(preparen pañuelos y navajas)?
–Estoy seguro de que cualquier cosa que se ponga, me gustará –dijo, en el tono más pomposo.
–No le des alas, por Dios, Sehun –dijo Chanyeol– Está ya tan engreído con su dichoso traje, que no lo podremos aguantar. El consuelo es que Yoo pronto te quitará los humos. Ya verás lo que tarda en decírtelo si no le gusta tu traje. La pobre Yoo siempre se las arregla para ponerse hecha un adefesio en estas ocasiones. Me acuerdo de una vez que se vistió de madame Pompadour, y cuando entraba a cenar tropezó y se le cayó la peluca. Entonces, con esa brusca voz que tiene dijo: «No hay quien soporte este demonio de chisme»; tiró la peluca encima de una silla y terminó la noche luciendo su propio pelo cortado. No os podéis imaginar el efecto de aquella cabeza con el miriñaque de satén azul pálido, o lo que fuera. El pobre Seungho tampoco tuvo mucho éxito aquel año. Vino de cocinero, pero se pasó toda la noche sentado junto al bar. Creo que, en el fondo, le pareció que Yoo le había hecho traición.
–No, no fue eso –dijo Sehun–; es que había perdido todos los dientes de delante probando una yegua nueva ¿no te acuerdas?, y por timidez no quería ni abrir la boca.
–¡Ah! ¿Fue eso? ¡Pobre Seungho! En general, se divierte disfrazándose.
–Yoora dice que le gusta mucho jugar a las charadas –dije yo– Me contó que juegan todas las Navidades.
–Ya lo sé –contestó Chanyeol– ¡Por eso no voy a pasar las Navidades con ella!
–¿Unos poquitos más de espárragos ¿Más patatas?
–No, gracias, Sehun; no tengo hambre.
–¡Los nervios! –dijo Chanyeol sacudiendo la cabeza–. No te importe. Mañana, a estas horas, ya se habrá acabado todo.
–Así lo espero –dijo Sehun, muy serio–. Iba a dar orden de que todos los coches estuvieran listos para las cinco de la mañana.
Empecé a reír como un tonto, mientras brotaban las lágrimas.
–¡Ay! –dije– Vamos a mandar telegramas a todos para que no vengan.
–¡Vamos! ¡Sé valiente! Afronta el peligro –dijo Chanyeol–. No tendremos que dar otro durante mucho tiempo. Sehun, me parece que deberíamos ir acercándonos a la casa, ¿no crees?
Sehun asintió, y yo los seguí de mala gana, dejando con disgusto el apretado y bastante incómodo comedorcillo, tan típico de la casa de soltero de Sehun, que aquel día me parecía encerrar la auténtica esencia de la paz y de la tranquilidad.
Cuando llegamos a casa nos encontramos con que ya estaba allí la orquesta, y los músicos aguardaban de pie en el hall, algo azorados e intranquilos, mientras Jongdae, más importante que nunca, les ofrecía algo de beber. Los músicos estaban invitados a pasar la noche, y cuando les hubimos dado la bienvenida, tras de cambiar algunas bromas alusivas a la ocasión, se marcharon hacia sus habitaciones, para luego ser conducidos a dar un paseo por la finca.
Se estiraba la tarde, como esa última hora antes de emprender un viaje, cuando ya todo está en las maletas, cerradas con llave, y yo empecé a vagar por las habitaciones, tan perdido como Kasper, que me seguía con expresión de reproche.
En nada podía ayudar, y lo mejor y más sensato hubiera sido marcharse a dar un buen paseo con el perro. Al fin, decidí hacerlo, pero ya era demasiado tarde. Chanyeol y Sehun estaban pidiendo el té, y cuando hubimos concluido de tomarlo llegaron Yoora y Seungho. La tarde se había acabado.
–¡Parece que fue ayer! –dijo Yoora, besando a Chanyeol y mirando alrededor–. Os felicito por haberos acordado de todos los detalles. Las flores son preciosas. ¿Las has colocado tú? –Preguntó, volviéndose hacia mí.
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Tras la sombra [Chanbaek]
FanfictionBaekhyun con un marido al que apenas conoce, el joven esposo llega a este inmenso predio para ser inexorablemente ahogado por la fantasmal presencia de la primera señora de Park la hermosa Ryujin, muerta pero nunca olvidada. Su habitación permanece...
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