella.
Vivía justo encima de un bar, por lo que la variedad de alcohol a elegir era amplia.
Al cabo de un rato, lo vi levantarse con los ojos empañados por la preocupación y me quitó la botella justo antes de que pudiera servirme otro trago. Fruncí las cejas y le dediqué una mirada poco amigable. Extendí el brazo en su dirección en un intento vano de que me la devolviera.
— ¿Por qué no me dices qué ha pasado?
Al ver que no dejaría que siguiera bebiendo, resoplé y me dejé caer contra el respaldo del sofá.
No había llorado después de la llamada. Había logrado mantener mis emociones a raya durante todo el trayecto en coche hacia su casa. Sin embargo, sabía que si hablaba del tema no lograría frenar el dolor.
Pero era muy consciente de qué Peter se merecía una explicación. Al fin y al cabo, lo había sacado de la cama un domingo por la mañana sin que viniera a cuento. Y él había venido sin hacer preguntas, apenas sin conocerme de nada.
Balbuceé un débil y rápido resumen sobre lo que había pasado esa mañana con la mirada clavada en mis manos. Me sentí orgullosa al percatarme de que había conseguido no llorar al acabar de hablar.
— Creo que deberías de hablar con él— me dijo al cabo de unos minutos—. Dicen que hablando se arreglan las cosas.
Lo enfrenté con la mirada y hallé comprensión en el reflejo de sus ojos.
— ¿Y si no hay nada que arreglar?
Posó su mano en mi hombro y lo apretó en un intento de apaciguar el torbellino de emociones que debió de percibir en mi respuesta.
— Creo que necesitáis esta conversación. Ya sea para arreglar las cosas, o para zanjarlas para siempre.
A pesar de la brusquedad de sus palabras, sabía que hablaba desde la preocupación. Había aprendido que era una persona tan callada como directa. Solía hablar poco, pero cuando lo hacía no dudaba en expresar exactamente aquello que pensaba.
Me incliné en su dirección y rodeé su torso con los brazos, dejando que mi rostro reposara contra su pecho. Sentí como se tensaba, pero finalmente sucumbió al abrazo y me estrechó contra su cuerpo. Lágrimas traicioneras emborronaban mi visión.
— Gracias — susurré al cabo de unos minutos, echándome para atrás y liberándolo—. Eres un buen amigo.
Sus ojos azules me devolvieron una mirada sincera y me sonrió con amabilidad.
******
Eran las seis de la tarde cuando crucé el umbral de la puerta de casa de Abby. Peter me había obligado a comer algo y a beber agua antes de llevarme hacia allí. Aun así, sentía el estómago revuelto por la cantidad de alcohol que había ingerido.
Abby yacía de pie cuando llegué a la sala de estar. Sus facciones tensas se relajaron al verme. Corrió hacia mí y me abrazó.
— Acaba de llegar— dijo entonces. Estaba hablando por teléfono—. ¿Hola? — añadió—. El muy capullo me acaba de colgar.
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Efecto Hardwicke [2]
RomanceCuando ese atractivo cantante le propone fingir estar en una relación, Gala no lo tiene nada claro. Puede que el hecho de que él no deje de insinuar que la quiere en su cama sea una señal para que acepte. ****** Inicio: 26/04/21 Finalización: 15/09...
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