CAPITULO 52.

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Michael.

Llevaba apenas unos días aquí, y recibir mínimo un golpe diario ya era más que normal, Ruggero y Fay venían a verme todos los días que eran posibles, el primer mencionado venía y me daba efectivo para pagar mi seguridad aquí, me mantenía al margen de todo lo que pasa afuera, mi despacho lo llevaba al cien por ciento, manteniéndome al margen de las decisiones que tomaba, pero en especial me mantenía informado de Valen, mi polluela, quien me tenía con el alma en un hilo por su salud, tan solo imaginarla en el hospital, enferma, conectada a suero, con anemia, y demás, me daba una opresión en el pecho, agradecí enormemente cuando me dijo que la orden de restricción para que su hermana se mantuviera lejos de mi novia estaba lista, había mentido un poco, diciendo que Valentina temía por su tranquilidad, y que Raquel la había amenazado, obviamente eso valía mierda, lo que me ayudó a obtenerla fue sobornar al del ministerio público, no era ético, si lo sabré yo, sin embargo, no me importaba, solo quería que mi ex esposa se mantuviera muy lejos de mi novia.

Fay venía y me traía comida, también las cartas de Valen, me decía que platicaba con ella, que iba a su casa en las mañanas que las chicas se iban, y que su madre parecía no tener problema, ya que cuando Fay estaba ahí, era los únicos momentos en que Valen hablaba un poco más, así que para tranquilidad de su madre, dejaba que Fátima la fuera a ver, aparte de que la ayudaba a estudiar, pues Valen ahorita estaba en clases en línea, por su seguridad dicen.

Daba vueltas y vueltas en la celda, esperando noticias de Ruggero, había ido al hospital donde estaba Valentina, tan solo pensar que ella podría estar peor de lo que me dijo, me pone la piel china, Raymundo, mi compañero de celda, me veía un poco extraño, tal vez era porque ya le había dado más vueltas a estas cuatro paredes que las veces que he ido al baño en mi vida.

— ¿Todo bien? ¿puedo ayudarte en algo, Michael?

— No Ray, lo que pasa es que mi novia está en el hospital y mi amigo no llega con noticias.— El asintió lentamente.

— Las malas noticias vuelan, Licenciado.— Sonreí a medias, mientras asentía.— ¿Es la chica que me platicaste por la que estás aquí?— Asentí. Me había tocado buen compañero de celda, Raymundo era un chico de 20 años solamente, fue condenado a 17 años de cárcel por matar a su padrastro intentando defender a su madre y a su pequeña hermana, vivían maltrato intrafamiliar, y un día simplemente peleó con él y un mal golpe terminó con la vida del esposo de su madre, tan solo unas semanas después de cumplir los 18 años, fue condenado.

— Es ella.

— Todo estará bien, ya los verás.

— Ronda, tiene visitas.— Me despedí de Raymundo y fui a la sala de visitas, ahí estaba Ruggero, se levantó y me saludó, tomamos asiento frente al otro.

— ¿Cómo está?— Dije preocupado.

— Ella está bien, de verdad, tan bien que ya ha preguntado cómo puede ayudarte.— Sonreímos.

— Está más que bien entonces.— Dije con un poco de ironía.— No quiero que haga nada Rugge, dile que no hay nada que hacer ya.

— Te quiere ayudar Mike.

— Lo sé, pero eso equivale a que declare, le hagan exámenes psicológicos, y eso le va a afectar.

— Bien, en eso si tienes razón, el doctor le ha mandado un poco de reposo debido a la anemia y bajas defensas.

— Bien, me pone feliz que esté bien.

— Lo que te voy a decir no creo que te ponga feliz.

— Habla.

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