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 A pesar de las cientos de veces que habían recorrido esos pasillos, Adhara consideraba que esa era la primera vez que era ella quien iba cohibida y escondiéndose detrás de la seguridad de Lían.

 Se sentía tonta, a la vez que cansada y confundida, y tal vez por eso sus quejas dejaron de tener fuerza mientras se dejaba ser conducida hasta su habitación. No fue capaz de emitir palabra ni cuando las manos de Lían le urgieron recostarse en la cama y cubrirse con el edredón, ni cuando el chico pasó un largo rato acariciando su cabello mientras le dejaba mirar hacia la nada.

 Sin embargo, sí tuvo que reaccionar cuando la mano del piel clara que se había mantenido sobre la suya desapareció de repente. Le tomó solo un segundo entender que era porque el chico estaba siendo llamado desde la puerta, pero eso no evitó que se aferrara a él en un intento de no ser dejada.

― Estás bien, todo está bien― Lían repitió por lo que parecía la enésima vez en los últimos diez minutos, y muy a pesar de las quejas de Adhara, se soltó de su agarre para salir de la habitación. Para mejor o peor, la puerta quedando semiabierta.

 Todos los esfuerzos de Adhara por continuar con el cerebro apagado se fueron a la borda al darse cuenta de que podía oír la conversación afuera, identificando apenas uno que otro murmuro, pero teniendo muy en claro que la voz que regañaba a Lían era la de Pierre.

Se tomó unos segundos para respirar hondo antes de sentarse lentamente en su lugar en la cama, observando un punto fijo en la puerta como si eso fuese a lograr que esta explotara y de alguna manera el impacto llegara al piel clara. Por supuesto que no sucedió, y el único momento en el que la puerta se inmutó fue cuando Lían la abrió para volver a entrar.

Fue solo un segundo en el que cruzaron miradas, pero fue suficiente para que el piel clara afuera se decidiera por ignorar toda su conversación anterior para empujar la puerta tras Lían y adentrarse también a la habitación.

― ¿Entonces cuál es tu plan?― aparentemente Pierre no podía darle ni medio segundo de descanso antes de volver a meterse en su espacio, pero al menos Lían se interpuso en el camino del otro chico para evitar que siguiera acercándose, muy para el disgusto de Adhara que empezaba a prepararse para saltarle encima ni bien estuviese lo suficientemente cerca.― Deberías estar muerta pero tienes otra chance, ¿qué harás ahora?

― No hace falta que me hables como si fuera mía la decisión, sospecho que mi segunda chance está relacionada a hacer lo que me digan.

― Tú y Lían son uno para el otro, ¿sabes? Ambos tuvieron y tienen decisión, nadie te obligó a torturar a toda persona que queda viva en esta casa y nadie te obligó a ti a sentarte en la falda de las personas capaces de hacer eso.

 Como si tuviera su monólogo preparado, Adhara vio como el chico salía de la habitación dando un portazo tras eso. Y pasando a temas más importantes, se giró hacia Lían con la nueva determinación de conectar las piezas que faltaban.

― ¿Entonces cuál es mi chance?― cuestionó la mujer, pero la usual galantería en su voz fue recibida por una mirada llena de pesar.― Hm, así que así de malo es...

― Acaban de suceder muchas cosas, Dara, quiero estar seguro de que lo comprendes.

― No hay nada en este mundo que no se pueda arreglar― fue la descuidada respuesta de la mujer, demasiado entretenida analizando sus cutículas como para mirar al hombre frente a ella.

― Esto es real, esto está pasando, ¿okay? Estás en shock, Dara.

― Estoy segura de que si hay alguien que sabe qué estoy sintiendo, ese alguien sería yo.

Pieles ClarasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora