Hoy publico tres capítulos (casi) seguidos. 3/3 de la maratón.
Entré en la que había sido mi habitación durante las últimas semanas a sabiendas de qué aquella sería la última vez que estaría entre esas cuatro paredes. Me senté en la cama y mi mirada se perdió en el paisaje que ofrecía la ventana. Ya había oscurecido y las farolas alumbraban el patio exterior.
Mi móvil comenzó a sonar en el bolsillo de mi chaqueta. Era Marina. Me había estado llamando durante la última hora, pero la verdad era que no me sentía con las fuerzas de hablar con ella. Seguramente, ya me había visto compareciendo delante de los periodistas, informándoles de que yo y él ya no estábamos juntos cuando esas fotos fueron tomadas. Había sido breve, clara, concisa. No me había costado el hablar frente a las cámaras.
El adormecimiento no se me había pasado. Sabía que cuando eso ocurriera, no habría forma de parar el dolor; arrasaría con todo. Mientras tanto, ése estado me permitía aparentar tranquilidad, pero por dentro la angustia que sentía era cada vez más aguda. Tan solo esperaba no desmoronarme hasta que llegara a Madrid.
No me atrevía ni a pronunciar su nombre en mi mente. No podía evitar el pinchazo en el pecho al recordar las fotos con Megan. Solo quería retroceder en el tiempo, olvidar el hecho de que se hubiera metido bajo mi piel con la facilidad con la que lo había hecho.
No me debía nada. Jamás habíamos hecho promesas ni planes de futuro. Sin embargo, yo había construido un muro de esperanzas e ilusiones en mi cabeza. Y ese muro acababa de derrumbarse, rompiéndome en mil pedazos.
Cogí el móvil y le envié un mensaje a Marina, informándola de que estaría de vuelta en Madrid esa misma noche.
A continuación, busqué su contacto. Lo suprimí sin pensármelo dos veces. Ya no lo necesitaría de ahora en adelante. No quería tenerlo guardado. Había sido una ilusa y no borrarlo significaría tener la excusa, la tentación, de contactar con él. Y aquello no era una buena idea. Tenía que cortar por lo sano y seguir con mi vida, olvidarme de todo. Siguiendo el mismo razonamiento, tomé la decisión de dejar de seguirle en todas sus redes sociales.
Tras apagar el móvil, metí mis escasas pertenencias en la maleta, dejando todo aquello que no había traído conmigo el día que llegué a esta casa atrás.
Los regalos de Navidad que había comprado esa mañana seguían en las bolsas de papel. Cogí el regalo que le había comprado y lo dejé dentro del armario. El paquete llevaba una etiqueta con su nombre.
Salí de la estancia arrastrando la pequeña maleta y encontré a Abby de pie junto a la escalera. Me esperaba en pose nerviosa. Ella y Max me acompañarían al aeropuerto. Mia me había conseguido un vuelo de regreso a Madrid para esa misma noche, por lo que aterrizaría en Barajas a medianoche. No veía el momento de tumbarme en la cama de mi habitación y enterrarme bajo las sábanas hasta que dejara de doler.
—¿Lo tienes todo? — me preguntó, con una mueca de tristeza perfilando su rostro.
—Creo que sí— contesté, intentando sonreír—. Puede deshacerse de todo lo que he dejado en la habitación.
Se mordió el labio inferior y divisé como la pena inundaba sus facciones. Bajé la mirada, incapaz de lidiar con otro dolor que no fuera el propio.
—Se lo diré.
Llegamos al aeropuerto en menos de media hora. Max salió y sacó mis pertenencias del maletero mientras nosotras aguardábamos en el interior del vehículo. Mi mirada se encontró entonces con las azules pupilas de Abby, encharcados en lágrimas. Me tomó de la mano y la apretó. Llevada por la intensidad del momento, me desabroché el cinturón y la rodeé con los brazos.
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Efecto Hardwicke [2]
RomanceCuando ese atractivo cantante le propone fingir estar en una relación, Gala no lo tiene nada claro. Puede que el hecho de que él no deje de insinuar que la quiere en su cama sea una señal para que acepte. ****** Inicio: 26/04/21 Finalización: 15/09...
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