La voz profunda del cantante resonó en forma de reto en la estancia, haciendo que la piel se me pusiera de gallina. La tensión se podría haber cortado con un cuchillo.
—Que sepas que fui yo quién le dijo a Gala que no te dijera nada sobre la visita de Megan— expuso Mia, creciéndose en su lugar, nada intimidada por las miradas asesinas que le dirigió él a continuación.
—Esta es mi casa— replicó él, en tono cortante, dando un paso al frente—. Creo que tengo derecho a saber quién entra y quien sale.
La aludida resopló y dejó caer los brazos a ambos lados de su cuerpo, crispando sus manos en puños.
—No me puedo creer que no hayas aprendido nada durante todo este tiempo, Benjamin — masculló con resignación—. ¿No te das cuenta de qué todo este asunto no traerá nada bueno?
—Lo que sé es que ni tú ni nadie tiene derecho a tomar decisiones por mí. Estoy cansado de ser una maldita marioneta.
Su mirada gélida se posó en mí antes de abandonar la habitación echando humos.
—Maldito testarudo— espetó la aludida entre dientes—. ¡Recuerda que el vuelo sale esta noche a las diez!
La única respuesta que recibió fue un sonoro portazo.
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Arrastré las maletas por el aeropuerto y seguí al pelotón que formábamos. Los periodistas nos habían interceptado nada más llegar y Ben y yo ya habíamos fingido ser la pareja feliz que no éramos, por lo que ya había cumplido la única misión que tenía durante el vieja, que era ser fotografiados juntos.
Tenía que admitir que a pesar de que la situación era tensa me hacía ilusión visitar Los Ángeles. Ésa sería la primera vez que saldría de Europa y no pensaba permitir que nada estropeara ese momento.
Lo único que me intimidaba de aquella situación era que el vuelo duraba más de diez horas. La última vez que había volado también había sido en compañía de Ben. Me había prestado su iPod para que pudiera disfrutar de la música y que no pensara tanto en que estábamos a más de diez mil metros de altura.
—Tengo que ir al servicio— le dije a Abby, que también nos acompañaba.
Le entregué mi maleta y me encaminé hacia mi destino. Al entreabrir la puerta, me quedé pasmada al encontrarme a la imponente figura de Marc en el baño de mujeres. No tardé ni dos segundos en ver que estaba acompañado. Una chica rubia estaba apoyada en la pared de enfrente, observándolo fijamente. Su mirada abarcaba toda la tristeza del lugar y sus ojos auguraban una tormenta de lágrimas.
—Nos besamos — la escuché mascullar —. Pero ni siquiera me acuerdo. No significó nada para mí.
Entrecerré los ojos y la reconocí al instante. Su rostro había estado protagonizando las revistas del corazón de Inglaterra durante los últimos días, juntamente con el siguiente titular: La reciente conquista de Marc Petterson juega a dos bandas.
—¿Lo sabías cuando nos vimos por última vez?
Sentí lastima por ella ante su tono frívolo. Me percaté de que él me lanzaba una mirada por el rabillo del ojo y cerré la puerta intentando no hacer ruido. Aquello no era asunto mío.
Regresé rápidamente donde estaba Abby.
—Que rapidez— comentó, extrañada.
—Estaban cerrados— mentí.
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Efecto Hardwicke [2]
RomanceCuando ese atractivo cantante le propone fingir estar en una relación, Gala no lo tiene nada claro. Puede que el hecho de que él no deje de insinuar que la quiere en su cama sea una señal para que acepte. ****** Inicio: 26/04/21 Finalización: 15/09...
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