La grabación del videoclip se alargó hasta las seis de la tarde. Tras mi última frecuencia en lo alto del puente, nos habíamos desplazado por distintas localizaciones de la ciudad para captar imágenes de los miembros de la banda.
El jefe de equipo había reservado una de las salas privadas del Goucho club, así que, tras finalizar la última toma del día, nos dirigimos hacia allí.
Agradecí enormemente que Abby hiciera acto de presencia. Le encantaba hablar y eso disimularía el hecho de que a mí no me apetecía conversar en absoluto. No contaba con que Ben se sentaría a mi lado cuando ocupamos el Labormobile.
—Estás muy seria — me susurró bajito.
Fingí una sonrisa y tragué saliva. Sentí los ojos curiosos de los miembros de la banda sobre nosotros, claramente interesados. Me erguí en mi lugar e incliné mi cabeza, apoyándola contra el respaldo del asiento. Tenía que conseguir cambiar mi penoso estado de ánimo como fuera.
—Solo estoy un poco cansada.
Al menos eso no era mentira.
—Es normal— intervino Abby a mi lado, captando la atención de todos los presentes—. Grabar un videoclip es agotador
Y así comenzó una larga lista de anécdotas sobre grabaciones. Cerré los ojos un momento y suspiré, agradecida. Sin embargo, ese momento de descanso se convirtió en una cabezadita más larga de lo que pretendía.
—Ya hemos llegado.
El toque de la mano de Ben contra mi mejilla me despertó y vi que todos los demás estaban saliendo del coche. Los paparazzi estaban haciendo guardia en la entrada del club. Seguramente mañana mi cara de dormida saldría en la portada de las revistas británicas. Por lo menos seguía llevando la ropa que había usado durante el rodaje y mi cabello seguía presentable.
Ben abandonó el vehículo y me esperó junto a la puerta, tendiéndome la mano mientras salía. Se la cogí y dejé que me guiara hacia la entrada del edificio con uno de sus manos apoyada en mi espalda mientras los flashes y las preguntas se disparaban a nuestro paso.
Entramos y nos subimos en un ascensor que nos llevó al segundo piso. Habían reservado una sala parecida a la de abajo, aunque más pequeña. Éramos unas veinte personas y nos distribuimos por la estancia en grupos. La gente hablaba entre si de forma animada y distendida.
Los camareros se iban paseando con bandejas llenas de canapés y copas con distintas variedades de champán y vino. Había conseguido comerme unos tres canapés cuando Mia vino corriendo hacia mí con una bandeja llena de unos panecillos rellenos de queso de cabra que estaban para chuparse los dedos. Agradecí el no ser la única vegetariana del grupo.
Al cabo de media hora, cogí mi tercera copa de champán y comencé a sentir que mi humor mejoraba notablemente. Mia también disfrutaba de las copas, mientras que Abby bebía un refresco. Llevábamos un rato las tres a solas. Los chicos se habían disipado por la sala, hablando con uno y con otro.
—Has estado genial hoy, Gala— me elogió Mia, cogiéndome del brazo e inclinándose en mi dirección, achispada—. Se te da muy bien lo de actuar, la verdad. Parecías estar totalmente pillada por mi hermano— añadió entre risas—. Y cuando os habéis besado, me he quedado a cuadros. Eso no aparecía en el guión.
Me tensé en mi lugar y me acabé la copa sin decir nada, dibujando un intento de sonrisa en los labios. Tenía el corazón en un puño y las piernas me temblaban.
—Mia— intervino alguien entonces, haciendo que el alivio me invadiera. Royce estaba de pie junto a la mesa, mirando firmemente a la aludida. Llevaba su media melena pelirroja recogida en una coleta y parecía inquieto—. ¿Podemos hablar un momento?
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Efecto Hardwicke [2]
RomantizmCuando ese atractivo cantante le propone fingir estar en una relación, Gala no lo tiene nada claro. Puede que el hecho de que él no deje de insinuar que la quiere en su cama sea una señal para que acepte. ****** Inicio: 26/04/21 Finalización: 15/09...
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