Capítulo 31

11.8K 826 123
                                        

Banda sonora del capítulo: This Love, de Taylor Swift

Me encogí de hombros y apuré el resto de mi copa en un intento de apaciguar el hormigueo que sentía en la boca del estómago.

— No lo sé.

Cogí aire en un intento de ignorar la extraña sensación que se había instalado en mi pecho. Una expresión divertida se adueñó de su rostro.

— Creo que no tiene ni idea — comentó Marc.

Su móvil sonó y desbloqueó la pantalla. Solté todo el aire que había estado contrniendo, agradecida por la interrupción.

— ¿Es Summer? — pregunté, propinándole un golpe juguetón en el brazo, notando los efectos del alcohol subiéndome a la cabeza.

Se guardó el móvil en el bolsillo de sus pantalones y se inclinó en mi dirección.

—Mi chica está en la pista de baile.

No pude evitar sonreir ante el apelativo que había utilizado.

Alzó la mano y un camarero se nos acercó. Pidió otra ronda de bebidas y su mirada se clavó en la mía de nuevo. El camarero no tardó en regresar con el pedido.

— Me alegra saber que habéis arreglado las cosas.

— La comunicación es la clave — masculló —. Las mujeres podéis llegar a ser muy complicadas.

— Vosotros lo sois más— rebatí, ya con la nueva copa entre las manos.

— Discrepo. Cuando queremos algo lo decimos alto y claro. No nos andamos por las ramas ni pretendemos que nos leáis la mente.

Comencé a reír y me recliné conta su hombro. Todo me daba vueltas y la lengua me comenzaba a pesar, señal de que era mejor que dejara de beber. Me terminé la copa y la dejé sobre una mesa.

Marc se carcajeó y se encendió otro cigarrillo. Me ofreció uno y me sorprendí aceptándolo. Una vez encendido, inhalé el humo y lo solté con lentitud.

— Creía que no fumabas.

Tuve que posar la mano en el borde del banco para no perder el equilibrio.

— Solo en ocasiones especiales.

— ¿Qué estás celebrando?

— El comienzo de mi nueva vida en Londres.

Al cabo de un rato, comenzó a llover.

— ¿No has traído chaqueta? — quiso saber.

Miré el vestido negro que me había puesto esa noche. Abby había insistido en que lo llevara, diciendo que para acceder al pub debíamos de llevar ropa formal. Lo había combinado con uno stilettos del mismo color.

— La he dejado en el guardarropa— balbuceé.

Por alguna extraña razón, él logró comprender lo que le había dicho.

—Será mejor que entremos antes de qué te resfríes.

Al ver que me tambaleaba, me agarró por la cintura para evitar que me cayera. Proferí una sonrisa nerviosa. Sentí que el mareo incrementaba y mi pulso se disparó.

— ¿Ben no ha venido? — inquirí mientras me conducía hacia la puerta, dominada por el alcohol.

— Su avión ha aterrizado en Londres hace un par de horas—. Asentí, recordando que Abby había dicho que él y Roger estaban en Los Ángeles—. Pero me apuesto lo que sea a que cuando vea las fotos en Twitter, no tardará en aparecer.

Efecto Hardwicke [2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora