Al cabo de unas horas desayuné de forma apresurada, asistí a mi clase de economía de la universidad y me pasé por la librería en la que trabajaba. Para cuando llegué a casa, ya eran casi las cinco de la tarde.
Carla y Marina me esperaban sentadas en el sofá de la sala de estar. Intuí que aquella reunión era en mi causa. Vi el dichoso contrato encima de la mesa y suspiré.
— No lo has firmado— comentó una cautelosa Carla.
— Pero tampoco lo has hecho pedazos— añadió Marina.
— Ya.
Antes de sentarme a su lado, fui a la nevera y saqué una caja de cervezas. ¿Qué sería un piso de estudiantes sin alcohol? Regresé al salón con las cervezas y un abridor.
— ¿Queréis una? — ofrecí tras abrir la primera y pegar un buen trago.
Las dos declinaron la oferta. Me terminé el primer botellín mientras me observaban con curiosidad.
— El vuelo sale a las ocho—expuse mientras abría la segunda.
— ¿Piensas cogerlo borracha? — preguntó Marina.
Di un largo trago a la botella y me encogí de hombros.
— Puede.
— ¿Puede? — pronunció Carla—. ¿Te lo has pensado bien?
Me acabé el segundo botellín. La cabeza me daba vueltas y ya comenzaba a sentirme algo más inhibida. Podría haber parado, pero decidí tomarme una tercera.
— No lo sé—admití mirándola a los ojos—, pero acabo de dejar el trabajo.
Tras estudiarme durante unos segundos, estalló en carcajadas. Su risa había sido siempre muy contagiosa, por lo que no pude evitar unirme a ella.
— ¿Qué has hecho con mi amiga? —preguntó con lágrimas en los ojos—. Nunca te creí capaz de algo así.
— Yo tampoco— admití—, pero creo que es lo que necesito ahora mismo.
Marina cogió el abridor y abrió dos cervezas más.
— ¡Que tiemble Londres! — exclamó con emoción y los ojos brillantes, alzando la cerveza para que brindáramos juntas.
Nos las bebimos de un sólo trago.
******
Por suerte, me ayudaron a preparar la maleta. Sólo tenía una roller, así que no pudimos meter demasiadas cosas. Tendría que comprar más ropa cuando estuviera allí.
Nos montamos en el coche de Carla a las seis y media y comenzamos a cruzar Madrid a contracorriente. Suspiré con frustración al ver el tráfico que había a aquella hora.
— ¿Y sí pierdo el vuelo? — inquirí inquieta, abrazada a la maleta.
— Pienso comprarte el próximo que salga para allá— exclamó Marina con llamas en los ojos—. Quiero que vivas esta experiencia por mí. Cuando seamos viejecitas, será lo que les contaremos a nuestros nietos.
Una vez en el aeropuerto, Carla aparcó el coche en doble fila. Nos bajamos a toda prisa y dejé que me abrazara con lágrimas en los ojos. Se quedó junto al vehículo, cediéndole a Marina la oportunidad de acompañarme hasta el interior del recinto.
— Quiero que te compres un diario y escribas todo lo que te pase— exigió con aires de despedida, antes de qué Marina y yo nos marcháramos—. A lo Bridget Jones.
Me mordí el labio inferior y le apreté la mano. Ambas éramos fans de Bridget Jones.
— Prometo llamaros de vez en cuando para contaros cómo va la cosa.
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Efecto Hardwicke [2]
RomanceCuando ese atractivo cantante le propone fingir estar en una relación, Gala no lo tiene nada claro. Puede que el hecho de que él no deje de insinuar que la quiere en su cama sea una señal para que acepte. ****** Inicio: 26/04/21 Finalización: 15/09...
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