Capítulo 40

12.3K 811 96
                                        

Me dejé caer sobre el sofá nada más llegar a casa. Abby hizo lo mismo a mi lado.

— Tienes muy mala cara— comenté, fijándome en la palidez de su rostro.

— Estar embarazada es una auténtica mierda— declaró, reposando la cabeza en mi hombro—. Nos dicen que es lo mejor que te puede pasar en la vida y hacen que idealicemos este momento como tal. No te hablan del cansancio constante, las náuseas y el hecho de que las tetas se te ponen como dos pelotas de futbol—. Me reí con ganas y pasé mi mano por su cintura—. No tiene ninguna gracia— se quejó, acomodándose mejor sobre mí, con la voz débil—. Antes me he quedado dormida en la butaca del probador y me he perdido tu discusión con Cara.

— No hemos discutido— declaré, nerviosa—. Me ha pillado de buenas y apenas he abierto boca. No cree que sea capaz de sobrellevar lo que implica relacionarme con gente como vosotros.

— No le hagas ni caso. No entiende que los chicos tienen una vida más allá de la banda.

Nos quedamos en silencio durante unos minutos. Mia había salido a comprar al supermercado y los chicos aún no habían vuelto de su prueba de vestuario. Cuando quise darme cuenta, Abby se había quedado dormida encima de mí.

Me quedé en esa posición, disfrutando de un programa de investigación criminal que echaban en la tele y con la rubia profundamente dormida sobre mi hombro. 

El brazo se me estaba quedando dormido cuando escuché que la puerta de la entrada se abría. Los miembros de Labor hicieron acto de presencia. Noté como la ternura se apoderaba de los ojos azules de Roger cuando vislumbró a su prometida.

— Será mejor que la lleve a la cama— masculló antes de cogerla en brazos y llevarla hacia su habitación.

Marc y Royce ocuparon los asientos a mi lado. Por otro lado, Ben nos dirigió una mirada divertida y se sentó en un sillón que estaba frente al sofá.

— Eres una auténtica camorrista, ¿verdad, Gala? — intervino Marc tras alborotarme el pelo con la mano y enfrentando con diversión la mala mirada que le lancé.

— No conozco a nadie que se haya enfrentado a Cara y que viva para contarlo— se carcajeó Royce.

— No me he enfrentado a ella.

— Eso no es lo que ella nos ha contado—. Marc dirigió su atención hacia Ben, que nos estudiaba con una sonrisa socarrona en los labios—. Benny ha salido en tu defensa y le ha puestos los puntos sobre las íes

— No es para tanto— rebatí, rodando los ojos y preguntándome que diablo les había dicho.

Mirándome directamente, el aludido se levantó y vino hacia mí, tendiéndome la mano cuando llegó donde estaba. Se la cogí, algo confundida, sintiendo las chispas saltando ante el roce de la yema de mis dedos contra los suyos.

—Es lo mínimo que podía hacer— masculló— . Cara tiende a pasarse de la raya.

La perplejidad no hizo más que ir en aumento cuando tiró de mí e hizo que me levantara, haciendo que chocara contra su pecho y perdiera momentáneamente el equilibrio. Me quedé sin aliento cuando su mano se posó en mi mejilla e hizo que lo mirara. Me perdí en el verde electrizante de sus ojos mientras observaba como su rostro se cernía sobre el mío. Sus labios rozaron los míos tenuemente. Permanecí con los ojos muy abiertos. El contacto fue breve, pero bastó para que un hormigueo me recorriera de la cabeza a los pies.

Las carcajadas de Marc y Royce no tardaron resonar por toda la estancia. Me sonrojé e hice al ademán de alejarme de la calidez de su cuerpo, pero él me rodeó los hombros con un brazo e impidió que abandonara esa posición.

Efecto Hardwicke [2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora