Jeon Eunji respondió a la llamada de su hijo tan pronto como escuchó el aparato sonar. Estaba acostumbrada a que el chico le respondiera tarde, de forma simple y sin buscar una verdadera conversación, así que debía de pasar algo bastante importante como para que el joven apretara el botón de llamada apenas vio su saludo. Por supuesto, como toda madre protectora de su hijo preferido, atendió en menos de lo que canta un gallo, saludando de la forma más alegre, cálida y dulce. Lástima que la voz que escuchó detrás de la línea estaba llena de dolor, angustia y hasta molestia. Algo andaba mal, definitivamente.
— ¿Qué tienes, chiquito? ¿Problemas en la universidad?
— En mí, mamá. Hay problemas en mí. Y sé que tú sabes por qué. — Quiso fingir que no entendía, de hecho, por unos segundos no lo hizo, hasta que cayó en que tal vez, solo tal vez, su hijo había empezado a descubrir aquello que tanto había intentado ocultarle. Porque parte de haber criado a un niño al que le habían arrancado su marca por considerarla un "error", era ayudarlo a vivir en un espacio en el que no se sintiera diferente. Jeongguk incluso sin su marca se seguía sintiendo diferente. Tener ese secreto, en realidad, era lo que más diferente y fuera de lugar lo había hecho sentir durante toda su vida. Y nunca se había preguntado nada, porque jamás había tenido las puertas abiertas para ello; pero en ese momento se sentía más que listo para abrirlas. — ¿Por qué lo hicieron?
— No entiendo de qué hablas, cariño.
— ¡Por favor! Sí sabes. ¿Que no tuvieron opción? ¿Que iba a tener una vida difícil? ¿Que era tan defectuosa que si no la sacaban podría haber muerto? — Mentiras y más mentiras que le habían inculcado desde pequeño para poder sobrellevar el asunto de que su hijo, a diferencia de la mayoría, estaba destinado a ser el alma gemela de otro hombre. Siempre le habían dicho a Jeongguk que si alguien le preguntaba por su marca era mejor que solo dijera que no tenía una. Pero la cruel verdad era otra. La mujer no tuvo el valor necesario para contestar a las preguntas retóricas de su hijo, por el contrario, dejó que continuara su descargo. — ¿Por qué mentirme así? ¿Por qué hacerme sentir tan mal conmigo mismo cuando en realidad no había nada horrible en mí más que una puta marca cómo la de todos los demás? ¡No puedo creerlo!
— Cariño, los médicos dijeron que era lo mejor.
— ¡Podrían haberme sacado de aquí!
— ¿Te crees que hubiese sido sencillo, hijo? ¿Realmente crees que si hubiéramos tenido la oportunidad de irnos a otro lugar, no lo hubiésemos hecho? — Silencio, así que aprovechó para seguir: — Mira, Jeongguk. Entiendo que te sientas frustrado, que te duela y que estés molesto por las mentiras que te dijimos, pero era lo mejor que podríamos haber hecho sabiendo en la sociedad que tienes que vivir. Lo lamento, de verdad, pero no creo que sea nuestra culpa.
Pero para Jeon sí lo era. Porque en internet había leído sobre muchos casos de chicos y chicas asiáticas (ya que eran mayormente esos países los que no permitían las relaciones homosexuales) que habían viajado a otros países al cumplir la mayoría de edad para poder vivir en una sociedad en la que las almas gemelas del mismo sexo sí fueran aceptadas. Su familia, por su parte, jamás se había siquiera informado, solo habían seguido lo que los doctores les habían recomendado sin pensar jamás en cómo eso podría afectar la vida de su hijo. Podía entender ciertas cosas, algunos puntos de la cuestión, pero no del todo cómo sus padres solo lo habían obligado a vivir en una mentira desde sus inicios, sin tener intención de que alguna vez cambiara. Si algo era seguro, era que de no ser porque él mismo descubrió ello, sus progenitores no lo hubiesen mencionado. Al parecer, para ellos era lo más cómodo hacer que viviera creyendo que no había nadie para él en ese mundo lleno de almas gemelas y gente destinada. Ahora, sabiendo que sí lo había, solo que se trataba de un hombre, su corazón se sentía roto. No solo porque había desperdiciado su vida sino que sabía que incluso si no lo hubiesen operado, tampoco habría podido ser libre en su propio hogar. Porque en Corea no hubiese tenido opción de ser feliz. De hecho, desde pequeño siempre le habían enseñado lo mal que estaba cuando dos varones o dos niñas se daban la mano, se besaban o salían juntos como si fueran una "pareja normal", y ahora que entendía por qué su familia había tenido tanto empeño en que él lo entendiera, se sentía más que enojado. Por eso, no contestó más a ninguno de los comentarios ni llamados de su madre. Tampoco volvió a su habitación esa noche. Solo caminó lejos de la facultad, pensando que tal vez podría llegar a algún lugar seguro antes del amanecer.
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byeol (별); pjm + jjk
RomanceEn un mundo en el que las almas gemelas nacen con una marca distintiva en alguna parte de su cuerpo, que las ayuda a unirse, Jeongguk, un joven coreano que comienza su primer año de universidad, ha vivido gran parte de sus años engañado, pensando qu...