Capítulo 13

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Tardamos media hora en llegar al Groucho club. Un toldo verde con el nombre del lugar nos dio la bienvenida al bajarnos del coche.

Una vez fuera, de pie frente a la entrada, Ben no tardó en colocarse a mi lado mientras yo me acomodaba la chaqueta. Como antes, posó su mano en mi espalda y caminaos hacia la puerta. Los paparazzi nos aclamaban, disparando los flashes de sus cámaras a nuestro alrededor.

Él hizo que nos paráramos y dirigió una mirada fugaz a las cámaras antes de deslizar su pulgar por mi mejilla. Los periodistas enloquecieron, subiendo el volumen de sus gritos, exclamando nuestros nombres.

Sentí mi pulso dispararse y me estremecí. Inconscientemente, me giré y quedé de espaldas a las cámaras. Ben debió de advertir la incomodidad en mí, porque me pasó un brazo por encima de los hombros y me condujo hacia la entrada del club. Mia entró detrás de nosotros.

—Joder— logré articular. 

Él me tomó de las manos, impidiendo que siguiera tirando de las puntas de mi cabello.

—Tranquila— dijo Mia detrás de mí, en tono conciliador—. Todos nos ponemos nerviosos al principio.

—Esto no es lo tuyo, ¿verdad? — preguntó la voz profunda de Ben cuando ella se hubo largado.

—Solo necesito tiempo para acostumbrarme.

Él asintió, no muy convencido y, apretándome la mano, me condujo hacia el pasillo por el que había desaparecido su hermana.

Tras enseñar la tarjeta de miembro del club a un hombre trajeado, irrumpimos en una sala llena de gente. Opté por contemplar el estilo en la que estaba decorada, pues no quería parecer descarada al mirar a todos los rostros famosos del lugar.

El suelo era de parqué y las paredes estaban forradas de madera. Unas lámparas de cristal muy elegantes colgaban del techo. A pesar de su considerable dimensión, la luz de la estancia era tenue. Las mesas estaban dispuestas alrededor de toda la sala, algunas rodeadas por sofás y otras por sillones.

Finalmente, llegamos a nuestra mesa. Todos los demás ya estaban allí, conversando animadamente. Tras quitarme la americana, me senté en una esquina, entre Mia y Ben.

El camarero no tardó demasiado en venir a preguntarnos qué nos apetecía para cenar. Tras echarle un rápido vistazo a la carta, me decliné por unos ñoquis con salsa de queso. Entonces Ben me tendió una copa de vino tinto, guiñándome un ojo al hacerlo. No cabía duda de que quería emborracharme.

La acepté con ganas. Necesitaba calmar los nervios. Ese lugar estaba lleno de famosos. Sam Smith acababa de pasar justo por delante de nosotros.

Noté como posaba su brazo por encima del respaldo del sofá al acabar de cenar, haciendo que su perfume inundara mis sentidos. Sus dedos comenzaron a trazar círculos invisibles en la piel desnuda de mi espalda, haciendo que el pulso se me disparara.

Alcé la mirada y me encontré con los curiosos ojos de Abby al otro lado de la mesa. De pronto, sus facciones cambiaron y adoptaron un matiz de preocupación. El toque de los dedos de Ben se detuvo casi en ese mismo momento. Me percaté de qué los dos estaban mirando en la misma dirección.

Al girarme mis ojos toparon con la esbelta figura de Megan Clare. Nos observaba desde una mesa que se encontraba justo en frente de la nuestra. Su gesto lucía abatido y sus impactantes ojos azules abarcaban toda la tristeza del lugar.

Ben se levantó y caminó con paso firme hacia donde se encontraba ella sin titubear. Ella hizo lo mismo y ambos se encontraron en el centro de la sala. Una sensación punzante se apoderó de mi pecho al ver como él posaba una de sus manos en su hombro y ella rompía a llorar.

Efecto Hardwicke [2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora