Capítulo 43

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La puerta se abrió antes de que pudiera meter la llave en la cerradura. Un torbellino de pelo pelirrojo y un cuerpo menudo me rodeó el torso y solté una carcajada, intentando no perder el equilibrio.

—Yo también me alegro de verte— mascullé.

Marina me soltó y me enfrentó con aquella mirada soñadora que la caracterizaba. Me tomó de la mano y me hizo cruzar el umbral de la puerta, quitándome la maleta y dejándola en un rincón del recibidor.

— Quiero que me lo cuentes todo.

Me quité el abrigo en silencio absoluto, completamente exhausta. Había ido directa al trabajo tras aterrizar en Londres. Por suerte, había sido una tarde muy tranquila. Había conseguido mantenerme despierta a base de café y de la constante conversación de Dafne.

— Prepárame la cena y contestará a todas tus preguntas— dije, hallando la excitación en las azules pupilas de mi amiga.

— Dame un minuto.

Recuperé mi maleta y me dirigí hacia mi habitación. Me encerré en el baño justo después. Decidí que darme una ducha era la mejor opción si quería deshacerme del frío y del cansancio.

Al cabo de un rato observé mi móvil, sintiendo la decepción al comprobar que no había ningún mensaje nuevo. No había tenido noticias de Ben en todo el día. Seguramente estaría descansando. Habían sido dos días frenéticos.

Dejé el dispositivo en mi habitación y me encaminé hacia la cocina, ya con el pijama puesto. Entré justo cuando Marina estaba colocando dos platos encima de la mesa. La cena consistía en una tortilla francesa con una ensalada de tomate y cebolla.

— Que buena pinta — musité mientras ocupaba una silla—. Me muero de hambre.

Contesté a todas sus preguntas mientras cenábamos, compartiendo con ella todos aquellos detalles que sabía que la haría ilusión saber.

— Me emocionó mucho el discurso de Roger— admitió al cabo de un rato mientras nos dirigíamos a la sala de estar con una infusión entre las manos.

— A mí también— convine con una sonrisa, dejándome caer en el sofá. Ella hizo lo mismo a mi lado—. Las cosas cambiarán ahora que él y Abby van a ser padres.

Vi el pánico en sus pupilas y me mordí el labio inferior. Me golpeé mentalmente ante lo que acababa de revelar. Aquello era confidencial.

— ¿Por qué lo dices?

— Por nada— me apresuré a contestar, sintiéndome un poco mal ante la mentira—. Pero no creo que puedan estar tan activos con un bebé de por medio.

El sonido del telefonillo interrumpió nuestra conversación y le dirigí una mirada inquisitiva. Marina se levantó con la misma expresión confundida en el rostro. Contestó al telefonillo y la observé desde el sofá, notando como los ojos se me iban cerrando por momentos. Regresó a los pocos segundos, con una sonrisa expectante extendida en su rostro.

— Ben está subiendo— susurró con pillearía, alzando las cejas mientras hablaba.

Un leve cosquilleo se apoderó de mi estómago y sentí como mis mejillas se sonrojaban ante el escrutinio de su mirada.

Me levanté y me encaminé hacia la puerta, abriéndola y encontrándome con la imponente figura del aludido al otro lado. Iba vestido con ropa casual, la capucha de su chaqueta cubriendo su cabeza.

— Hola— susurró, rompiendo mi descarado escrutinio—. Siento presentarme tan de repente. Te he llamado, pero no has contestado—. Se mordió el labio inferior—. ¿Puedo pasar?

Efecto Hardwicke [2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora