Capítulo 39

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Doble actualización (2/2)

Ben cerró la puerta y sus labios se reencontraron con los míos. Le desabroché la camisa a tientas, exponiendo su pecho desnudo ante mí. Rocé su torso con la yema de los dedos, notando como se erizaba bajo mi toque. Deposité un beso en su brazo, seguido de otro en su espalda y de otro más en su pecho, orbitándolo y admirándolo a la vez.

La tensión se acumuló en mi bajo vientre al encontrar un anhelo salvaje en su mirada. Sus labios se apoderaron de los míos y nuestras bocas colisionaron, hambrientas, esta vez con impaciencia.

—Gala— susurró entre besos, con las manos en la base de mi camiseta, rozando la piel desnuda de mi vientre, encendiéndome.

Nos desnudamos sin prisa, deleitándonos con cada trozo de piel expuesta, degustando las sensaciones en cada nueva caricia. Se recostó en la cama y me tendí sobre su cuerpo, cubriéndolo con besos desesperados y profundos, desde la base de su garganta, hasta el inicio de su pecho. 

Me hizo girar y quedé tendida bajo él. Gemí cuando su boca se perdió entre mis pechos, lamiendo y succionando mis pezones erectos, atendiendo al otro con pellizcos y caricias. Su mano no tardó en deslizarse por mi vientre y en encontrar mi entrada, totalmente húmeda. Presionó mi punto de placer antes de penetrarme con los dedos. Eché la cabeza para atrás, extasiada por las sensaciones, notando como la electricidad me recorría entre envestidas. 

Mi mano viajó hacia su entrepierna y no tardé en dar con su sexo erecto. Lo acaricié por encima de la tela, notando como su respiración se tornaba irregular contra la piel de mi clavícula, sintiendo el aumento de las envestidas de sus dedos. Gemí cuando estos alcanzaron ese punto que me hacía perder la cordura y me mordí el labio inferior para acallar gemidos incontrolados.

El orgasmo me golpeó a los pocos minutos y me dejé caer contra el colchón, viendo como él se separaba lo suficiente de mí como para ponerse un preservativo. Sus manos se clavaron en mis caderas y rodeé su cuerpo con las piernas, sintiendo su miembro presionando en mi entrada. Un suspiro se escapó de entre sus labios cuando hubo entrado en mí. Se quedó quieto unos segundos antes de comenzar a moverse con tortuosa lentitud.

—¿Qué estás haciendo conmigo? — masculló antes de tenderse sobre mi cuerpo y besarme con desespero.

Me aferré a su nuca, tirando de su pelo, enredado sus rizos en mis dedos y acallando los gemidos del otro con el roce de nuestras lenguas. El ritmo de sus envestidas incrementó y me separé en busca de aire, encontrando su hombro con la boca y mordiéndolo, totalmente extasiada por el placer del choque de nuestras caderas. 

Un segundo orgasmo me recorrió al cabo de unos minutos. Ben se dejó caer encima de mí tras alcanzar su liberación. Estábamos ambos sin aliento y con el pulso acelerado.

Cerré los ojos y noté como el cansancio se apoderaba de mí. A penas estaba consciente cuando me cubrió con las sábanas, se acurrucó a mi lado y me estrechó entre sus brazos.

Me desperté al sentir un leve zarandeo, seguido de un camino de besos que comenzó en mi mejilla, bajó por mi mandíbula y acabó en mi clavícula. Suspiré de placer e incliné la cabeza para atrás, frunciendo los labios al notar que su boca abandonaban mi piel.

—Tenemos que levantarnos— susurró su voz ronca, lo suficientemente cerca como para que su aliento cálido impactara contra mi oído.

—¿Qué hora es?

Estiré los brazos a tientas y mis manos encontraron su espalda. Se giró y aproveché para abrazarlo, quedando su torso desnudo pegado a mí. Noté la vibración de su cuerpo mientras se reía.

Efecto Hardwicke [2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora