XXI parte 1

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Entró Chanyeol en el cuartito y cerró la puerta. A los pocos minutos se presentó Luhan para recoger el servicio del té, y me volví para que no me viera la cara.
¿Cuánto tiempo pasaría hasta que empezara a correr la voz, hasta que llegara a la cocina, a Kerrith? ¿Cuándo se enteraría la gente?

Oí el murmullo de la voz de Chanyeol encerrado en el cuartito. Me atenazaba la angustia que siente quien espera a lo desconocido. El timbre del teléfono pareció despertarme todos los nervios, antes adormecidos. Había estado sentado en el suelo, frente a Chanyeol, su mano entre las mías, mi cabeza reclinada en su hombro, como si todo fuera un sueño. Míentras escuchaba su relato, parte de mi persona había cambiado tras él como una sombra.

También yo había matado a Ryujin y
hundido el yate y, junto a él, estuve esperando la llamada de la señora Hyeyoung.
Todo lo había compartido con él, todo y aun más. Pero la otra mitad de mi persona estuvo sentado todo el tiempo sobre la alfombra, indiferente y despegado, pensando en una sola cosa, que me repetía sin cesar a mí mismo: «No quería a Ryujin; Chanyeol no estaba enamorado de Ryujin...» Pero aquella llamada del teléfono había reunido mis dos mitades, y una vez más estaba allí todo entero, como antes, el mismo de siempre. Sin embargo, algo sentía que era nuevo; a pesar de la ansiedad y preocupación, me encontraba más ligero y descansado. Ya no le tenía miedo a Ryujin, ya no la odiaba. Al saber que había sido una mujer malvada, viciosa y podrida, se disipó mí odio, pues ningún daño podría hacerme ya. En lo sucesivo me sentaría ante el secreter, y tocaría la pluma y miraría aquellos casilleros, sin que nada me importase. Y si iba a su cuarto, y me sentaba a su ventana, como había hecho poco antes, no sentiría ya miedo alguno. Todo su poder sobre mí se había desvanecido como la niebla, y nunca más me atormentaría su recuerdo, ni me perseguiría al bajar la escalera, ni se sentaría a mí lado en el comedor, ni se asomaría al hall para espiarme.

Chanyeol no la había querido nunca, y
yo no la odiaba ya. Habían aparecído su cuerpo y su yate, de nombre curiosamente profético, Je reviens, pero yo me había librado de ella para siempre.
Quedaba yo libre para estar con Chanyeol, para tocarle y abrazarle y quererle.
Nunca más volvería a ser un chiquillo. Ya no sería «yo», «yo» todo el tiempo, sino «nosotros». Los dos juntos, él y yo, saldríamos al encuentro de cualquier amenaza.

Nadie nos podría separar ya. Ni Saint, ni el buzo, ni Sehun, ni la señora Hyeyoung, ni Yoora, ni la gente de Kerrith con sus periódicos... No era cierto que la felicidad nos hubiera llegado demasiado tarde. Yo no era ya un chiquillo tímido y miedoso.
Sabría luchar por Chanyeol, y mentiría y cometería los perjurios que fueran necesarios, y si era preciso imprecaría a los dioses y elevaría mis oraciones al mismo tiempo.

Ryujin no había ganado; Ryujin... ¡había perdido!

Se llevó Luhan el servicio del té y volvió Chanyeol.

–Era el coronel Zhan –me dijo–. Acaba de hablar con Saint. Vendrá mañana en
la gasolinera. Saint le ha contado lo ocurrido.

–¿El coronel Zhan? ¿Qué tiene que ver él con esto?

–Es el magistrado de Kerrith. Tiene que presenciarlo todo.

–¿Qué te dijo?

–Que si había formado ya alguna opinión acerca de la identidad del cadáver.

–¿Y tú?

–Le he dicho que no, que todos creíamos que Ryujin iba sola. Le he dicho que no sabíamos de ningún amigo...

–Y... ¿qué te respondió?

–Que si me parecía posible haber cometido un error cuando fui a Edgecombe.

Tras la sombra [Chanbaek]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora