CAPÍTULO 9

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Chateando con su hyung y viéndolo tan intrigado y emocionado por ir a su primera fiesta universitaria después de tres años, Jeongguk casi que sintió ganas de arrepentirse de su negación a ir a la propia. Le había respondido a Park Jimin en la tarde que lamentablemente no se verían esa noche debido a su falta de ánimos e interés en el evento. Pero, ahora que veía que Wooseok lo haría (aún siendo tan extrovertido y anti como su hermano sabía que era), algo dentro de sí comenzó a replantearse las cosas. Aunque la sola idea de estar en una fiesta le parecía incómoda y un poco innecesaria, comenzó a evaluar que tal vez no era tan malo como su mente lo proyectaba.


— ¿Entonces no irás? — Habló su compañero de cuarto una vez que estuvo totalmente vestido para la ocasión. Jeon lo escaneó de arriba abajo sin ninguna vergüenza, causando una risita en el mayor. Negó con la cabeza cuando volvió a sí, ganándose un puchero en respuesta. — Es una lástima, tu sunbae te hubiese presentado a gente muy buena onda.

— Quizá la próxima, Namjoon hyung. — Se encogió de hombros, apartando la vista del contrario, pues de todas formas ya se iría. Dicho y hecho, Jeon estuvo solo en ese pequeño cuarto pocos minutos después, tras una despedida y un último intento de convencimiento por parte de su compañero. A decir verdad, casi que aceptaba, pero estar en su cama sonaba mucho más tentador.

Su idea era permanecer jugando a algo en su laptop hasta que el cansancio le ganara y se llevara todo de sí, pues no tenía nada más que hacer, ni quería en realidad. La sorpresa llegó cuando, en medio de una partida súper entretenida y por suerte victoriosa, escuchó a alguien tocar la puerta. Sabía que no podría ser Namjoon porque había llevado su copia de las llaves y no lo creía tan irresponsable para perderlas. Eliminando esa opción, ¿quién más podría ser? Lo único que esperaba era que no se tratara de un borracho perdido o algo por el estilo. Lidiar con algo como eso a las tres de la madrugada no sería exactamente una grata experiencia.


No tuvo que hacerlo por suerte, porque quien aguardaba al otro lado de la puerta no era ni más ni menos que Park Jimin, luciendo más hermoso que nunca. Su cabello rubio estaba peinado hacia arriba, como si hubiese gastado su dinero en el gel más eficiente del mercado, y su frente expuesta parecía ser la mejor frente del mundo. Respecto a su vestimenta, era bastante casual pero algo en su aura lo hacía parecer más elegante, su porte lo era. El chico solo usaba unos jeans demasiado apretados y rasgados en las rodillas, negros, junto con una camisa blanca que estaba abierta hasta casi la mitad, pero aún así no revelaba mucho. Se notaba que estaba acomodada de esa manera a propósito. El mayor realmente se veía radiante. Tanto que Jeon no se dio cuenta de todo el tiempo que pasó observándolo, pues la risa del contrario fue lo único capaz de hacerlo reaccionar. Cuando lo hizo, se sintió hasta avergonzado por estar en sus pijamas, como si eso fuese un crimen. Park, por el contrario, ignoró totalmente su pudor y se hizo lugar en la habitación.


— Así que... ¿Necesitas algo, sunbae? — Volteó luego de cerrar la puerta el dueño del cuarto, observando como el recién llegado se sentaba en la cama de Kim. El chico simplemente suspiró.

— Namjoon sunbaenim me pidió que venga. — Jeon no le creyó, por lo que su mirada fue bastante confusa al oír eso. — Bueno, en realidad vine por mí propia decisión. Quiero convencerte de que vayas a la fiesta.

— ¿Estás borracho?

— Tal vez. Tal vez no, nunca he sido un gran bebedor. — Bromeó, pensando que eso aligeraría el ambiente. Algo se sentía tenso.

byeol (별); pjm + jjkDonde viven las historias. Descúbrelo ahora