CAPÍTULO 29

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Aunque Jimin tenía pensado cierto lugar para comer sin siquiera habérselo aclarado de antemano, Jeon se mostró más que conforme con su elección una vez que tomaron asiento en una mesa del jardín. Para ser totalmente franco, el rubio había escogido sentarse allí a sabiendas de que con el frío que adornaba esa noche era casi imposible que alguien más saliera a comer bajo las estrellas. Jeongguk no presentó quejas al respecto, por suerte. Al contrario, estaba totalmente embobado observando las plantas y los adornos del patio del bar. Ni siquiera habían probado la comida aún, pero ya sabía que ese bar era de sus favoritos en los alrededores de la universidad.


— Lindo, ¿cierto?


Un asentimiento de cabeza tímido le respondió. Algo en Jeon se veía más adorable de lo normal esa noche. Y, por alguna razón, Park no podía dejar de mirar de a ratos la marca en su cara, que ahora no se molestaba en ocultar. Se le ocurrían muchas preguntas al respecto, pero prefirió no tocar un tema tan sensible incluso antes de tener la panza llena. Esa noche su única misión era pasarla bien con su hoobae.

Por eso, comenzó a cantar a la par de la música de fondo, ya que mientras esperaban que sus platos ya pedidos estuvieran listos sonó una de sus canciones favoritas. Jeongguk también la conocía, pero él no era tan fanático de mostrar su voz. Sin embargo, le gustó cómo Park recitó cada parte de la letra y le sonrió en todo momento sin dejar de mirarlo. El cantante, feliz por recibir su atención (ya que era lo único que quería), comenzó a reír tímidamente cuando la radio dio paso a otra melodía que, aunque también le gustaba, no le inspiraba lo mismo que la anterior. Jeongguk solo aplaudió, acto que se vio interrumpido cuando la mesera asignada llegó con su comida. La pequeña bandeja llena de filetes troceados y los bowls de verduras y arroz que le siguieron a esta hicieron que ambos saltaran de felicidad por dentro, pues morían de hambre. Minutos de silencio los inundaron mientras disfrutaban su cena juntos. Jeongguk estaba demasiado concentrado en acabar con los pimientos asados mientras que Jimin había descubierto que las zanahorias no eran tan asquerosas como había pensado desde que sus abuelos lo obligaban a comer un poco cada fin de semana en su casa de pequeño. Los filetes fueron los menos afortunados, pues no vivieron por mucho tiempo luego de llegar a la mesa, pero al parecer ambos tenían tanto apetito que acabarían con las guarniciones también en cualquier momento.


Una vez todos los recipientes de la mesa estuvieron vacíos, sus estómagos explotados y sus corazones contentos por esa misma razón, dividieron la cuenta en partes iguales para salir nuevamente a disfrutar del frío de Seúl. Por suerte, la temperatura no era tan extrema y darse la mano no era sinónimo de exponerlas a que se congelaran. Más allá de que por dentro Jimin sí se sintiera tieso al recibir cierto gesto por parte del menor.


Era un secreto, pero le había pedido ayuda a Kim Namjoon para llevar a Jeongguk a un buen lugar, a último momento, y había recibido varias instrucciones no solo para comer bien sino también para tener un rico postre y segunda ronda. Así que, intentando que parezca pura coincidencia, caminó en la dirección que su cómplice le había indicado. Si se perdía, podría revisar su chat con el castaño en cualquier momento, evitando que su cita se diera cuenta.


Su cita, eso sonaba demasiado bien.


— ¿Hyung? — Llamó Jeongguk por tercera vez, al notar que su silencio se debía a que estaba distraído con sus propios pensamientos. Soltó una risa cuando el rubio se avergonzó. — Es la segunda vez en la noche que haces eso, ¿hay algo preocupándote?

byeol (별); pjm + jjkDonde viven las historias. Descúbrelo ahora