—Lo siento si esta noche te he puesto en una situación comprometida— murmuró Ben.
Nos acabábamos de despedir de Marina y Carla y estábamos tirados en el sofá.
—No pasa nada.
Podía sentir la calidez de su cuerpo muy cerca del mío. El corazón me latía desbocado en el pecho y estaba algo mareada por el vino.
—Sí que pasa— me interrumpió, posando su firme mano en mi hombro. Lo enfrenté con la mirada—. Yo y Megan ya no estamos juntos— expuso claramente, pronunciando esas palabras con lentitud, estudiando mi reacción—, pero a veces las cosas no son tan sencillas. Cuando termina una relación, la otra persona no deja de importarte de la noche a la mañana.
Clavé los ojos en el suelo y asentí, con un nudo en la garganta.
—¿Cuánto tiempo hace que lo habéis dejado?
Suspiró sonoramente y fijó la mirada en un punto inconcreto de la sala.
—Tres meses— musitó finalmente—. No acabamos en malos términos—. Vi la duda en su gesto antes de que su voz inundara la estancia de nuevo—. Discutíamos a todas horas y no terminábamos de encajar, así que decidí cortar por lo sano.
Un silencio denso se instauró entre nosotros y nos quedamos en silencio, ambos perdidos en nuestras cavilaciones internas.
—¿Estabas ensayando? — inquirí en un intento de disipar su tristeza. Antes me había parecido escuchar la guitarra.
—Estaba intentando grabar un cover— contestó—. A veces me gusta grabar alguno y subirlo a mi Instagram—. Su voz sonaba exasperada— ¿Por qué no vienes conmigo y me haces compañía?
Asentí y me condujo hasta el piso de arriba. Nos encerramos en la habitación insonorizada. Se sentó en un taburete que había delante de una cámara y ajustó un micro justo delante de la posición de su boca y otro a la altura de la guitarra.
— Aprieta el botón de grabar y ven— murmuró mientras palmeaba un segundo taburete que había al lado del suyo.
— ¿Quieres que aparezca en el video? — pregunté sorprendida— ¿Con estas pintas?
Su mirada recorrió mi cuerpo y sus pupilas se inundaron de esa electricidad que nos embargaba siempre que estábamos a solas. Mi vestimenta consistía en un pijama de dos piezas: una camisa negra y unos pantalones anchos del mismo color. Iba descalza y estaba segura de qué mi cabello estaba alborotado. Intenté peinarlo con los dedos.
— No veo porque no— estimó con los ojos fijos en los míos.
Asentí. Esperaba no arrepentirme de aquello.
Apreté el botón de grabar mientras veía como él se acomodaba la correa de una preciosa guitarra española en el hombro. Una vez sentada, centré toda mi atención en él. La música comenzó a brotar del instrumento a los pocos segundos, al igual que su hipnotizante voz rasgada. With me, de Sum 41, sonaba aún mejor bajo su registro.
Me centré con el roce de sus dedos contra las cuerdas de la guitarra, su respiración pausada, el movimiento de sus labios. Sus ojos permanecieron cerrados durante gran parte de la canción. Llevaba el pelo echado para atrás y se balanceaba levemente a medida que tocaba el instrumento, llevado por el instinto. Su mandíbula se tensaba y se relajaba mientras entonaba la melodía. Pronunciaba las palabras con suma delicadeza, acariciándolas con la lengua, transmitiéndome una paz infinita al hacerlo.
Su penetrante mirada me sacó de mis cavilaciones cuando se cruzó con la mía. La canción brotaba de su boca, su voz sonaba ronca. Creí poder nadar en sus pupilas. Jamás había visto esa tonalidad de verde.
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Efecto Hardwicke [2]
Storie d'amoreCuando ese atractivo cantante le propone fingir estar en una relación, Gala no lo tiene nada claro. Puede que el hecho de que él no deje de insinuar que la quiere en su cama sea una señal para que acepte. ****** Inicio: 26/04/21 Finalización: 15/09...
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